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De jefes y de indios

Desde que comenzó la pandemia he estado en contacto de manera continua con grupos de personal sanitario en toda España. Hablando cada día, conociendo de primera mano las experiencias de enfermeras, auxiliares, médicos, celadores, trabajadoras de asistencia a domicilio…. Todos me han descrito, con pruebas, las dificultades que están teniendo para llevar a cabo su trabajo.

Desde que comenzamos denunciando la falta de material desde el primer momento, porque el material con el que contaban (Epis) no cumplía con los requisitos básicos para poder hacer su trabajo con la protección necesaria, hasta lo más reciente: los protocolos de actuación que no prevén que para el personal sanitario con síntomas leves durante 72 horas se realicen pruebas (en la Comunidad de Madrid por ejemplo) o se les permita marcharse a casa.

He observado, cada día, que muchas de las decisiones que se estaban tomando por mandos intermedios de la administración no eran conocidas por sus superiores, por los máximos responsables políticos. Lo he comprobado yo misma: un desconocimiento absoluto, una falta de comunicación, y posiblemente también una falta de confianza, puede ser.

Los que tienen la máxima responsabilidad, en muchos casos, no sabían nada sobre la realidad de lo que estaba sucediendo en centros de salud, en hospitales. Lo he podido constatar: en algunos casos un mensaje directo de una trabajadora anónima a algún responsable político facilitado por algún intermediario ha servido para tomar medidas de forma urgente.

No se debe generalizar. Estamos en una situación de absoluto caos, y hay que asumir que toca ayudar en todo lo posible. Pero no por ello hay que dejar de señalar algunos posibles puntos donde se produce un nudo, una pérdida de la información. Y suelen ser personas intermedias, esos “cargos” que en algún momento se han dado más bien por cuestiones y criterios políticos que por profesionalidad o conocimiento del sector.

Esos “alfiles” que establecen de manera absurda un cordón “sanitario” para que a sus jefes no les lleguen “alertas”, por “no molestar” o por querer mantener sus puestos, no sé bien por qué. Pero el caso es que me consta que en alguna región que conozco bien, alguna persona responsable de mandos intermedios está siendo precisamente la que bloquea que la información llegue del personal sanitario a los dirigentes. Es la que quita hierro a las quejas, la que se pasa el día diciendo que los sanitarios que protestan en realidad lo hacen por interés político, como si fueran “concejales o simpatizantes” de otros partidos “infiltrados”. Una absoluta barbaridad. Pero el caso es que están bloqueando el traslado de información urgente y necesaria para que quienes tienen que tomar medidas lo hagan de manera eficaz y basada en necesidades reales.

Una administración plagada de cargos que responden más a criterios de “confianza” basados en cuestiones de política, de politiqueo más bien, de partidos, en lugar de haber elegido a los más válidos y más aptos. Y en estos momentos es cuando se ve la absoluta inoperancia de quienes, más preocupados por pretender quedar bien (mal entendido, por cierto) con los de “arriba”, silencian y menosprecian a los “de abajo”. A los que curran.

Los sindicatos deberían suplir estas cuestiones, pero desgraciadamente en muchos casos han caído en la misma manera de funcionar: liberados que olvidaron lo que es la realidad de su trabajo, tras años dedicados a los despachos y a las reuniones, perdiendo el mano a mano con sus compañeros. No en todos los casos, por supuesto que no. Pero desgraciadamente en muchos: el sindicalista que vive mejor haciendo labores de supuesta representación que yendo a trabajar donde estaba hace años. Y por eso, al final, hacen más por perpetuarse en sus peleas internas de sindicato que en representar realmente los intereses de sus compañeros. Y callan, tergiversan, silencian y mueven el ascua a una sardina interesada.

Lo estoy viendo y lo constato cada día. En una situación como la que estamos viviendo todo esto aflora de manera mucho más evidente. La cantidad de estómagos agradecidos que son capaces de poner en riesgo la salud y la vida de sus compañeros, minimizando sus quejas y protegiendo el lomo de los de arriba para tratar así de perpetuarse.

Otro tipo de pandemia que tiene mucho que ver con los enormes fallos que estamos sufriendo, al final, la sociedad en su conjunto.

Licenciada en Derecho, Periodista y Analista política.