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La desinformación ya no solo manipula: también aprovecha la confianza en empresas o instituciones para intentar estafarnos


  • Escrito por Leticia Rodríguez Fernández y dos más
  • Publicado en Actualidad
(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)
 Pixelplus8/Shutterstock Pixelplus8/Shutterstock

Recibe un mensaje que le informa de que debe recoger un paquete de una compra que nunca ha realizado. Un contacto le reenvía por WhatsApp una supuesta promoción de una marca muy conocida que le pide sus datos personales como base para participar. Mientras navega por internet, aparece un vídeo, de mala calidad, donde el presidente de una gran compañía recomienda una inversión que le proporcionará beneficios extraordinarios. Estas situaciones, tan distintas, forman parte de nuestro día a día y tienen un elemento base en común: utilizan la confianza que depositamos en empresas e instituciones para intentar engañarnos.

La mayoría de las personas asocia la desinformación con elecciones, salud o seguridad ciudadana. Sin embargo, las empresas e instituciones también son objeto de este tipo de campañas, que pueden además enmascarar algún tipo de ciberdelito. Solo en 2025, el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE) gestionó más de 122 000 incidentes de ciberseguridad, un 26 % más que el año anterior. El fraude online supone 4 de cada 10 incidentes de seguridad, y su frecuencia se ha incrementado un 19 % con respecto a 2024.

La desinformación y el fraude digital forman hoy parte de una misma cadena de ataque. La primera construye un relato creíble aprovechando la reputación de empresas e instituciones, mientras que el segundo materializa el engaño mediante el robo de datos, la suplantación de identidad o las estafas económicas.

En España, las empresas, especialmente las que pertenecen a los sectores del comercio minorista y la banca, son las principales víctimas de este tipo de desinformación. Por su parte, las instituciones públicas son las que sufren una mayor reiteración de ataques, convirtiéndose en objetivos recurrentes de esas campañas. Así lo recoge el estudio Desinformación sobre empresas e instituciones y sus estrategias de respuesta: análisis longitudinal de verificaciones en España (2023-2025), que analizó 630 verificaciones publicadas durante 2023 y el segundo trimestre de 2024 y 2025.

Cuando las respuestas llegan tarde

Pese a la creciente sofisticación de estas campañas, la respuesta de las organizaciones sigue siendo limitada. Solo en el 52,6 % de las verificaciones analizadas se documentó alguna actuación por parte de la entidad afectada. Además, las respuestas suelen ser reactivas: llegan cuando el engaño ya circula como una acción necesaria para paliar sus posibles consecuencias.

La estrategia más habitual consiste en desmentir la información a través de redes sociales, seguida de la publicación de posicionamientos en las páginas web corporativas o de declaraciones facilitadas a los verificadores. Frente a ello, los comunicados de prensa, el contacto directo con las personas afectadas o las acciones preventivas continúan siendo medidas de aplicación excepcional.

Las estafas económicas constituyen hoy la forma más frecuente de desinformación dirigida contra las organizaciones. La técnica más utilizada es el phishing, que consiste en engañar al usuario para que entregue datos personales o credenciales bancarias haciéndose pasar por una entidad de su confianza.

Estos fraudes pueden simular avisos de la Agencia Tributaria, multas de tráfico o comunicaciones oficiales, pero también recurren a mensajes SMS (smishing) o llamadas telefónicas (vishing), en las que los delincuentes se hacen pasar por empleados de un banco para obtener las claves de acceso de la víctima.

También son habituales los casos de suplantación de identidad corporativa e institucional mediante páginas web falsas y logotipos copiados, así como comunicados falsos o declaraciones irreales atribuidas a portavoces y directivos de empresas e instituciones. Destaca también el uso de deepfakes (vídeos manipulados) en los que una referencia conocida ofrece sus recomendaciones de inversión o recomienda algún producto.

La IA multiplica el problema

A esta coyuntura se añade el uso de la inteligencia artificial, que permite profesionalizar este tipo de campañas. En cuestión de minutos un ciberdelincuente puede clonar voces o crear páginas web prácticamente idénticas a las originales. Como si de una empresa se tratara, los recursos se explotan con distintos fines.

Así, los ciberdelincuentes reutilizan una misma plantilla para atacar a múltiples marcas, cambiando el nombre, el logotipo y los colores de la página para convertir una estafa dirigida a una cadena comercial en otra aparentemente vinculada a un banco o a una empresa de mensajería. La IA no solo hace más creíbles los engaños, también permite producirlos y adaptarlos a gran escala.

La desinformación es, por tanto, mucho más que un problema político o social: se ha convertido en una herramienta de ciberdelincuencia que explota la confianza que depositamos en las marcas y en las instituciones.

Por eso, además de verificar si una información es verdadera o falsa, resulta imprescindible aprender a reconocer los patrones con los que operan hoy las estafas digitales.

Independientemente de cual sea su objetivo, la desinformación busca aprovecharse de la confianza con la que actuamos. Una confianza que cada vez cuesta más construir y mantener desde la comunicación de las organizaciones.The Conversation

Leticia Rodríguez Fernández, Profesora Titular en el Departamento de Marketing y Comunicación. Directora General de Comunicación Estratégica., Universidad de Cádiz; Alfonso Maximiliano Rodríguez de Austria Giménez de Aragón, Profesor del Área de Comunicación Audiovisual y Publicidad, Universidad de Cádiz y Isabel Robles Márquez, Doctoranda en el programa de Comunicación de la Universidad de Cádiz, Universidad de Cádiz

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation

 

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