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Vuelve el pobre a su pobreza y el rico a su riqueza

Efectivamente, hay que volver a hablar de la pandemia que nos ocupa estos últimos meses y que nos ha hecho reflexionar sobre aspectos esenciales de nuestra existencia. Y tenemos prisa por volver a la ‘normalidad’.

De pronto, la Humanidad (una parte) ha descubierto que no es inmortal, que algo que ni siquiera está vivo, como un virus, puede poner en peligro nuestro estilo de vida, nuestra economía e incluso hasta nuestras vidas. Y es que todos hemos sufrido pérdidas próximas y nos solidarizamos con los que están en primera línea de esta lucha. 

En el momento de escribir este artículo, en España hay alrededor de 210.000 casos y 23.600 fallecidos, y en el mundo más de tres millones de casos y más de 200.000 fallecidos.

Nadie había previsto que una pandemia como la que estamos padeciendo pudiera producirse de una manera tan inmediata y rápida. El World Economic Forum, en su Informe 2020 de los Riesgos Globales, describe los riesgos a los que nos enfrentamos en relación a su probabilidad y a su impacto, cinco en cada caso. Pues bien, la última vez que aparece una pandemia es en el año 2008 y no como probabilidad, sino como impacto.

Esta situación excepcional ha generado toda clase de debates sobre la fragilidad de nuestra civilización, sobre la necesidad de generar un tejido industrial que nos permita cubrir nuestras necesidades sin depender de unos mercados globales en los que los movimientos especulativos y las estafas de todo tipo han sido la tónica habitual.

En España, pero también en otros países, se ha cuestionado el modelo territorial y, sobre todo, la lealtad institucional y política. Aquí todo vale si se consigue derribar al Gobierno del presidente Sánchez. La oposición de derechas ha visto una ventana de oportunidad y ha actuado irresponsablemente desinformando y propagando bulos. Los nacionalismos periféricos no se han quedado atrás a la hora de defender sus pequeños espacios de pequeña política.

Creo que el gobierno, con Pedro Sánchez a la cabeza al frente y con un ministro de Sanidad como Salvador Illa, que transmite solvencia, está aplicando las virtudes cardinales en la gestión de la crisis: justicia, templanza, fortaleza y prudencia.

Pero el debate, en el mundo, tiene que ampliarse y tomar más trascendencia, mirando más allá del Covid-19.

Sin lugar a dudas, hay que fortalecer los organismos internacionales. La Unión Europea tiene que responder con más valentía y menos cicatería si no quiere que los populismos ultranacionalistas ganen más peso.

Hay que impedir que los especuladores y estafadores en los mercados globales se salgan con la suya. Los que trafican a costa del sufrimiento y la muerte de sus congéneres tienen que pagar por ello y recibir un castigo ejemplar.

Y una reflexión final. Según el informe 2019 de El estado de la seguridad alimentaria en el mundo, elaborado por diversas instituciones como la FAO o Unicef, hay más de 800 millones de personas que padecen hambre de los que 24.000 mueren cada día.

Según el Informe de la OMS de 2019, en el año 2018 hubo 228 millones de casos de malaria, que provocaron 405.000 fallecimientos.

Sólo pido que, cuando reflexionemos y nos pongamos a debatir sobre qué mundo queremos, pensemos también en esos casos aunque nos queden lejos y que no pase como en la canción de Serrat que, después de la fiesta de San Juan (aquí después de la tragedia):

“Y con la resaca a cuestas

Vuelve el pobre a su pobreza,

Vuelve el rico a su riqueza

Y el señor cura a sus misas.”

Miembro del Comité Federal del PSOE, delegado especial del Estado en el Consorcio de la Zona Franca de Barcelona y licenciado en Biología por la UAB. Fue alcalde de Terrassa entre 2002 y 2012, primer secretario del Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC)entre 2011 y 2014, diputado del Parlament de Catalunya y miembro de la Comisión Ejecutiva Federal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). A lo largo de su carrera profesional ha desarrollado distintos cargos de dirección como presidente del consorcio Localret y presidente del Fons Català de Cooperació al Desenvolupament. En 2013 la Fundación City Mayors lo incluyó en la lista de los mejores alcaldes del mundo.