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La amnistía y sus comparaciones


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Los plazos amplios pautados para la investidura según el artículo 99 de la Constitución aportan una fatiga incuestionable cuando se dan las cifras ajustadas en los resultados electorales que permiten el intento de un segundo encargo como candidato a la presidencia de gobierno. Más si cabe cuando hay atención por parte de la presidencia del Congreso, como la hubo en el caso del recado de presentación del Rey a Feijóo como candidato de la fuerza más votada. No otra cosa sucede en el caso del segundo enviado por el jefe del Estado para lograr ser investido.

Así se adivinan más y más complejos acuerdos para la elección de presidente y formación de gobierno. La asimilación de victoria/derrota con carácter pírrico, es decir, irrelevante para el logro de la investidura del Partido Popular, después del triunfalismo de la campaña del 23 J, ha contribuido a la generación de un ambiente ventilado adicionalmente por la posibilidad de un acuerdo con la fuerza política de Junts, aún liderada por Carles Puigdemont, principal instigador por representación de los hechos del otoño de 2017. La aplicación del artículo 155 y la judicialización posterior del llamado procés obtuvo detenciones y encarcelamientos, sentencias y continuación de prisión.

La división servida entre los participantes en la crisis del otoño de 2017 presenta a cargos políticos de primer nivel y representaciones intermedias con condenas a sus espaldas, y, a diferencias de ellos, a huidos de la justicia con destinos en distintos puntos de Europa. Los primeros fueron blanqueados por los indultos de 2021, con el vicepresidente Junqueras a la cabeza de la visibilidad política. Los segundos, fundamentalmente Puigdemont, con una defensa jurídica de enorme eficacia para sus intereses, representan en el día a día una osadía y una afrenta para los sectores más acendrados políticamente en los grupos conservadores de la sociedad, también los mediáticos.

La fuga de Puigdemont es elogiada como audaz por sus correligionarios y denigrada por pusilánime por los detractores de la tentativa nacionalista rupturista de 2017. Ahora, la ayuda temporal de los reglamentos de la investidura permite analizar y engordar los adjetivos contra un personaje como Puigdemont, por ende guardián del liderazgo de la fuerza política de Junts, decisiva para la suma que habría de capacitar la investidura en la persona de Pedro Sánchez. El arma más a mano para la negociación por parte de Junts es la exhibición de la amnistía como necesidad y obligación en el reparto de las influencias.

A nadie se le oculta que la desaparición de Puigdemont de la escena pública, aun con sus causas pendientes, suavizaría muy poco la intensidad de la protesta por la suma del nacionalismo catalán a la superación de la investidura. Desaparecida la amnistía de la baza negociadora, cualquier cesión tributaria o de servicios sería también motivo de manifestaciones en avenidas y ramblas. La legitimidad para el PP y Vox, así como fuerzas y opiniones adyacentes, únicamente pasa por el triunfo dictado por las encuestas afines.

De suceder algo en contrario, la invectiva de la ilegitimidad es presentada en calidad automática, como ya se hiciera con enero de 2020, con la toma de posesión de las carteras del gobierno de coalición aún conjugado en presente. Las amnistías ocurridas en las épocas más contemporáneas, incluidas la de 1977, son diseccionadas para evitar paralelismos de connotación histórica, con medidas de gracia que afectaron a currículos de muerte, represión y torturas, de una extraordinaria gravedad. Por no hablar de la revolución de Asturias, con 2000 muertes en su balance, con Indalecio Prieto y Largo Caballero no menos desplazados o huidos, también amnistiados, bien es cierto que en momentos de una especialísima turbación.

Cualquier comparativa de situaciones con aplicación de amnistía o cualquier medida de gracia en este período histórico contemporáneo de España excede en violencia y balance de fuerza al llamado procés observado desde cualquier perspectiva. También aparece la palabra amnistía en el libro de Juan Antonio Ríos Carratalá, “Nos vemos en Chicote”, Renacimiento, 2015. Allí se recuerda la alocución en radio de Gonzalo Queipo de Llano, en 1936, “las palabras amnistía y perdón quedarán borradas del diccionario”.

Periodista (Ciencias de la Información, Univ. Complutense de Madrid), colaborador en distintas cabeceras (Diario 16, El País, Época, El Independiente, Diario de Alcalá), miembro del Patronato de la Fundación Diario Madrid.