LA ZURDA

El azahar y la Corona

Sueño. Salgo a la calle, me invade un intenso olor de azahar de la calle desierta. Vivo en una de esas calles de un pueblo andaluz que conserva la incomodidad de los árboles con los troncos pintados de cal blanca para protegerlos de las epidemias, una calle de casas de tejas hechas en los años 50 para los obreros. Las sombras blancas de los naranjos me sorprenden en marzo, en este mes extraño en el que salir de casa es un acto excepcional y peligroso. Una ráfaga de aire me llega al rostro y valoro si podría ser por aquí por donde se extiende el virus. En la televisión la pandemia por el coronavirus es la única noticia que nos preocupa. El ritmo de esta sociedad se ha parado y el confinamiento al que tenemos que someternos me hace pensar en que la realidad supera siempre, la ficción. Esa noche estuvimos viendo La trinchera infinita y la sensación de que todo puede cambiar de un día para otro como en aquellos días de miseria humana, se acercan mucho a esta sensación de no poder dominar los objetivos a los que cada día enfocas tu vida.

Una conciencia colectiva nos hace salir a la calle, todos organizados con cacerolas para protestar contra una corona, la real…que ironía, que está obsoleta y caduca y que la conciencia de esta realidad se ha hecho más fuerte que los papeles que nos dejó aquella Dictadura terrible. Alguien manda un audio con cacerolas grabadas para que podamos ser más los que protestamos en este gran escenario que hemos hecho de pronto, nuestro y colectivo. Las dos coronas, tienen que caer, la del virus y la de la corona corrupta. De pronto, de este encierro surge una fuerza que nos hace pensar que podemos cambiarlo todo.

Recuerdo muchas veces el verano que volvíamos de Cataluña cuando lo del referéndum por la independencia, las banderas en los balcones y las furgonetas que mataron a los turistas por la calle de las flores de Barcelona, muchas veces pensé que los integristas islámicos, dos niños de barriadas pobres de un pueblo catalán, habían actuado por la Unidad de España. Todos unidos por un mal externo que nos amenazaba. El integrismo es otra pandemia incontrolable, y esta vez hizo que la división entre Cataluña y España fuera ya totalmente real. Los mossos acusaban en las cadenas catalanas a la policía nacional de guardarse información sobre los perpetradores que previamente estaban siguiendo. En la televisión española tachaban a los mossos de no colaborar con ellos.

Pues ese recuerdo cuando volvíamos de Cataluña a Andalucía en la furgoneta roja de Pablo, me ha seguido muchas veces, ese momento en el que comprendes muchas cosas, cuando al salir de la frontera catalana en la que las emisoras emitían las noticias en su lengua se perdió la conexión y tras unos minutos en los que se nos fue la frecuencia de radio, volvió de nuevo con la voz de una mujer hablando de la Virgen y sus milagros, era la emisora de radio María que era la única que podíamos sintonizar en aquel tramo del viaje. Y realmente tomé conciencia de esas dos fronteras. De esa España pastueña que decía en el documental de Carlos Cano uno de los protagonistas, refiriéndose a Andalucía.

Los amigos catalanes tenían claro su objetivo, porque consideraban justo salir de las miserias de esta historia que se había perpetuado por los intereses de unos cuantos y era mucho más real que cualquiera de los acontecimientos que les sucedían diariamente. Esa lucha hacía que se unieran los de derechas con los de izquierdas, y como andaluza les recordaba que salir de la monarquía como paradigma de la sociedad que habíamos heredado del siniestro franquismo era una lucha de todos, no solo de ellos, que tenían que ser generosos en esto, por lo menos los que eran verdaderamente republicanos de izquierdas.

Pensaban que la conciencia de los andaluces estaba muy lejos de esa república con la que ellos soñaban, el atraso era abismal. Yo sé que no era así, y hoy con estas caceroladas lo sostengo, aunque es verdad, que aquí ha habido siempre más miseria porque hemos sido más pobres, y hemos tenido que aguantar más con la impotencia del que no puede hacer nada y prefiere disfrutar de lo poco que tiene. Las ideas son bombas de acción que hay que medir, creo que la mesura y la decisión firme por el convencimiento de lo justo, es una herramienta poderosa y magnífica.

El poder de los wasap por el móvil ha hecho que miles de personas puedan reunirse en el aire recorriendo los pueblos y las plazas. Ese sentimiento de poder expresar colectivamente algo que necesita conciencia del ser, es nuevo para mí en este país, y en esta Andalucía nuestra, es para mí una alegría entre tanta desidia. Este impulso no puede fracasar y que nos intenten contentar como hicieron en el 28 de febrero con unos políticos que vendieron de nuevo humo al pueblo. Esta lucha no es por la corona en sí, ni por el virus sólo, ese, nos está ayudando con esta parada hacia dentro de las casas, hacia dentro de nosotros mismos; sino por toda esta miseria que nos ha hecho tragar con ruedas de molino y que ha hecho que el mundo se rija por la avaricia de las compañías petrolíferas, el consumismo desmedido, la pérdida de valores en los que el ser humano y la vida no prevalecen.

Este azahar que se adelanta es sin duda la conciencia que grita desde lo más profundo de nuestra conciencia de ser humano, y aquí, además, de ser andaluz.

Doctora en Bellas Artes. Especialidades de pintura y escultura en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla. En 2003 publica con la editorial Archiviana, el libro desarrollado a partir de su tesis: El pensamiento artístico, ciencia y religión en al-Ándalus.

Es profesora de Educación Secundaria destinada actualmente en el IES Néstor Almendros de Tomares.

Ha realizado numerosas exposiciones colectivas e individuales y ha sido seleccionada en varios certámenes de pintura, acuarela y escultura.

Entre las exposiciones colectivas destacan la celebrada con el Colectivo Surcos de poesía, titulada A la Deriva, inspirada en el tema de la inmigración y el Estrecho, celebrada en la Sala del Ayuntamiento de Coria del Río; en 2017 Invisibilizadas, celebrada en la sala Antiquarium de Sevilla y centrada plásticamente en todas aquellas causas y personas invisibilizadas por la sociedad apolínea de la ciudad de Sevilla; en 2018 la titulada, Mujer y Trabajo sobre los problemas que derivan de los conflictos de género en el trabajo; en 2019 Maculadas sin remedio, sobre la mujer y la permanencia de los estereotipos con el tema recurrente de la Virgen Inmaculada de Murillo y su celebración.

Destaca el premio de escultura a la Memoria de los represaliados por la dictadura de Franco, convocado por el ayuntamiento de Coria del Río.

Dibuja las ilustraciones del libro sobre Miguel Hernández La luz que no cesa, realizado el Colectivo Surcos y la Universidad de Sevilla.

Presenta junto con Pablo Coca, el videoarte Diálogos con una calavera, sobre el tema de Memoria Histórica, en la Casa de las Sirenas de Sevilla.

En 2019 publica con la editorial Aconcagua el libro novelado y documentado en archivos históricos, titulado Exiliado piel adentro. Historia de un médico republicano.