Quantcast
ÚNETE

Hablad con nuestros Mayores

En estos días, estamos atrapados por la Pandemia provocada por el coronavirus, estamos confinados en casa, asustados, a ratos deprimidos, viviendo una circunstancia nueva, ajena a nuestras vidas cotidianas, y estamos intentando adaptarnos a ella.

Tras más de 40 días enclaustrados, aún no somos capaces de comprender lo que nos pasa, aún nuestros cerebros no rigen con normalidad, unos mejor que otros. En muchos casos, cuesta dormir bien, se come a veces compulsivamente, se tiene ratos de actividad extrema, con otros de parálisis y estado abúlico, sin que podamos entender muy bien porqué.

Cada vez es más usual en todas las familias, tener algún miembros implicado en la terrible enfermedad, un amigo, conocido o compañero, un fallecimiento, un tratamiento con más o menos éxito (quedan arrasados) sin saber con certeza si tendrán una plena recuperación. La tristeza a ratos nos inunda, las lágrimas aunque esquivas, finalmente nos desbordan. Nada es como lo conocemos y tenemos los nervios a flor de piel.

Y si todo esto es así para los miembros más activos de la sociedad, imaginad como tiene que ser para nuestros Mayores, muchos aislados en residencias, donde no se permiten visitas, otros en hospitales, igualmente alejados de su cotidianidad y familiares.

Están rodeados de personal sin caras, enfundados en máscaras y trajes que les confieren una imagen dantesca, que entran y salen, manejan sus cuerpos con rapidez, comentan entre ellos términos indescriptibles y salen, dejándoles sumidos nuevamente en la soledad de sus terrores, de sus dolencias, de sus miserias…

Que es lo único que podría aliviar sus pesares?. La palabra, el gesto de humanidad, tomar sus manos y relajarles diciendo que todo va a salir bien.

Sé que en el fragor de las prisas, la fatiga, el miedo propio, es pedir al personal sanitario y auxiliar un sobresfuerzo inmenso, pero lo estáis haciendo bien, muy bien y podréis.

Imaginad a esos pobres y enfermos Mayores, ¿de que servirá que sobrepasen su enfermedad, si quedan con unas secuelas insuperables? El confinamiento sigue, tendrán que pasar un nuevo aislamiento de al menos 14 días más para no contaminar, y no parece cercano el fin de todo este horror. Los y las más afortunados sobrevivirán, pues son fuertes como rocas, pero quedarán muy mermados, y seguirán solos. Desconocen cuándo podrán recuperar su vida normal, cuando podrán volver a ver y abrazar a sus hijos, nietos, biznietos…

Hablad con ellos, aliviar su soledad, sois el único resorte que tenemos las familias cerca de ellos. A nosotros nos queda el consuelo de las llamadas, en el mejor de los casos una conexión ocasional por Skype, si el centro dispone de esa tecnología.

Cuando todo vuelva a la normalidad, hoy inimaginable, sabremos quienes se recuperarán mejor, y serán sin duda, aquellos y aquellas que han sido mejor atendidos, los y las que fueron acariciados, aquellos que se les habló, que se les confortó, que se les permitió tener nexo entre la residencia, el hospital y sus familias.

La sociedad no puede abandonar a su suerte a los Mayores, aquellos a los y las que tanto debemos y amamos. Si decimos que nadie puede quedar atrás mañana, hoy debemos tener en cuenta sus necesidades afectivas también, pues aunque logremos recuperarlos, deberá ser, sin que queden espiritualmente y afectivamente rotos. Y os aseguro que muchos y muchas así se sienten.

Saldremos adelante, sin duda, pero debemos hacerlo en las mejores condiciones, y para eso no podemos relegar los afectos, la humanización de los cuidados. De los que hagamos bien hoy, recogeremos los frutos mañana. ¡Salud! Siempre salud.

Secretaria Memoria Histórica y Mayores. Agrupación Socialista Rivas Vaciamadrid.