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La emergencia social en Madrid: un tema baladí

Mientras no se formaba gobierno, se convocaban elecciones, y ahora enzarzados en el asunto del juicio en Cataluña, entre la falta de voluntad política para arreglarlo y el fundamentalismo de los dos nacionalismos, el catalán y el españolista, aparecen noticias que pasan muy desapercibidas porque, por ejemplo, afectan a refugiados extranjeros, que no tienen mejor cosa que hacer que venirse aquí, con lo entretenidos que estamos. En estos días hemos conocido gracias a una noticia en el diario El País que los servicios de emergencia social de Madrid están colapsados, y muchos refugiados y demandantes de asilo duermen en la calle, niños incluidos, situación que se agrava ahora porque el tiempo atmosférico en la capital está cambiando con noches frías, frente a la sede del Samur Social en el centro, en la calle de San Francisco, en un barrio de ese Madrid de los Austrias tan bonito.

Al parecer, no hay plazas. El Samur Social no se encarga de dar albergue a los refugiados, sino de ofrecer un alojamiento temporal de emergencia. Pero los refugiados acuden porque no les queda otra alternativa ante el colapso de nuestras Administraciones, porque están desesperados, como haríamos usted y yo en una circunstancia semejante. La plantilla del Samur Social ya ha denunciado la falta de recursos, y hasta cincuenta de sus trabajadores durmieron en la calle el pasado 1 de julio para denunciar que se dejaba a familias con niños en la calle, es decir, esto no es de hoy mismo.

Por lo que nos cuenta el artículo en este año ha aumentado considerablemente el número de solicitantes de asilo en la Comunidad de Madrid, y la ciudad no tiene plazas, a pesar de que el alcalde ha asegurado que los recursos municipales están a disposición de los refugiados.

Se nos informa, además, de que los responsables del Ayuntamiento y de la Comunidad se reunirán con los de la Administración del Estado (Ministerio del Interior y de Trabajo) para solucionar lo que es una verdadera crisis.

Queremos denunciar la falta de previsión, la falta de coordinación, la falta de sensibilidad, la falta de asignación de recursos para evitar esto o paliarlo inmediatamente. Nunca seremos un país civilizado mientras permitamos que personas duerman en nuestras calles, vengan de donde vengan, y tengan la situación administrativa que tengan.

Se trata de prioridades, de hacer política en un sentido u otro, de anteponer las personas a otros intereses u objetivos, de sacar el dinero, porque lo hay siempre, para atender las emergencias, o de proyectar esos recursos para anteponerse a las mismas. Aunque todas las Administraciones tengan su responsabilidad en este asunto, creemos que el cambio político en la capital no es, precisamente, favorable hacia las personas que vienen huyendo de horrores, penurias y dificultades, y que llegan a este país, a esta ciudad tan brillante, tan sofisticada, llena de bares, hoteles, museos, turistas, en ebullición, pero que de noche, entre las luces de tanto esplendor permite que personas duerman en colchones en la acera, tapadas con mantas proporcionadas por vecinos, es decir, un asunto que no parece interesar mucho a responsables políticos de esta ciudad y de esta Comunidad, entre la xenofobia de unos y el desinterés de otros.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.