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Transición y policía hoy

En el año 1980, los que participábamos en el movimiento progresista sindical de la policía, USP (Unión Sindical de Policías) sufrimos expedientes y traslados forzosos como consecuencia de nuestra actividad, que podríamos resumir en poner en cuestión los métodos y formas de la policía surgida del régimen franquista. Pedimos manifestarnos como organización para visualizar la situación de “pressing” político que estábamos sufriendo. Rosón nos lo prohibió y recurrimos ante la Audiencia Provincial con dos argumentos potentes, por un lado, que los policías podíamos votar a pesar de estar prohibida la presencia de armas en los colegios electorales y que cuando nos realizaban una operación tampoco era muy lógico entrar con pistola en un quirófano. Con estos poderosos argumentos y con la Ley de Protección de los derechos fundamentales la Audiencia Provincial dictaminó que los policías teníamos derecho a manifestación. A partir de ese día hemos quedado innumerables ocasiones en el “Brillante” cuando las manifestaciones salen de Atocha, o en el “Comercial” si lo eran de la Glorieta de Bilbao, y por muy diferentes motivos, siempre en defensa de los derechos de los trabajadores.

Nunca me pude imaginar que la consecución de ese derecho iba a dar como consecuencia que un tal Alejandro León, representante de un sindicato también inimaginable en mis tiempos, llamado JUPOL, se paseara en términos ultraderechistas delante del Congreso de los Diputados, haciendo alardes en “YouTube “con preguntas y respuestas a policías enmascarados al modo de Joker.

Recuerdo que unos días después de la resolución de la Audiencia del año 80, Carlos San Juan, diputado socialista, nos reunió en el Paular, para analizar lo que se podía hacer en el caso de que el partido llegara al Gobierno. Defendimos la fusión del Cuerpo Superior de Policía y la Policía Nacional, para que la policía estuviera al mando de funcionarios civiles, desmilitarizar el cuerpo lo llamábamos. Y así se hizo poco a poco hasta llegar el año 86 con la aprobación de una Ley Orgánica, que rige hasta nuestros días.

Ahora se podría hacer un Paular II (ya no clandestino) y reunir allí a los responsables de Interior para analizar el avance reaccionario de la policía en estos años y la necesidad de reformular una nueva Ley. Y de paso no estaría de más preguntarse cómo es posible que un vigilante de seguridad, quiera identificar a un acompañante de un ministro, estoy pensando en el ministro Ábalos, y marcharse, así sin más, con un sueldo escaso, a hacer una declaración jurada ante notario, mucho interés hay que tener para gastarte el sueldo en esos menesteres.

Aznar nombró a Cotino (ahora se sabe lo del Papa) para dirigir la policía. Mandó hacer un altar en la Escuela de Policía, y reducir los estudios constitucionales. Si en la época de Rosón paramos los expedientes, con Aznar me “metieron” diez días de empleo y sueldo (tuve que recurrir a los tribunales y me exoneraron) justamente por defender los derechos fundamentales de los detenidos. Cotino tuvo que dar cuenta en el Congreso a una pregunta de la diputada socialista Enedina Álvarez sobre la sanción y mi posterior traslado, ningún problema, él estaba a lo suyo.

Me ofrezco a Santos Cerdán, recientemente nombrado presidente de La Fundación Pablo Iglesias, y proponer un merecido homenaje a Manuel Ballbe, recientemente fallecido y experto en cuestiones de seguridad pública, con un seminario que bien se podría llamar “Transición y Policía Hoy”.

Miembro de Arco Europeo Progresista, y del Colectivo Rousseau, Premio Jean Jaures en defensa del laicismo, premio Arturo Pajuelo a la labor cívica y social, escribe en la revista Entreletras, y los periódicos BEZ, Aquíenlasierra y huffington post. Ha sido miembro del Comite Regional del PSOE en Madrid.