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Argentina en la memoria y en el corazón

Confinados en nuestras casas o luchando contra el virus no podemos olvidar que en otro marzo espantoso la Argentina entró en su hora más oscura. Allá, en marzo de 1976, cuando nuestro país comenzaba lentamente, muy lentamente, pero comenzaba, al fin y al cabo, a recuperar su aliento, sus libertades robadas y machacadas, un país hermano, tan cercano a nuestro propio devenir, era golpeado, nunca mejor dicho, por uno de los peores regímenes, tan espantoso como el que unos años antes fue impuesto en Chile.

No podía dejar de recordar a aquel niño y luego adolescente que, entre las noticias y sobresaltos de nuestra Transición, nunca dejó de tener presente lo que pasaba en Argentina y en Chile, ávido de noticias, y tan impresionado con los desaparecidos, con los viajes de los aviones sobre el Océano, los niños robados, pero, también intensamente emocionado por la lucha de aquellas madres y abuelas de la Plaza de Mayo.

No quería dejar pasar esta semana sin recordar a los argentinos y argentinas, y también a los españoles y españolas que perdieron la vida, que padecieron torturas, que perdieron a sus hijos y nietos, y a aquellas mujeres valientes, aquellas señoras con sus pañuelos y su determinación por saber la verdad y por recuperar a sus hijos y nietos, por no dejar ni un solo día de luchar e impedir que el olvido se adueñara de todo.

También recuerdo la lección que Argentina nos ha dado a la hora de perseguir a los genocidas, a los asesinos, a los que querían “salvar la patria” matando y secuestrando.

Memoria somos, y en lo que somos muchos españoles y españolas está aquello que pasó allende el Océano Atlántico.

Hoy, aunque sea en un instante en la vorágine que vivimos, Argentina en la memoria y en el corazón.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.