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Un día después de un 15M: Julio Anguita in memoriam

La izquierda española está de luto -a las declaraciones de la rueda de prensa al Presidente del Gobierno me remito-. Julio Anguita nació en Fuengirola (Málaga) en 1941. Sin embargo, su ciudad fue Córdoba, dónde fue alcalde entre 1979 a 1986. Un periodo del que aún se guarda con recuerdo cariñoso y respetuoso de la ciudadanía cordobesa.

Julio tomó conciencia social, y por consiguiente política, como consecuencia de su trabajo de maestro de escuela en la campiña cordobesa de los años sesenta. Su compromiso político comenzó vinculado al grupo que rodeaba al anarquista José Luis García Rúa, en el periodo que este residió en Córdoba.

Su afiliación al Partido Comunista de España se corresponde a lo que él llama, en sus memorias El tiempo y la memoria, como época romántica, tomando la expresión utilizada por el psiquiatra -y también militante comunista en la época- Castilla del Pino, para definir al final del franquismo para diferenciarla de la “época épica” de los lustros anteriores.

Julio fue en la candidatura de las primeras elecciones generales, era un desconocido militante de la lista encabezada por Ignacio Gallego, pero sus intervenciones fueron gustando y su fama de orador le fue abriendo la posibilidad de que su nombre fuese el que encabezase la lista para las elecciones municipales de 1979.

Es conocida la anécdota de un acto preelectoral del PCE en el Hotel Convención de Madrid para dar a conocer el programa comunista para las elecciones, en la mesa presidencial se sentó a los candidatos que se suponían obtendrían mejor resultados, entre ellos el alcaldable madrileño Ramón Tamames. Un dirigente cordobés dijo desde el fondo de la sala “¡Ahí falta el único que va a ser Alcalde, nuestro candidato por Córdoba!”, la mesa accedió -en palabras del propio Julio- “con sorna”. Pero la realidad fue que Córdoba se convirtió en la única capital de provincia donde el PCE obtuvo la alcaldía, en la persona de Julio Anguita. Una organización amplia, con redes en el sindicalismo y el movimiento vecinal, así como una alianza con el cristianismo de izquierdas convirtió al maestro escuela en el Califa Rojo, como se le empezó a conocer desde entonces.

El primer mandato de Anguita en la ciudad de la Mezquita fue en coalición dónde todas las fuerzas políticas presentes en el consistorio. Era un alcalde que se plantaba en los barrios de la ciudad, y como maestro que era explicaba los proyectos con una pizarra.

Era un Alcalde, en aquella España, que le dijo al obispo de la diócesis una frase que ha quedado para los anales a colación de unas declaraciones del clérigo sobre una decisión municipal: “Tómelo como una corrección de quien siendo su alcalde no está ni personal ni institucionalmente sujeto a la autoridad de su ilustrísima” frase que en la memoria de la ciudad ha quedado como “Yo soy su alcalde, pero usted no es mi obispo”, en lo que era una manifestación de la separación de la Iglesia y el Estado en aquella España aún en Transición, era el año 1981. La carta de Anguita terminaba recordando a la autoridad religiosa los refranes de las “varas de la camisa” y los “zapatos del zapatero”. No estuvo exento otro conflicto con el gobierno de España, con la Corona de por medio. Se inauguraba el nuevo edificio del Ayuntamiento y se invitó a los monarcas a que fuesen quien lo inaugurase. Ante las trabas que desde las altas instancias se puso, fueron un niño y una niña cordobeses quién lo inauguró. En aquella Córdoba se empezó a dar unas señas de identidad a la municipalidad cordobesa como es la participación ciudadana en la toma de decisiones en la ciudad, o el modelo de prestación de servicios a la ciudadanía desde lo público. De hecho bajo su mandato la empresa local de transportes, que era privada, fue municipalizada. Valga también recordar que en aquella Córdoba de los ochenta se llegó a tener una cabalgata de los Reyes Magos que eran encarnados por tres mujeres, cosa que ya en el siglo XXI fue polémica en la Villa y Corte.

En 1983, el PCE volvía a ganar las elecciones en Córdoba. De 27 escaños el PCE obtuvo 17 ediles. Aunque no fue una excepción en el apoyo electoral de los primeros alcaldes en las segundas elecciones; tal vez el contexto del PCE del momento lo convirtió en un referente nacional para los comunistas.

El PCE lanzaba en 1983 la llamada Política de Convergencia. En Andalucía el PCA concretó en 1984 dicha política en el llamamiento “Convocatoria por Andalucía”, dónde se trataba de converger toda la izquierda crítica con el devenir de los Gobiernos socialistas español y andaluz entorno a las propuestas programáticas. Julio Anguita era uno de los proponentes del proyecto de “Convocatoria por Andalucía”.

Eran los años de las movilizaciones contra la OTAN, la reconversión industrial, la reivindicación de la reforma agraria o la huelga general de 1985. Pero entremedias, con el referéndum de la OTAN, PCE terminaría articulando una coalición electoral llamada Izquierda Unida. Convocatoria por Andalucía, que originalmente era una cosa previa y distinta a Izquierda Unida, terminó siendo el brazo andaluz de la coalición. Anguita sería el candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía en las elecciones de 1986 y es en este punto en el que dimitió como alcalde Córdoba. Izquierda Unida, cuya candidatura provincial encabezaba Anguita, consiguió ser la fuerza política más votada en las elecciones en la provincia de Córdoba. Pero el destino tenía preparado para Anguita el paso a la política nacional.

Durante el XII Congreso del PCE, con Gerardo Iglesias en retirada, sectores del PCE presionaban a Julio Anguita para ser secretario general del Partido. Julio no consintió hasta que el secretario provincial del PCE, Ernesto Caballero, dio su consentimiento.

Julio Anguita fue el máximo dirigente del PCE entre 1988 y 1998 y, ello implicaba la máxima dirección de Izquierda Unida, responsabilidad que ocupó desde 1989 hasta 2000. Una de sus primeras apuestas fue reagrupar en las siglas históricas del comunismo, a los partidos que históricos dirigentes comunistas habían ido creando. El PCOE de Enrique Líster y el PCPE de Ignacio Gallego -este era también fundador de IU- volvieron mayoritariamente al PCE con sus fundadores a la cabeza. El caso de Unidad Comunista de Santiago Carrillo fue distinto.

El mandato de Julio Anguita al frente del comunismo español transcurre en plena crisis mundial del comunismo tras la implosión de la URSS. En este debate Julio fue opositor a la disolución inmediata del PCE; su opción fue la llamada “transmigración del alma del PCE a IU”. El debate en el XIII Congreso era la disolución inmediata del PCE, y la postura que venció en el Congreso fue su mantenimiento; eso sí un PCE volcado por completo en el desarrollo de Izquierda Unida. No obstante, el debate no acabó allí ya que se trasladó a Izquierda Unida en un debate polarizado en la primera mitad de los noventa entre la dirección anguitista de Izquierda Unida y la corriente de la Nueva Izquierda.

Sin embargo, su mandato orgánico estuvo marcado por el debate del Tratado de Maastricht (1992), el PCE y la mayoría de Izquierda Unida se oponían al tratado por su marcado sesgo ideológico neoliberal; Nueva Izquierda, junto a los sindicatos mayoritarios, apostaba por el llamado “Sí crítico”. La decisión oficial fue que Izquierda Unida se abstendría en el Congreso de los Diputados, pero cada vez la oposición al tratado era mayor. No en vano, se entendía que Maastricht suponía de hecho la imposibilidad de aplicar los derechos sociales reconocidos en la Constitución de 1978, en consecuencia, la ruptura del pacto constitucional. En 1996, durante su discurso en el acto central de la Fiesta del PCE en la Casa de Campo, Julio Anguita proclamaba formalmente, que dado que el pacto constitucional había sido roto, el PCE recuperaba como proyecto político la forma de estado republicana. Un discurso, que sin duda pasará a la historia, ya que en opinión de quien escribe marca el inicio de la tercera generación de republicanismo español.

El debate de Maastricht gestó también el concepto anguitista de las “dos orillas”; de un lado, -defendiendo el tratado- estaba PSOE, PP y los nacionalismos; del otro, Izquierda Unida. Este discurso marcaba unas relaciones de enfrentamiento con el PSOE de Felipe González -acusado por otro lado por la corrupción y los GAL-, y en dónde Anguita proponía como objetivo de Izquierda Unida en el sorpasso, esto es la superación al PSOE.

Fueron años intensos, que le pasaron factura en lo personal, en 1993 sufrió un primer infarto y en 1999 un segundo, que supuso su salida de la política nacional. En 2000 dejaba la coordinación de Izquierda Unida, retornaba entonces a Córdoba como militante de base a la organización y como docente al IES Blas Infante, dónde se jubilaría algún tiempo después con la pensión de un maestro. Pero el fin de su etapa de la política nacional institucional no supuso ni el fin de su militancia política ni como actor nacional en la izquierda. Al poco tiempo de retornar a Córdoba creó el Colectivo Prometeo, un grupo de debate y propuesta política con campos tan amplios como la crítica neoliberal a la construcción europea, la elaboración de una propuesta republicana para el S.XXI o propuesta de renovación de la izquierda transformadora en España.

La crisis económica de 2008 y las políticas de recortes iniciada en 2010, trajeron a la actualidad sus críticas a Maastricht casi veinte años antes. Aquel retorno de sus discursos de los noventa lo situó como uno de los referentes éticos del movimiento del 15M. A su vez él, el viejo maestro comunista, declaró sobre los indignados “son los nuestros”. Al calor de esta indignación, en un acto de presentación de su libro Combates de este tiempo (2012) lanzó la propuesta de organizar aquella indignación en lucha a través de lo que después se llamó Frente Cívico-Somos Mayoría. Iniciativa que está relacionada con las marchas por la dignidad (2014), y que influyó en la gestación de la propuesta política Podemos, que en paralelo se gestaba en esas mismas fechas.

Sin renunciar a su carné de comunista no ocultaba sus simpatías con la propuesta encabezada por Pablo Iglesias, famosas son las imágenes del abrazo en Córdoba en 2016 entre el exalcalde y el hoy vicepresidente del Gobierno en un mitin de Podemos pocos días después de formalizarse la alianza electoral entre Izquierda Unida y Podemos. Fue en aquella campaña electoral aquella de junio de 2016 dónde participó en su último mitin político en Córdoba.

Situado como un político ejemplar más allá de las ideologías; referente para la izquierda más allá de las siglas, si hubiese que establecer una enseñanza de su vida política es la apuesta por la confluencia programática.

Se ha producido el fin de su presencia física en este mundo, como queriendo simbolizar un mensaje, un día después de un 15M.

Profesor de Geografía e Historia.