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No nos pasan las mismas cosas

Ayer mismo detuvieron a un grupo de hombres jóvenes, doce varones, que se organizaban para robarle la cartera, el móvil y cualquier otro objeto de valor a quien se cruzara con ellos en las inmediaciones del Distrito Centro de Madrid.

Cada vez que las mujeres denunciamos que las calles no son nuestras, decenas de hombres responden que suyas tampoco. Que ellos también temen que les roben, que también temen que les pongan una navaja en el cuello o que les acorralen para pedirles la cartera.

La banda criminal detenida nos sirve para ejemplificar que a nosotras no solo nos da miedo que nos roben.

Si estuviésemos seguras de que lo único que quieren de nosotras cuando nos persiguen por las noches es la certera, no empuñaríamos las llaves, ni nos intercambiaríamos Whatsapps para saber que hemos llegado a casa.

No tenemos los mismos miedos porque no nos acechan las mismas violencias. De las decenas de denuncias que ha recibido la Policía por este grupo de varones, hay diferencias significativas entre las amenazas y las coacciones que sufrieron sus víctimas en tanto si eran hombres o mujeres.

La violencia que ejercen hasta cinco hombres al rodear a un hombre y demandarle que entregue sus objetos de valor es suficiente para denunciar un robo con intimidación. A las mujeres se les añade el agravante del miedo a ser violadas, el miedo a que con entregar el móvil no sea suficenite para que la pesadilla cese.

Al hombre le cojen del cuello contra la pared para intimidarle, mientras que a la mujer la acosan sexualmente y sufre tocamientos y vejaciones mientras sufre el robo.

La Jefatura Superior de Policía ha indicado que incluso los delicuentes demandaban a las mujeres víctimas del robo mantener relaciones sexuales con todos ellos.

La mayoría de las víctimas de violencia son hombres, pero no nos acechan las mismas violencias a los hombres que a las mujeres.

Cuando volvemos solas a casa, no nos pasan las mismas cosas.

El feminismo tras el #metoo es el feminismo que denuncia, qie grita y que pregona, porque tenemos que contar lo que nos pasa, tenemos que contar lo que nos hacen.

Cuando se agrede a una mujer se agrava porque el objeto del delito es la propia mujer y el menoscabo de su dignidad inherente como persona. No sólo el objeto del delito es el bien material a sustraer.Las violencias que sufrimos las mujeres son sistemáticas, no sólo la violencia que sufrimos a manos de parejas y exparejas, sino también en el trabajo, en reuniones sociales o en nuestras calles, violencias que se producen por el mero hecho de ser mujeres y que coartan la libertad y la plena garantía de los derechos fundamentales consagrados en la Constitución.

Politóloga por la Universidad Complutense de Madrid.