‘Romeo y Julieta’: la ópera bajo una luz gótica
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
La obra más conocida de Charles Gounod (1818-1890) es 'Fausto' y su pieza más repetida su 'Ave María' (aparte de las notas que Hithcock usó como sintonía en su serie de televisión, todo sea dicho de paso). 'Romeo y Julieta' estrenada en 1887 responde a lo que en su momento fue la extraña monarquía de Luis Napoleón (y de Eugenia de Montijo), personaje pintoresco que pasó de presidente de la República a emperador: la 'grandeza imperial' de Francia en toda su magnitud. (De la importancia que la ópera tuvo en esa sociedad podemos dar una pincelada: tras sufrir un atentado camino del teatro donde se producen varias muertes, Luis Napoleón y Eugenia de Montijo llegan a la sala como si nada pasara, haciendo una perfecta representación de sus personajes reales).
Desde el punto de vista musical este 'Romeo y Julieta' está hecha para un gran conjunto vocal con un coro que tiene un enorme papel, con todas las posibilidades de lucimiento no solo para los dos personajes principales sino para la totalidad del reparto. En la década de los 80 el personaje lo cantó Alfredo Kraus en el Teatro de La Zarzuela, y buena parte de los grandes tenores de la historia lo han hecho por las posibilidades de una partitura en la que lo solemne y grandioso se entremezcla sin pausa alguna con el lirismo más intimista.
Lo que ha cambiado de manera radical es la forma como desde la perspectiva teatral se contempla la 'gran ópera' concebida más allá del romanticismo. Esta carísima producción que el Teatro Real hace junto a la Ópera Nacional de París (allí se vio en 2023) aporta una estética gótica al conjunto, con un endiablado y aparatoso extremo andamiaje escénico que reproduce la escalinata del Palais Garnier, y un concepto teatral de un exacerbado dinamismo que lo aproxima al gran 'show' musical y televisivo, sin perder la esencia del género.
Thomas Joly que firma como 'regiseur' es una especie de 'enfant terrible' del espectáculo galo, capaz de hacer lo mismo la ceremonia de los Juegos Olímpicos de París que el Drag Race France. Todo es frenético en esta producción donde las iluminaciones no son solo fantasmagóricas sino potencialmente deslumbrantes y típicas de un gran estudio de televisión repleto de efectos visuales. Bajo una enloquecida coreografía de Josepha Madok y unas acciones de lucha que centrifugan la acción escénica hasta un torbellino de situaciones.
El Teatro Real ofrece trece funciones de esta producción hasta el 13 de junio, y el último día se distribuirá gratuitamente en streaming para diversos ayuntamientos y entidades. Sin embargo, será difícil apreciar en su totalidad el túnel de sensaciones estéticas que ofrece una ópera respetuosa con el original pero tratada escenicamente como un enorme 'show' repleto de efectos de todo tipo.
Frente al estatismo con el que hasta en una época muy reciente se hacían las óperas y todavía hoy, cuando se nos han quedado teatralmente 'viejas' muchas representaciones aunque estén cantadas por espléndidas voces, el concepto de óperas como el de esta producción le aporta un punto de vista de una dinámica arrolladora.
Desde el punto de vista musical el trabajo de Carlo Rizzi al frente del foso es digno sin lanzar las campanas al vuelo. Y que está al servicio de un 'cast' estelar con Nadine Sierra, siempre bien recibida en el Real, y Javier Camarena el frente del primer reparto. Hay otras combinaciones muy acertadas, como la de Sierra e Ismael Jordi, espléndido en su personaje, porque estos Romeo y Julieta no son adolescentes sino talluditos y aparecen creíbles. Y de otras dos voces femeninas que también interpretan el personaje en otras funciones: Vannina Santoni y Julia Musychenko-Greenhalgh).
Aparte de destacar lo apabullante de una coreografía más propia del acrobático y contemporáneo que del clásico, el gran trabajo del vestuario donde no hay tonos pastel y predomina el blanco y el negro (ese uso de la oscuridad y el negro es uno de los hallazgos, sobre el blanco de las ropas y las luces platino que continuamente invaden el escenario), esta producción cuenta con un gran trabajo del Coro del Teatro Real dirigido por José Luis Basso, constantemente en escena y de gran dinámica en la acción, el formidable trabajo del amplísimo reparto más allá de los dos protagonistas.
'Romeo y Julieta' trasciende más allá de la vieja 'partitura' de la época romántica concebida como un exponente de la 'grandeur' teatral y social de la ópera de la Francia de la mitad del XIX, y hoy se presenta como un espectáculo total con un arrollador ritmo propio de un espectáculo de masas. Algo que puede provocar escándalo en el público más tradicional del género que venía a escuchar grandes voces con ropajes escénicos convencionales, pero que contribuye a asegurar el futuro del género y a conectar con un nuevo perfil de espectadores. A cargo de 'regisseurs' que no vienen de los circuitos tradicionales sino de la vanguardia teatral o del audioivisual
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
La Redacción recomienda
- No saber perder. ¿Por qué las derechas españolas no aceptan sus derrotas en las urnas?
- Pedro Sánchez: “Materialicemos entre todos un Pacto de Estado frente a la emergencia climática”, que nos permita estar “más prevenidos y más preparados”
- El Gobierno presenta la Red de Refugios Climáticos en el marco del Pacto de Estado frente a la Emergencia Climática
- Elma Saiz reivindica la reforma del incentivo al empleo del IMV para que trabajar sea la mejor vía de inclusión
- Transportes aprueba un plan de inversiones de más de 1.500 millones de euros en los puertos españoles para 2027