‘La taberna del puerto’: la cuarta reposición de Mario Gas
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
Con esta hace el número cuatro las veces que Mario Gas ha vuelto a ponerse al frente de 'La tabernera del puerto' en la producción que ahora rescata el Teatro de La Zarzuela en su final de temporada. Gas se crió en los intersticios del teatro y en los del llamado 'género chico' por tradición familiar. A diferencia de otros directores escénicos cuando se acercan al teatro lírico español, parte de una actitud respetuosa e incluso reverencial. Es una visión en la que no aparecen licencias, cambios de contexto o de época, alteraciones sustanciales en los libretos tradicionales, cambios de personaje, o anacronismos...
Tampoco hay audacia escénica, ni excesivo uso de las tecnologías. A excepción de la escena del naufragio con un dúo cantado en una embarcación sacudida por un fuerte temporal que en esta ocasión se resuelve con un buen efecto de Álvaro Luna, creador de la parte videoescénica, bajo una proyección en la que se integran los cantantes con acierto. Es decir, se trata de una producción sólida desde el punto de vista teatral, con buena dirección de actores, movimiento escénico acertado, pero a la que se echa en falta una pizca de audacia o atrevimiento; demasiado emparedada en el imponente decorado de Ezio Friguerio realista y pétreo, que proyecta un tono oscuro en el espacio escénico. Línea que también continua el vestuario verista de Franca Squarciapino, sin concesiones a la fantasía.
Se puede decir que esta 'Tabernera...' es de concepto teatral atemporal, en su sólida fortaleza pero sin asomarse a la chispa que una producción de hoy demanda por parte de un público nuevo. No hay nada discordante ni que pueda chirriar al 'fan' de toda la vida de este género, porque Gas desarrolla los personajes con soltura y los deja moverse a su aire, sin dejar que puedan ir más lejos. Al haber tratado de evitar la mínima estridencia o apunte de cierta audacia, la parte musical es decisiva. Con dos directores que se alternan en el foso: Pérez Sierra y Julio César Palacios. En ambos casos muy respetuosos con la partitura, y sin que la Orquesta enmascare a las voces como ocurre otras veces. Leonor Bonilla/Serena Sáenz son las dos 'Marola' en cada uno de los repartos, Ángel Ódena/Cesar San Martín como 'Eguía' y Marcelo Puente/Célso Albelo en 'Leandro', con Rubén Amorertti/Simón Orfila en 'Simpsom'. Se puede decir que lo mismo el primero como el segundo reparto en su mayoría conocen bien la partitura y la han hecho en otras ocasiones: todos nombres frecuentes y eficaces en repartos de primeros escenarios líricos.
Como era habitual en el concepto teatral de otras épocas los libretos solían incluir a característicos de corte costumbrista ofreciendo una pincelada cómica, que a veces podría llegar a ser incluso dramática. En esta ocasión se impone la seguridad escénica de Vicky Peña en 'Antigua', tan buena actriz que resuelve bien las pequeñas partes cantadas en este caso casi recitadas porque no es una soprano, lo mismo que la veteranía cómica de Ángel Ruiz y Pepe Molina en las habladas. 'La tabernera...' estrenada en el Tívoli de Barcelona en 1936 y en La Zarzuela en 1940 es uno de los últimos títulos de una época referencial . El libreto de Federico Romero y Fernández Shaw ,dos clásicos de aquel tiempo y que firmaron títulos emblemáticos está muy dentro de lo que entonces se demandaba: una historia de amores incomprendidos en un ambiente costumbrista y regionalista.
La diferencia es que Sorozábal era un compositor mayor, con capacidad para dar trascendencia al costumbrismo de este romance musical y hacerlo adquirir una densidad de primer nivel; además de un autor-crisol sin ningún prejuicio a la hora de incorporar músicas de su tiempo como sucede en todas sus obras (en este caso con la referencia cubana) como ya había hecho con el 'fox'. Ocho décadas después de su estreno 'La tabernera...' sigue siendo una obra representativa de una época, y Mario Gas en su cuarta puesta en escena más allá de algún retoque ha preferido mantenerla bajo una mirada nada iconoclasta, profesionalmente solvente y sin audacia en lo que constituye una producción atemporal.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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