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Ser mujer entre visillos


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«Se veían del brazo de un chico maduro, pero juvenil, respetable, pero deportista, yendo a los estrenos de teatros y a los conciertos del Palacio de la Música, con abrigo de astracán legítimo; sombrerito pequeño. Teniendo un círculo; seguras y rodeadas de consideración. Masaje en los pechos después de cada nuevo hijo. Dietas para adelgazar sin dejar de comer. Y el marido con Citröen»

Entre visillos, 1957, Carmen Martín Gaite

La ciudad de Salamanca de trasfondo, que aunque no se nombre impregna con sus lugares la novela de esta alumna de Lapesa y Fernández Ramírez, nos acerca a la vida de una ciudad de provincias que, aun siendo universitaria, es tan monocromática como el resto del país durante el franquismo en la década de 1950. El entorno opresivo y las ideas anticuadas de qué es la femineidad y las aspiraciones de las mujeres será la balanza que incline toda la novela. Ellas, sean más o menos conformistas, necesitarán despertar y para ello aparece un hombre, Pablo Klein, un alemán cuyas ideas y forma de actuar son demasiado avanzadas para el lugar, y al que la ciudad también terminará expulsando. Carmen Martín Gaite tuvo la suerte de contar con un padre adelantado y buenos profesores, fue la esposa de Sánchez Ferlosio, del que se separará 14 años después, y seguirá con su enorme carrera literaria cosechando los mejores premios, siempre persiguiendo ese fenotipo de «chica rara» al que se aferró toda su vida para criticar, con esta novela costumbrista, las ataduras femeninas que no solo las presiona hasta el extremo, sino que incluso cercena vidas y esperanzas, con protagonistas como Elvira y sus amigas, Natalia y hermanas, cuidadosas por fuera y (algunas) rebeldes por dentro, viendo que su vida no puede ni debe detenerse en conseguir un marido. Curioso, en esta ciudad del saber. Para relatar todo esto, la autora utiliza varios narradores, más bien narradoras y uno/a omnisciente, que se ciernen sobre la ciudad y sus habitantes vigilando desde su mirador, paseando bajo las arcadas de la Plaza Mayor y observando detrás de los visillos de las ventanas, abriendo el relato en septiembre, momento de la fiesta mayor salmantina. Aun siendo todo tan mediocre, burgués, pequeño y provinciano, brilla el relato por la fuerza y debilidad de sus mujeres a través de conversaciones cotidianas, miradas de reojo, movimientos de cortinas atisbando un mundo que parece estarles vedado, mediante un lenguaje y unas actitudes que deben ser realistas y aburridas, si quieren ser verosímiles, yendo al fondo de la cuestión, la crítica desde la forma del estereotipo objetivado que nos permite reconocer a tantas tías solteronas de muchas de nosotras. Pero también está esa chica rara que mencionará la autora a lo largo de su carrera: es ella y las demás escritoras, las que no se conforman con un destino escrito, las que desean emanciparse, trabajar, disfrutar de la vida.

Y nunca hasta ahora que releí la novela, me había dado cuenta de cuánto tenemos que agradecerles a esas chicas raras las mujeres que somos hoy. «La libertad es para soñarla», dijo Carmen, adivinando. También para vivirla, decimos las mujeres hoy.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.


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