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La soledad no deseada: un mal de nuestro tiempo al que hay que poner remedio

Hay diferentes tipos de soledad, la soledad no deseada, la soledad objetiva (pocas relaciones- aislamiento) y la soledad subjetiva (sentirse solo aunque se esté rodeado de gente) para empezar a diferenciar  

Hay más soledad hoy, más personas se sienten solas y a los que esta soledad les afecta situándoles en una situación de mayor fragilidad y vulnerabilidad. Hay más soledad o mas sentimientos de soledad pese a que la gente este rodeada de otra gente porque vivimos en el tiempo del miedo como diría Galeano, el siglo del miedoceno, un miedo que nos hace más individualistas e insolidarios que busca dividirnos para que sea más fácil que aceptemos lo inaceptable, un tiempo en el que domina el sálvese quien pueda y la insolidaridad y nos fijamos mucho más en lo que nos separa y diferencia que en lo que nos une, un mundo pensado así para facilitar recortes y una agenda neoliberal radical reformada, un mundo que marca una interpretación o marco de lenguaje dominante en el que el miedo y la soledad son dos elementos clave.  

Se trata de  destruir lo colectivo, los espacios colectivos, lo que nos debería preocupar a todos, la política en el sentido amplio de la palabra que le daban los griegos, lo común, los asuntos de la ciudad, de la ciudadanía para sustituirlo por el individuo supuestamente todo poderoso que puede responder solo a todo aparentemente.  

Pero los individuos aislados, compitiendo y preocupados solo de si mismos no pueden responder y lo hacen además con miedo, atacando o huyendo, centrándose en uno mismo y, en no pocas ocasiones, cayendo en la exclusión y el aislamiento, porque en esta nueva época muchas personas no son ya necesarias, no hay que explotarlas, podemos excluirlas sencillamente, son excedentes del sistema.  

Pues bien, la soledad y la falta de apoyo social se revela como el factor que más explica la fragilidad en, por ejemplo, las personas mayores, el que más explica la calidad de vida y las posibilidades de vivir no solo mas sino mejor y por eso es el factor clave sobre el que intervenir y que atajar, por ejemplo con el desarrollo, como se está haciendo en otros países de Europa (véase Inglaterra o Francia) de estrategias y planes de acción que recuperen lo colectivo y las redes de apoyo, la buena vecindad, los apoyos mutuos, la solidaridad, la ciudadanía en suma, una respuesta que debe partir para empezar del conocimiento de la realidad tanto de los perfiles como de las situaciones que llevan a la soledad no deseada (una enfermedad física o mental, el duelo, la jubilación, etc.); después de conocer la realidad habría que plantearse la detección precoz y el cambio de mentalidad sustituyendo individualismo por solidaridad, egoísmo por apoyo mutuo, aislamiento por encuentro con el otro para, en la misma dirección, poner en marcha programas integrales que desde la detección temprana y el cambio de mentalidad desarrollen intervenciones concretas para reconstruir espacios colectivos de respuesta tan necesarios hoy especialmente con las personas más mayores.  

En esto estamos, por ejemplo, desde la red de organizaciones de lucha contra la soledad no deseada en coordinación y mutua influencia con investigadores por ejemplo en fragilidad y con instituciones como el Imserso o municipios decididas a dar respuesta a este nuevo reto algo tan urgente como necesario.


Esperamos sumar más organizaciones y más personas y sensibilizar para que la respuesta sea un cambio de paradigma hacia la solidaridad y el apoyo mutuo o el desarrollo de una nueva ciudadanía constructora de espacios de acompañamiento y encuentro común.

Doctor en psicología, presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras, vocal del colegio oficial de psicólogos de Madrid en intervención social y emergencias. Trabaja en la actualidad en el Ayuntamiento de Getafe en el área de salud, consumo y adicciones, con más de 15 años de experiencia docente en diferentes universidades y con varios libros y artículos.