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La pandemia, los animales y nosotros

  • Escrito por Justino Romano Martín
  • Publicado en OPINIÓN

La primera vez en mi vida que escuché la palabra PANDEMIA fue en la Facultad de Veterinaria en mis tiempos de estudiante. Un profesor de Patología Infecciosa nos explicó que cuando una Epidemia se producía a escala mundial se denominaba PANDEMIA. Era una palabra tan extraña que nunca pensé que fuera a estar en boca de todo el mundo. Con el transcurrir de los años comencé a considerarla más habitual, ya que en el mundo animal, desgraciadamente, se producen con mucha asiduidad.

Lo que el profesor no nos explicó fue que, según se produzcan en el ser humano o en los animales, la forma de tratarlas varía. En la Naturaleza, la Selección Natural, permite la supervivencia del más apto, no del más fuerte, o más bonito, sino del más adecuado para responder a las exigencias del momento. Esto ocurría con todos los seres vivos, incluido el ser humano.

Hoy esto ha cambiado. En un mundo humanizado, nosotros establecemos los criterios de Selección, y lógicamente al hacerlo, desviamos la historia de millones de años de evolución.

Aquellos seres, compañeros de viaje en la historia evolutiva, que eran todos los animales y plantas, dejaron de serlo, y pasaron a ser poco menos que sujetos dependientes de nuestros caprichos.

La falta de sensibilidad hacia ellos, cual amo con sus esclavos, nos ha llevado incluso a decidir que especie vive y cual no. Pero frente a esta soberbia, la Naturaleza nos ha colocado un espejo. Existen una partículas, que no seres vivos, denominados VIRUS, que también deciden quién vive y quién no y que llevan millones de años sobre la faz de la Tierra. Son un reto mayúsculo.

Cuando estas partículas encuentran condiciones óptimas para multiplicarse lo hacen muy eficientemente y no distinguen entre plantas, animales, o seres humanos; siendo algunos tan específicos que sólo lo hacen en tal o cual especie, y otros tan adaptativos, que saltan de unas especies a otras, con mucha facilidad si están separadas no hace mucho tiempo de su origen evolutivo.

Cuando esto ocurre, sobreviene la enfermedad y dependiendo de sus características, ésta será más o menos grave. Una vez establecida la infección, el ser humano toma las medidas oportunas para combatirla: antivirales y vacunación en el aspecto médico y aislamiento de enfermos, desinfección de locales, cierre de fronteras, inmovilización de explotaciones, etc. en el aspecto profiláctico.

A partir de aquí, es donde el ser humano no puede ocultar su falta de empatía con nuestros antiguos compañeros de viaje evolutivo. Cuando de una PANDEMIA animal se trata, la palabra SACRIFICIO corre de boca en boca, si de cortar el avance de la enfermedad se trata, entre los ganaderos e incluso entre los profesionales sanitarios. Si es una PANDEMIA vegetal, aquí ya, directamente mejor no hablamos.

El SACRIFICIO lleva décadas, incluso cientos de años, instaurado para acabar con el problema de las enfermedades animales. Sin ningún tipo de rubor o pudor las autoridades administrativas y los profesionales sanitarios planteamos ésta alternativa, incapaces de resolverla de otra manera, no por falta de conocimientos técnicos o científicos, sino por cuestiones de tipo económico.

Cientos, miles, millones de animales son sacrificados e incinerados, o enterrados en fosas sin más compasión que la de los propietarios, en ocasiones, o de los profesionales sanitarios, también en ocasiones, al más mínimo atisbo de enfermedad e incluso por prevención. Entre ellos muchos son animales sanos, a veces la mayoría.

La insensibilidad hacia estas masacres llega a tal punto, que los medios de comunicación transmiten las noticias en cifras sin más, o como mucho explicando los problemas que podrían acarrearle al ser humano tal o cual enfermedad y la mayoría de las veces ni en primera página.

Los beneficios económicos priman (qué coincidencia con la desescalada actual), pero no hay debate científico, no hay tratamiento para los enfermos, ni piedad para los sanos, eso sí, hay compensación económica para el propietario.

Por el momento, en “nuestras” PANDEMIAS, hemos excluido el SACRIFICIO como método de control de la enfermedad, pero dado que la escalada de la soberbia humana ha ido en aumento al compás de la evolución de su inteligencia y que la sustitución de la empatía por el valor económico, como vemos en el caso del coronavirus, ya puja por colarse en nuestra sociedad, si no lo ha hecho ya, no sería de extrañar que alguna mente privilegiada nos lo venda, en fechas más o menos próximas. ¡Puede que hasta consiga hacernos ver que es beneficioso!

Empatizar con nuestros compañeros evolutivos coetáneos, animales y plantas, no debería ser un acto altruista de unos pocos sensibles, sino algo aconsejable y grato que enseñar a nuestros hijos.