LA ZURDA

Atocha

Hoy, con intensa emoción recordamos a Enrique Valdelvira Ibáñez, Luis Javier Benavides Orgaz , Francisco Javier Sauquillo,  Serafín Holgado, Ángel Rodríguez Leal, y a Miguel Sarabia Gil, Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, Luis Ramos Pardo y Lola González Ruiz, como recordamos a los miles de españoles y españolas, que con el dolor contenido, demostraron en el sepelio por las calles de Madrid la grandeza infinita de un pueblo harto de sangre, de odio, de mentiras, de venganzas, de cainismos, harto de quienes sembrando terror pretendían volver a la oscura caverna de tantos años de dictadura.

En estos tiempos de blanqueamiento del franquismo, de populismo de extrema derecha, de incitación al odio contra tantos colectivos (mujeres, gays, lesbianas, transexuales, inmigrantes…), la memoria de aquellos días de enero, de un enero gris, feo, duro, terrible, pero también de esperanza por el camino que la mayoría de españoles y españolas querían emprender vuelve a inspirarnos en el trabajo en el que tantos y tantas se empeñan para construir un país de libertades, donde las desigualdades sin mitiguen, y donde impere la fraternidad, ese valor tan menospreciado, cuando no vilipendiado. Somos memoria porque sin ella no sabemos quiénes somos, quiénes nos inspiran, y de dónde venimos.

Somos memoria porque sin ella no podemos vivir en el presente ni podemos construir proyectos de futuro.

Poco más, hoy agradecidos por el trabajo de aquellos abogados, abogadas, administrativos y estudiantes que, en esa céntrica calle de un Madrid intenso, en el número 55 de Atocha, dejaron su vida o fueron horriblemente heridos, queremos recordarles porque nos importa el presente, y mucho más el futuro de este país.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.