‘El Caballero de Olmedo’: La nueva ópera española se mira en el espejo sinfónico de Hollywood
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
No es habitual el estreno de una ópera española como ahora hace el Teatro de La Zarzuela con 'El caballero de Olmedo' basada en la obra de Lope de Vega, en la que se parte de una composición plenamente tonal donde tampoco hay demasiadas referencias al casticismo sinfónico o al nacionalismo musical español, en la que el autor Arturo Díez Boscovich (1979) parte de un sinfonismo épico capaz de envolver al espectador, ya sea en los momentos más líricos o en los muchos épicos, en el que se traslucen corrientes que vienen del cine clásico y contemporáneo, e incluso del 'musical' sin por ello caer en la autocomplacencia. Apenas hay separación entre romanzas a la antigua usanza y momentos de acción: cada uno forma parte de un todo sugerente, un continuo que invade los cien minutos sin descanso que dura la representación. Guillermo García Calvo como director de la sinfónica de la Comunidad da el protagonismo a la cuerda y viento que le brinda la partitura, con alguna leve referencia autóctona como la castañuela, dentro de una partitura que llega a ser vibrante y emotiva en muchos pasajes.
Lluis Pasqual que ya dirigió 'El caballero...' en su versión dramática es el autor-adaptador, y director escénico. Más que el amor el punto argumental clave de esta lectura de Lope es la envidia que preside la acción y precipita la tragedia final. Se evita un falso sentido reverencial sobre el original; no es 'El caballero de Olmedo' al que se le añade música (como ha ocurrido en algún 'engendro') sino una creación nueva donde hay ecos del verso de Lope sin caer en dependencias. Nada que ver con lo que hacían años cantautores de otra época cuando ponían música a versos de clásicos sin entrar a fondo en contenidos y sonoridades.
El concepto de esta ópera parte de una acción dramática con máxima utilización de recursos teatrales sin la utillería del cartón-piedra, ni el decorado naturalista 'tradicional', tampoco el telón pintado de antaño. A la vez sin aparato tecnológico excepto el vídeo de creación más allá de lo funcional. El espacio escénico de Daniel Bianco interpreta lo que podría ser una representación de la época del Siglo de Oro en cuanto a un juego de grandes paneles que se accionan de manera manual y se utilizan tanto en su fachada como en la parte posterior, sobre los que se proyectan videodiseños del artista Franc Aleu, con una iluminación de Pascal Mérat que es otra de las claves para generar un espacio visual estilizado en el que apenas elementos naturalistas ni atrezzo, con un elegante vestuario de Franca Squarciapino que idealiza el de la época combinándolo con el negro del chandal de los danzantes-actores o el vestuario de fiesta-duelo del coro en el desenlace de la obra. Los aspectos referenciales ibéricos de la historia están tratados con el mismo nivel de estilización simbólica: el toro, los duelos...
Su armazón está basada en la relación de cercanía-amistad-envidia-odio entre los dos personajes, 'Don Alonso' y 'Don Rodrigo' que se convierten en papel para tenor y barítono, con la vital y sensible 'Doña Inés' y un conjunto de personajes de colorido: la hermana y el novio de ella, los caballeros...con un astuto tratamiento de 'Fabia', la alcahueta, que no es la convencional bruja anciana sino una elegante mujer con la doblez de una engañadora.
La producción en la que hay situaciones de acción, lucha escénica y constante movimiento requiere unas condiciones físico-vocales como las que exhibe el tenor hispano-portorriqueño Joel Prieto, una de las estrellas jóvenes del panorama lírico internacional (en el segundo reparto Juan de Dios Martos) frente al barítono/antagonista German Olvera/Ramiro Maturana, y la tierna Rocío Perez como 'Inés'. A destacar la presencia escénica de los siempre seguros Gerardo Bullón y Rubén Amoretti, a los que se ha visto en este teatro en los más variados personajes.
El coro dirigido por Antonio Fauro tiene presencia sonora pero no tanto escénica hasta la elegía final donde es clave en una bellísima y emotiva tonalidad resuelta en un climax emotivo donde vuelven a salir a la superficie las corrientes de la épica musical de Hollywood bajo una composición teatral que se columpia entre 'El entierro del Conde de Orgaz' y el desenlace de 'El hombre de La Mancha'. Esta nueva ópera española bajo la partitura del malagueño Díez Boscovich en la que se prescinde de las atonalidades de otras obras contemporáneas y se da protagonismo a la melodía y a una sonoridad sinfónica en cartel hasta el día 15 ofrece una lograda conjunción de elementos. Lo justo sería que que pudiera tener vida más allá del Teatro de La Zarzuela que la produce y se viera representada en más coliseos.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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