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Concepción Arenal por Matilde Muñoz


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

La escritora Matilde Muñoz (1895-1954) desarrolló una intensa carrera en la prensa, especialmente en El Imparcial, y en otras publicaciones. Al terminar la guerra, como se le impidió escribir, se marchó a La Habana. Pues bien, nos ha dejado una breve semblanza de Concepción Arenal en la revista Mujer, que comentamos, brevemente, en este artículo, añadiendo un trabajo más a la dedicación que se está dando en El Obrero a esta protagonista de la Historia.

Matilde Muñoz quiso comenzar su biografía con la aventura de Arenal en la Universidad. Muñoz explicaba que en el siglo XIX los alumnos eran más indisciplinados y levantiscos que en los de su época, curiosa apreciación, habida cuenta de la gran movilización estudiantil desde los tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera, especialmente. Pero eso le servía para resaltar la existencia de un “mozo taciturno”, es decir, que no se metía en líos ni en jaranas, ni en protestas. Ese “mozo taciturno” asistía a clase puntualmente y permanecía en silencio. Al terminar la clase verdaderamente se esfumaba. Y todo hasta que se descubrió que, realmente, era una mujer, travestida de hombre porque, como bien sabemos, las mujeres no podían asistir a la Universidad, y hasta se supo su nombre, Concepción Arenal, descendiente de un héroe de la independencia.

Su caso era, por lo tanto, insólito entre las mujeres españolas del siglo XIX, donde era casi imposible encontrar ni aun en los círculos literarios donde iban formándose “damas poetisas, novelistas” nadie que hubiera osado hacer lo que hizo Concepción Arenal y no sólo se refería la periodista a su paso por la Universidad, sino a la labor que emprendió, la de asomarse a los “horripilantes problemas humanos”, a los hospitales, los burdeles, los presidios, etc. Aún a través de su matrimonio y de su temprana viudez siguió siendo la misma que había sido en la adolescencia.

Desde su retiro silencioso, al cuidado de sus hijos y de “sus letras”, fluyó su obra de forma serena, la literaria y la humana: la creación de la asistencia domiciliaria, el Patronato de Señoras para la visita y enseñanza de las presas, la Sociedad de la Cruz Roja para la asistencia de los heridos en la guerra carlista, las sociedades benéficas de construcción para casas baratas de obreros, etc.

Matilde Muñoz explicaba en su escrito que durante el reinado de Amadeo de Saboya y en la Primera República, Concepción Arenal ocupó el cargo de visitadora general de las prisiones de mujeres. Y, terminaba exponiendo que su ejemplo había hecho que en la Segunda República otra mujer ocupase la Dirección General de Prisiones en alusión a Victoria Kent, y que llevase en su programa las ideas de Concepción Arenal.

El trabajo se publicó en el número de 20 de junio de 1931 de Mujer.


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