‘Jugar con fuego’: Ruth Iniesta deslumbra en la Zarzuela
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
Estrenada en Madrid en 1851 y representada en diversas producciones, la última en 1999, 'Jugar con fuego' es un título que abre el pórtico a los grandes del género, especialmente Barbieri, cuando la zarzuela aspira a competir con la ópera italiana. Y no están lejos en su partitura los ecos de Donizetti o Rossini, ni la pretensión de acercar la lirica a visiones españolas. Si musicalmente esas partituras siguen conservando la fuerza y la sugerencia, en cuanto a los libretos, como ocurre con la óperas, es necesaria la reinterpretación porque de lo contrarío apenas podrían sostenerse por su obsolescencia en las representaciones actuales.
'Jugar con fuego' era originalmente una comedia de enredo de origen francés, que Ricardo de la Vega asumió a su manera bajo el perfil de la trama cortesana en la que hay una confusión de personalidades, y una condesa se debate entre un aristócrata al que hoy denominaríamos 'acosador' y un hombre del pueblo que no sabe que ella es título, con quien juega la veleidosa mujer. En lugar del escenario palaciego este nuevo libreto de la también directora escénica y en su momento soprano, Marina Bollain, elude el escenario del Madrid romántico y lo traslada a la grada del Real Madrid y al palco de honor como espacio de poder, exhibición de riqueza y transacción económica. Dicho enmarque es precedido en los preludios de sus tres actos por videos del público y gradas del Bernabéu y del Metropolitano desarrollando la acción en esos lugares tan poco propicios para el teatro lírico.
El espacio escénico de Blanca Añón es realista, no excesivamente brillante desde el punto de vista plástico pero funcional en cuanto a la acción. La trasposición se engrasa de manera relativa sin demasiadas distorsiones aunque ese espacio carezca de plasticidad, de la misma manera que el vestuario de Teresa Mora. La acción reconvierte al manicomio de la versión original en un recinto invadido por las hordas de hooligans y ultras enfrentándose a los antidisturbios. La relectura tiene el mismo tono correcto y profesional pero sin excesivo brillo.
Por eso el factor que hace que esta producción emerja es la parte musical. Álvaro Albiach como director (en cuatro funciones Lara Diloy asume su función) es eficaz, tiene en sus manos la preciosa partitura de Barbieri y la Orquesta Sinfónica de la Comunidad está a la altura. Pero sobre todo el dúo protagonista. Ruth Iniesta aparece arrolladora, pletórica de voz, con una gran seguridad escénica y por momentos se la puede situar entre las grandes sopranos españolas para el mundo. Su anterior trabajo en enero/febrero en La Monnaie de Bruselas ha sido 'Benvenuto Cellini', una ópera en francés de Berlioz en una de las producciones más llamativas vistas en un teatro europeo en mucho tiempo donde confluyen la estética de Fellini, el mundo drag y el delirante 'kitsch' de las producciones de Las Vegas o el Circo del Sol. Lo singular es que Iniesta procede de los musicales como 'Hoy no me puedo levantar' y no del selecto sanedrín de la lírica.
En Madrid, literalmente se mete al público en el bolsillo con unos agudos que provocan escalofríos. A su lado Alejandro del Cerro está bien, con seguridad escénica como actor de gesto y voz (Berna Perles y Antonio Gandía en los segundos 'cast'). El reparto de esta producción es muy aceptable, con los barítonos Jose Antonio López/Luis Cansino como 'Marques de Caravaca' y David Lagares/Javier Castañeda en el 'Marqués de Alburquerque', aunque estos sean demasiado jóvenes para encarnar a sus personajes. El coro de La Zarzuela, especialmente el masculino tiene presencia escénica y está muy bien en la producción.
Lo dudoso es el enmarque temático del nuevo libreto en un espacio como una grada de fútbol y el palco del Real Madrid. Puede que este sea el único 'fortín' de la élite social frente a lo que antes se llamaba 'plebe' y que hoy podrían ser los hinchas, con una aparente manera de convivir bajo el mismo espacio, aunque con un descarado clasismo.
Esos matices se destacan en la versión escénica de Marína Bollaín lo mismo que la entrada carnal del Marqués que ya no es una simple seducción como antes se la habría considerado, sino un delito de acoso en toda su extensión. El marco no es vistoso, -aunque la resolución final con el asalto de los ultras y su pugna con los antidisturbios está aceptablemente resulta, gracias a la iluminación en buena medida-ni el entorno de una rutilante plasticidad, y en ese escaparate desaparece cualquier destello de fascinación sacrificado a la lectura realista.
En cualquier caso estas catorce funciones en La Zarzuela, hasta el 12 de abril proponen la recuperación de una gran partitura, con una orquesta y dirección que saca partido, y especialmente con una presencia como la de Ruth Iniesta en su mejor momento.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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