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¿Por qué todo ha cambiado con Maricarmen? La chispa que enciende la llama


  • Escrito por Igor Ahedo Gurrutxaga
  • Publicado en Actualidad
(Tiempo de lectura: 3 - 6 minutos)
Manifestantes en Madrid protestando por el desahucio de Maricarmen el 26 de septiembre de 2026. OSCAR GONZALEZ FUENTES / Shutterstock.com Manifestantes en Madrid protestando por el desahucio de Maricarmen el 26 de septiembre de 2026. OSCAR GONZALEZ FUENTES / Shutterstock.com

“La gota que colma el vaso”, “la chispa que prende la llama”, la “puntilla”… son expresiones cotidianas presentes en nuestras conversaciones a lo largo de estos días. Explican de forma gráfica por qué determinados acontecimientos precipitan ciclos de protesta como el que estamos viviendo.

Muchos de los fenómenos políticos más relevantes de las últimas décadas tienen nombres particulares. Rosa Parks fue la mujer afroamericana que, en diciembre de 1955, en Montgomery, Alabama, se negó a ceder su asiento del autobús a un blanco, como indicaba la ley segregacionista. Este simple acto se convirtió en uno de los iconos de la desobediencia ciudadana. La detención de Rosa precipitó un ciclo de movilización sin precedente y dio paso al movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos.

El 17 de diciembre de 2010 un joven vendedor ambulante, Mohamed Bouazizi, se prendió fuego en un municipio rural de Túnez. El motivo fue el acoso sufrido por varios policías que le confiscaron la fruta de su puesto. Herido de gravedad falleció semanas después. Su acto de desesperación generó unas tímidas protestas en su municipio. Sin embargo, estas pronto se convirtieron en una ola democratizadora que se extendió a la capital, para dar el salto a Egipto, Siria, Libia… Había nacido la Primavera Árabe.

La semana pasada vimos el cruel espectáculo del desalojo de una anciana de 87 años, Maricarmen. Tras vivir 70 años en un piso de alquiler, un fondo de inversión compró el edificio y le quintuplicó el alquiler, una cantidad que ella no podía asumir. Su desahucio ha precipitado un movimiento de protesta que se ha concretado en la okupación de la Plaza del Sol.

La presión de activistas y simpatizantes del Sindicato de Inquilinas ha interpelado a la clase política y se ha concretado en dos decretos (pendientes de su aprobación en el Congreso) que, entre otras cosas, proponen paralizar los desahucios.

El tránsito de lo privado a lo público

La ciencia política, y más concretamente la teoría de análisis de los movimientos sociales, aporta herramientas para comprender estos fenómenos. En primer lugar, estos nombres (Maricarmen, Rosa, Mohamed) son espejos que reflejan la dimensión pública de sufrimientos colectivos, vividos hasta ese momento de forma privada.

El racismo cotidiano que sufren los afroamericanos, la desesperación de la juventud árabe, la crueldad de los fondos buitres… estos dolores particulares se “encarnan” en alguien que podemos ser nosotros y nosotras. Permiten un proceso de politización que descarta soluciones particulares, causas privadas. Ponen el acento a una injusticia cuyo origen es público y permite enmarcar la solución en una respuesta pública.

Porque Maricarmen encarna la injusticia, pero también la enmarca. La política es un constante proceso de enmarcamiento, es decir, coloca un marco, delimita el espacio desde el que interpretar los fenómenos políticos.

Frases como “Yes We Can” o “Make America Great Again” son marcos discursivos que definen injusticias, realizan pronósticos y motivan. En el caso que nos ocupa, los ciclos de protesta suelen enmarcar en un rostro lo que socialmente es interpretado como una “imposición repentina de agravios”. Rosa Parks o Maricarmen definen, con la realidad a la que se enfrentan, un marco de injusticia. Pero también orientan la acción, en ambos casos apelando a la movilización.

Como sus trayectorias están unidas a movimientos sociales (en el caso de Maricarmen, al Sindicato de Inquilinas), el marco de injusticia que encarnan permite un salto discursivo en el que el movimiento define responsables, plantea propuestas y activa estrategias de motivación, una de las cuales es la movilización. Ahora bien, la pregunta es: ¿por qué Maricarmen?

La ventana de oportunidad política: el momento adecuado

La ciencia política, además, nos explica por qué se precipitan estos ciclos de protesta. El concepto ventana de oportunidad política hace referencia al momento en el que las personas interpretan que su acción puede tener relevancia. No solo es una cuestión simbólica –hay muchas maricármenes– sino una opción estratégica masiva basada en el olfato de la posibilidad de cambio. Es el momento único en el que una parte de la sociedad observa que tiene el poder de cambiar algo, el momento en el que interpreta que de su pasividad o actividad depende que las cosas sigan como están.

Acampada en la Puerta del Sol de Madrid contra los desahucios y por el derecho a la vivienda.
Acampada en la Puerta del Sol de Madrid contra los desahucios y por el derecho a la vivienda. Florenciac/Wikimedia Commons, CC BY-SA

Desde la ciencia política no se puede predecir el futuro. Pero sí se puede comprender el pasado. Y el análisis de los ciclos de protesta indica que ese momento tiene unas características especiales.

Por un lado, debe haber una tensión que impulse a la acción. Cuando la sociedad ve una estructura de oportunidad demasiado abierta o demasiado cerrada, la movilización no cuaja. En el primer caso porque se da por hecho el éxito, de forma que no hay incentivos para la movilización; en el segundo, porque se da por imposible el cambio, lo que también reduce los incentivos.

Desde esta perspectiva, el momento actual es único porque estamos a las puertas de un ciclo electoral que puede provocar un cambio de gobierno. Para el activismo, la posibilidad de regulación de los desahucios es única. Puede ser ahora o nunca.

Pero además del detonante hay un incentivo claro: la posibilidad de lograr un decreto que ponga freno (por muy parcial y temporal que sea) a la parte más brutal del problema de la vivienda.

Esto lleva a los otros elementos que definen una estructura de oportunidad propicia. De una parte, una división en las elites, y de otra, la posibilidad de cambios de posición a corto y medio plazo. Ambos factores pueden ser leídos como oportunidad para actuar si, además, el movimiento social atesora alianzas plurales y tiene capacidad de acceso y maniobra.

Esta combinación convierte a los movimientos sociales en sujetos únicos para precipitar cambios políticos que la lógica parlamentaria ralentiza o descarta. La movilización, en definitiva, forma parte del juego de la democracia y, afortunadamente todavía, sirve para profundizarla y ampliarla.The Conversation

Igor Ahedo Gurrutxaga, Profesor de Ciencia Política - Investigador Principal de Parte Hartuz - Director del programa de doctorado Sociedad, Política y Cultura, Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. 

 

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