Se acerca el momento final. En pocas horas, las personas que, desde sus lugares de origen, comenzaron a caminar el veinte de mayo, llegarán a Madrid. En sus ojos, la ilusión de una fraternidad compartida; en sus manos, miles de firmas recogidas en un camino que ha recorrido toda la geografía española. Sobre los hombros, una bandera que habla de Libertad. Una bandera capaz de unir pueblos y trascender fronteras, que aúna bajo su sombra costumbres distintas, diferentes religiones y culturas, variados paisajes… unidos bajo una carpa que es, a la vez, símbolo de la universalidad y trascendencia de la reclamación de cumplimiento de los Derechos Humanos para que dejen de ser privilegios. Derechos que el pueblo saharaui ve vulnerados año tras año. En su voz, un grito callado que, no por ello, deja de retumbar en todos y cada uno de los rincones de una España que no se resigna y reclama dignidad.