China: una purga enigmática
Desde su llegada al poder hace trece años, el máximo (y único) líder chino, Xi Jinping, ha demostrado que no le tiembla el pulso a la hora de purgar y supuestamente sanear los aparatos del Estado o más bien eliminar políticamente a sus rivales. En las sucesivas destituciones, reestructuraciones y promociones nunca se ha sabido bien si se trata de eliminar la corrupción y mejorar la eficiencia de la administración (discurso oficial) o de desembarazarse de potenciales enemigos políticos, ante su intención de convertirse en líder vitalicio, como Mao.
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