Irse o quedarse: en los pueblos, la vida social pesa casi tanto como el médico
- Escrito por La redacción
- Publicado en Actualidad
● Solo el 41,4 % afirma que en su municipio hay actividad cultural durante todo el año; un 21,3 % la limita a las fiestas patronales o al verano.
● El número de personas que consideran mala o muy mala la oferta cultural es 10 veces más alto en los municipios de menos de 2.000 habitantes que en las ciudades de más de un millón.
● El informe analiza cuatro iniciativas de cultura participativa: Spordeporte Rural (Segovia), Néxodos (Asturias, Palencia y Valladolid), Escuela Bosque Abellota (Pirineo aragonés) y Teatro Ruralitario (Galicia).
La alianza de empresas Vivaces y la organización Legados han presentado el informe “Cultura, territorio y oportunidad. Prácticas culturales que construyen comunidad en el medio rural”, un estudio que pone el foco en una dimensión habitualmente menos atendida del reto demográfico: el vínculo con el lugar, el sentido de pertenencia y la vida comunitaria.
Las políticas dirigidas al medio rural se han centrado sobre todo en la vivienda, las infraestructuras, la conectividad, los servicios y el empleo, condiciones necesarias para sostener la vida en los pueblos. El informe sostiene que, junto a ellas, la cultura influye también en la decisión de quedarse, marcharse o regresar. En España, alrededor de 5.000 de los 8.132 municipios tienen menos de 1.000 habitantes y apenas concentran el 3 % de la población, mientras cuatro de cada diez ciudadanos residen en localidades de más de 100.000 habitantes.
EL INTERÉS EXISTE; EL ACCESO, NO SIEMPRE
Según el Barómetro de la Vivacidad elaborado por Vivaces, el 78 % de las personas que viven en municipios de menos de 10.000 habitantes concede una importancia alta o muy alta a disponer de una oferta cultural y de ocio adecuada para fijar o atraer población. Entre quienes se plantean marcharse a la ciudad, el 27,3 % señala la falta de vida social o de opciones de ocio, una cifra cercana a la de quienes citan el acceso a servicios sanitarios especializados (31,1 %) o mayores oportunidades profesionales (30,9 %).
El problema, concluye el estudio, no es la falta de interés, sino las condiciones de acceso y la continuidad. Solo el 41,4 % de los encuestados afirma que su municipio programa actividades culturales durante todo el año, mientras que un 28,8 % las concentra en determinados periodos y un 21,3 % las limita a las fiestas patronales o al verano. Y no se explica únicamente por la ausencia de equipamientos: el 67,4 % dispone de polideportivo, el 66,3 % de biblioteca o sala de lectura y el 59,8 % de centro cultural. El 68,5 % considera que una mayor oferta de ocio y actividades durante todo el año mejoraría bastante o mucho su calidad de vida y su arraigo.
CUATRO CASOS QUE CONSTRUYEN COMUNIDAD
El informe analiza, mediante entrevistas en profundidad, cuatro iniciativas con formatos muy distintos: Spordeporte Rural, que acerca el baloncesto a municipios de Segovia con equipos comarcales, más de 150 participantes de entre 5 y 70 años y una participación femenina del 65 %; Néxodos, que trabaja el arte contemporáneo en pueblos de Asturias, Palencia y Valladolid en diálogo con oficios locales como la alfarería; Escuela Bosque Abellota, proyecto educativo cooperativo vinculado a la naturaleza en un pueblo de 37 habitantes del Pirineo aragonés; y Teatro Ruralitario, que recupera la memoria colectiva de parroquias gallegas y llegó a implicar a 25 de las 111 personas registradas en Queimadelos.
Pese a sus diferencias, los cuatro proyectos comparten una forma de trabajar: la cultura se construye con quienes viven en el territorio, no como una programación que llega desde fuera. De su análisis se desprenden cinco aprendizajes: las iniciativas arraigan mejor cuando se crean con la comunidad; tradición e innovación se refuerzan mutuamente; la cultura abre espacios de encuentro entre edades y procedencias distintas; el vínculo con el lugar impulsa su cuidado; y la continuidad es el factor más delicado, porque la confianza, el arraigo y la memoria necesitan tiempo y no se miden solo por asistentes o retorno económico inmediato.
El informe reclama, por ello, fórmulas de financiación más estables y adaptadas a procesos de largo recorrido, así como un ecosistema más amplio de agentes —asociaciones, centros educativos, colectivos vecinales, artistas, emprendedores culturales, diputaciones, entidades sociales y empresas—, más allá de los ayuntamientos, identificados por el 56,1 % de la población rural como principal impulsor de la actividad cultural.
La redacción
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