El hombre que pudo ser rey
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Poniendo a Dios por testigo de este Contrato entre tú y yo… Amén, etcétera. (Uno): que yo y tú resolveremos este asunto juntos; p. ej., ser reyes de Kafiristán. (Dos): que en tanto resolvamos este asunto ni yo ni tú nos acercaremos al alcohol o a ninguna mujer, negra, blanca o morena, para no mezclarnos nocivamente ni con lo uno ni con la otra. (Tres): que nos conduciremos con dignidad y discreción, y si uno de los dos tiene problemas, el otro permanecerá a su lado.
Firmado con fecha de hoy por ti y por mí.
Peachey Taliaferro Carnehan y Daniel Dravot
Ambos caballeros sin domicilio establecido…»
El hombre que pudo reinar, 1888, Rudyard Kipling
Es uno de los cuentos más famoso del autor, materia para una película ya de culto del director John Ford estrenada hace 50 años. Y lo es tanto por su temática como por la capacidad narrativa de Kipling, que tan bien supo describir los contrates entre dos mundos, aquí plasmados como una contraposición permanente entre el ansia colonialista y de acumulación de riquezas y una casta hindú proclive a dejarse querer para mantener sus privilegios. La historia la narra un periodista británico-hindú, como el mismo Kipling y cuenta las aventuras y desventuras de dos suboficiales ingleses poco fiables y muy buscavidas cuya única meta es hacer dinero y reinar en alguna región ignota en la que ser hombre blanco sea la llave de entrada. Los avatares de ambos aventureros los conoceremos cuando uno de ellos vuelva a visitar al narrador, pasados dos años de su aventura en Kafiristán, y le relate el ascenso y caída de ambos ídolos blancos. Con una profunda ironía, Kipling desbarata todo el castillo de naipes y lo reduce a una sólida prueba: la sangre, que es roja e igual para todos. Y esto es importante en un país dividido por castas y tonos de piel, donde la supremacía blanca era patente de corso para que los británicos se arrogaran el derecho de conquista y poder. Kipling incorpora un tercer elemento fundamental por igualatorio. Los tres hombres, es decir los dos ingleses y el periodista hindú, son francmasones, y por lo tanto, hermanos. Este vínculo moral y emocional explica perfectamente la capacidad de los tres para un diálogo de igual a igual, además de reconocer el carácter universal que comparten por su pertenencia a una orden masónica, hoy tan denostada en muchas partes del mundo. El concepto de hermandad implica lazos de unión que van más allá del color y la clase social, nobleza obliga, si bien en la narración no está exento de crítica al hacer de los protagonistas blancos dos perfectos locos que, por su parte, también comprometen sus ideales y profesión, renegando de sus orígenes y persiguiendo el sueño de ser bajás a toda costa. Lo consiguen, sí, pero les dura poco y solo uno sobrevivirá para contárselo al periodista. La historia es tan trepidante como audaz, pero a medida que avanza el relato pasa de ser divertida a truculenta. Al final, al lector le queda un regusto de quimera casi alcanzada pero imposible, cuyos detalles hacen pensar que entre la locura y la cordura la línea es muy fina y que lo único digno de salvar es la fraternidad incondicional que lima esas fronteras entre los tres hombres y, por ende, entre los seres humanos.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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