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Persépolis: palabra de mujer


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«¿Cómo es posible que yo, como mujer, no pueda sentir nada viendo a estos fornidos señores de arriba abajo, pero que ellos, como hombres, puedan excitarse por cinco centímetros menos de velo?»

Persépolis, cuatro tomos, 2000-2003, Marjane Satrapi

Marj tiene 10 años cuando cae el Sha de Persia y su país se convierte en la teocracia que hoy conocemos como la República Islámica de Irán. Persépolis es una novela ilustrada autobiográfica con dibujos en blanco y negro, en la que las imágenes acompañan y detonan en el cerebro con una potencia demoledora por una autora en el exilio temprano que relata la cotidianeidad de un país otrora abierto a Occidente en el que las mujeres, sobre todo, han ido perdiendo derechos y ganando castigos por una suerte de leyes de hombres radicales que velan no solo por el velo sino por la represión y el sufrimiento infringido a colectivos femeninos, pero también a personas de etnias o religiones diferentes. Si sobrevives a las denuncias y los castigos arbitrarios, al encarcelamiento y la tortura y te devuelven a la sociedad, eres borrada/o de la comunidad y la única salida es la emigración. Así que es muy necesario tener las manos abiertas a estas personas dolidas y con el futuro negado en su propio país. Si todo esto te parece muy denso desde tu cómodo sillón, también hay una película animada con el mismo nombre para que la veas desde la seguridad de tu casa.

Apenas hace unos días saltó una noticia que me conmocionó y es que ahora, en Afganistán, los talibanes imponen una Ley para la propagación de la virtud y la prevención del vicio…de las mujeres, se entiende. El hiyab ya no es negociable. Hay que evitar ser la tentación. Pero es que ahora, incluso, la voz de las mujeres la carga el diablo y, como fuente de lujuria, papanateo y distracción que es, se prohíbe en lugares públicos. Si tu hijo/a corre peligro en la calle, no lo llames, no lo avises, no lo hables, tu lengua de mujer es podredumbre. Si necesitas expresarte, utiliza las manos, porque ni tus ojos pueden hablar por ti. Si sufres, no grites, ofendes al amo, no verbalices tus pensamientos, pues el fin último es que carezcas de ellos. Te han reducido a un bulto informe sin derechos humanos y todas miramos hacia otro lado, no sea que nos toque a nosotras, que de otra manera más suave también seguimos siendo ciudadanas de segunda. Ha sido fácil, porque ellos juegan con el miedo atávico que llevamos heredado para someternos a una violencia psicológica y física impune que anula, flagela, lapida, decapita e impele al suicidio a unas mujeres relegadas al mero papel de útero que perpetúa todo este horror.

Sueño con el día en que todas ellas salgan de golpe de esos países, todas sin excepción, que no quede ni una para fabricar más hijos, mantener la casa, contentar al marido mucho mayor, ser su saco de boxeo, estar relegada a la nada… porque solo así se acabará esto. Un éxodo de mujeres libres que vuelvan a sentir el aire y el sol en su cabeza descubierta, en sus brazos desnudos, en sus gargantas afinadas por el derecho inalienable a hablar. No es gratuito que llamemos a nuestro idioma legua materna, somos la fuente de transmisión. La palabra educa. Quizá sea eso, precisamente, con lo que quieren acabar.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.


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