El secreto de Estado, en escena
El secreto de Estado emerge a la palestra nacional. Y lo hace en revelaciones en torno a los servicios de Inteligencia, parcialmente retratados en dos enjundiosos libros y una novela, concernientes a distintos mandatos de sus exdirectores, Emilio Alonso Manglano, Jorge Dezcallar, Alberto Sáiz, y Félix Sánz Roldán (1). Además, corroboran el afloramiento del secreto estatal a la escena política, el relevo de uno de ellos de la dirección del Centro Nacional de Inteligencia, para integrarse en una compañía eléctrica; las declaraciones de otro de ellos en una televisión privada; y, como culmen, el propósito del Gobierno, a instancias de una iniciativa parlamentaria del PNV, por modificar la preconstitucional ley de Secretos Oficiales que rige las actividades estatales secretas desde 1968, siete años antes de la muerte de Franco.
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