Nicola Luisotti y Puccini brillan en una “Manon” pasteurizada
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
En su origen la novela 'Manon Lescaut' del Abate Prévost (1731) presenta a una mujer presa de su belleza y atractivo físico a la que su atracción hacia el lujo y el dinero (se debería decir también el amor y el sexo, en una época en la que ese concepto les estaba vedado sin capacidad de iniciativa) 'enfrían' su verdadero amor y la condenan a poner océano por medio hacia América.
En 1893 Puccini estrena una ópera sobre ese personaje cuando las mujeres que siguen igual de atadas empiezan a buscar otros roles sociales. La partitura es sencillamente genial con momentos de una arrolladora belleza que casi invitan al éxtasis en la escucha. Por contra, el libreto original de distintos autores entre ellos Doménico Oliva y Luigi Illica, o el propio Puccini y su editor, apenas llega a desarrollar una historia, y como ocurre en tantas óperas de esta época describe una sucesión de momentos más o menos hilvanados. Este título, un clásico donde los haya se pudo ver en el viejo Teatro Real tras su estreno en Turín y más de medio después en La Zarzuela.
Ahora el Teatro Real pone en pie esta coproducción con la Ópera de Colonia rescatando una de las mejores partituras de un género y de una época, un clásico escasamente conocido en época contemporánea aunque en los últimos años ha tenido un resurgimiento notable. Y lo hace con un doble reparto de nivel: 'Manon' (Sondra Radanovski y Saioa Hernández), 'Lescaut' (Lucas Moachen y Szyman Mecbhfinski), 'Renato' (Michael Fabiano, Jorge de León), 'Geronte' (Pietro Spagnoli), 'Edmondo' (Alesanro del Cerro y Albert Casals), entre otros. Con un gran protagonismo del coro del Real dirigido por Jose Luis Basso.
El peso de esta producción hay que ponerlo en el foso. La presencia de Nicola Luisotti al frente de la dirección musical es una garantía en el repertorio italiano y particularmente en Verdi y Puccini. Luisotti saca todo el partido a una vibrante partitura donde hay ternura, emotividad e intensidad dramática. En los preludios y las oberturas se aprecia esa brillantez de concepto musical con un lucimiento sinfónico, una utilización espléndida de las secciones de cuerdas hasta la sublimación. De nuevo este director de orquesta es capaz de levantar una producción y salvarla de la funcionalidad. El primer reparto de la producción es correcto con una pareja Radanovski/Moachen aceptable desde el punto de vista vocal, con un gran Michael Fabiano y un conjunto de personajes aceptablemente trazados desde lo musical.
Otro punto es la perspectiva escénica. Lejos de otras versiones de 'Manon' donde se la sitúa en la sociedad del XIX el venezolano Carlos Wagner como director teatral traslada la historia a una época relativamente intemporal que podrían ser los años 30 o los 50. Bajo un criterio de estilización formal donde una especie de enorme semi- cubo que ocupa el escenario y que se colorea en función de las situaciones dramáticas acoge a un gran tiovivo que sirve como 'set' para el tíbio apunte pseudo-erótico del 'pol dance', y finalmente como cárcel.
La escenografía de Franz Philipp SchieBmann prescinde de lo superfluo bajo una perspectiva de diafanidad, con una iluminación, más bien coloración, de Nicol Hungsber y un vestuario discretamente elegante de Jon Morrell. Bajo el mismo concepto escénico predominante en esta 'Manon', donde hay una excesiva 'pasteurización' de la idea general con lo que resulta una producción excesivamente decorativa, carente de elementos naturalistas, y voces de primer nivel apenas explotan sus posibilidades dramáticas.
Es decir, se trata de una producción correcta pero sin las perspectivas de desarrollo de una historia como la que quiere contar, en la que es posible reinterpretar hoy al personaje de 'Manon' como una mujer que busca escoger su destino aunque sus pasos no siempre sean acertados. Argumentalmente no hay en ella como en otras historias de la época puñaladas, damas asesinadas, suicidios o venganzas; y en esta versión el tono distante con el que se cuenta hace que baje de temperatura dramática..
El mejor tanto hay que atribuirlo a Nicola Luisotti y a la Orquesta Titular del Real que extraen lo mejor de una preciosa partitura de Puccini, en un brillante ejercicio de la complejidad y la diversidad musical de las obras de este periodo de la historia del género, con un autor que empezaba a ser receptor de las corrientes que unos años después de impondrían. Por escuchar a Luisotti al frente de la Orquesta del Real merece la pena ir a esta producción aunque su lectura escénica sea convencional.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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