LA ZURDA

El coronavirus y la responsabilidad

Estos días de crisis y reclusión están sacando lo mejor de cada uno, y, en pequeñas porciones, también lo peor de otros.  

Entre los segundos ejemplos, que son, afortunadamente pocos, podemos encontrar a aquellos que salieron de su lugar de residencia habitual para irse, por ejemplo, a su segunda vivienda en la playa, con el riesgo de expandir el virus, o aquellas personas insolidarias que deciden salir a la calle cuando todo el mundo se queda en casa, al principio quizá por desconocimiento o porque no se creían la situación, ahora, porque piensan solo en ellos mismos utilizando por cierto, a veces argumentos que traten de justificar lo injustificable, como teorías de la conspiración o planteamientos de que si uno está bien todo está bien, porque parece que todo empieza y termina en la propia realidad. La presión social y también las sanciones externas deben estar ahí para controlar y eliminar estos comportamientos incívicos e insolidarios.  

Son, sin embargo y afortunadamente infinitamente muchas más las muestras de responsabilidad y solidaridad, como los aplausos y homenajes a los profesionales sanitarios y otros profesionales que están respondiendo a esta situación crítica y atípica, o los videos de humor o las iniciativas para ofrecer y proponer actividades (conciertos, bibliotecas, libros, visitas virtuales y un largo etcétera) o las guías para darnos consejos en estas situaciones, como la del Colegio oficial de la Psicología de Madrid o el cuento del mismo Colegio para explicar a los niños y niñas el virus, o iniciativas para hacerle la compra al que no puede o apoyarle llamándole.  

La solidaridad activa un mecanismo básico de respuesta como es el apoyo mutuo, un espacio para encontrarnos con otros y otras claves para afrontar dificultades y que es especialmente saludable. Si se tiene poco apoyo social o las relaciones que uno tiene no son satisfactorias, la salud física y mental se deteriora porque la salud, como sabemos desde hace mucho tiempo y plasmó la Organización Mundial de las Salud, es una relación entre lo físico, lo social y lo psicológico, en una especie de triángulo equilátero en la que los tres elementos son necesarios y a los tres hay que cuidarlos por igual, interaccionando y completándose mutuamente. Cuidar el cuerpo, la mente y las relaciones supone, por tanto, cuidar nuestra salud y mejorar nuestra calidad de vida.  

Por eso hay que seguir incentivando y pidiendo solidaridad y canalizándola para que, a partir de, por ejemplo, actos espontáneos y concretos estos puedan generalizarse, organizarse y estructurarse dando respuestas creativas a situaciones complejas como esta que vivimos, evitando a que el obligatorio aislamiento físico se sume el aislamiento emocional y social que deterioraría la salud y el bienestar de todos y cada uno de nosotros  

La solidaridad es un principio fundamental en nuestras sociedades y debemos tratar de reforzarla incrementarla y organizarla para que respuestas puntuales puedan convertirse en respuestas a largo plazo como hacen las organizaciones no gubernamentales sin cuya ayuda y estructura muchas cosas en nuestras sociedades irían infinitamente peor.        

Doctor en psicología, presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras, vocal del colegio oficial de psicólogos de Madrid en intervención social y emergencias. Trabaja en la actualidad en el Ayuntamiento de Getafe en el área de salud, consumo y adicciones, con más de 15 años de experiencia docente en diferentes universidades y con varios libros y artículos.