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¿Botánica versus Agronomía en el siglo XVIII?


Luis Paret y Alcázar. El Jardín Botánico desde el Museo del Prado. c. 1790. Óleo sobre tabla. 58 x 88 cm. © Museo Nacional del Prado Luis Paret y Alcázar. El Jardín Botánico desde el Museo del Prado. c. 1790. Óleo sobre tabla. 58 x 88 cm. © Museo Nacional del Prado

Algunos científicos de la época ilustrada consideraban desde las nuevas instituciones científicas, especialmente los Jardines botánicos, la imposibilidad de enseñar a los campesinos, dada la evidente falta de formación básica secular que padecían. Estaríamos hablando de la postura defendida por Casimiro Gómez Ortega. Su posición se presenta muy conservadora no sólo porque no perseguía cambiar las estructuras del Antiguo Régimen sino, también, por su actitud ante los campesinos. En este punto, sobre todo, se distinguía de los presupuestos de Francisco Zea, de los hermanos Claudio y Esteban Boutelou y de Antonio Sandalio de Arias, ya que éstos sí tenían fe en los beneficios de la educación y la cultura, siendo los pioneros en la Historia de la enseñanza agronómica en nuestro país, intentando aplicar el magisterio de Jovellanos. Ortega ejemplifica el divorcio entre la ciencia botánica y la agronomía, considerada ésta no como una ciencia sino como un conjunto de artes y técnicas consuetudinarias y basadas en la clásica obra de Gabriel Alonso de Herrera. Los Boutelou y Arias, en cambio, defendían el carácter científico de la agronomía.

La enseñanza agraria no encontró, pues, cauces institucionales en los jardines botánicos, pero tampoco en, y esto es lo más sorprendente, en los primeros momentos de las Sociedades Económicas, tan preocupadas por la difusión de los saberes prácticos. La gran excepción la protagonizaría la Sociedad Aragonesa. La postura de Casimiro Gómez Ortega parece la oficial y la causa de esta despreocupación, más o menos general, durante el último tercio del siglo XVIII.

Pero a principios del siglo siguiente, el panorama cambió. Una vez relevado Ortega de sus responsabilidades en el Jardín Botánico madrileño y, por tanto, de la política científica del momento, la enseñanza agraria comenzó a ser tenida en cuenta. En este sentido, Claudio Boutelou fue hecho profesor de agricultura del Jardín Botánico en 1807, empleo que mantuvo hasta 1814, para luego pasar a ocupar una Cátedra de agricultura promovida por el Consulado de Alicante.

Escribió unos Elementos de Agricultura, así como un Discurso en la toma de posesión de la Cátedra alicantina sobre la importancia de la enseñanza agraria. Los Elementos de Agricultura suponen un esfuerzo pedagógico importante. El autor había consultado la bibliografía agronómica de la época, convenciéndose que era conveniente formar un plan de enseñanza para las escuelas públicas. En el Discurso el autor consideraba que la agricultura era una actividad abandonada si se comparaba con otras actividades con maestros, escuelas y talleres donde aprender. Los labradores seguían practicando una agricultura repleta de rutinas y prácticas anticuadas porque no había un lugar donde aprender los métodos agronómicos modernos. Para el autor, y esto lo expresó en los Elementos, los labradores españoles no eran incapaces. La clave estaría en la educación pública y en las instituciones de fomento de esa enseñanza, como en Inglaterra.

Claudio Boutelou fue relevado de sus funciones en el Jardín madrileño, en 1815, por Antonio Sandalio de Arias, que trabajaría hasta el final del Trienio. Parece ser que en 1828 volvió a las clases hasta el final del reinado de Fernando VII. Arias formó a la primera generación de profesores de agronomía de España de una manera sistemática, publicando unas importantes Lecciones, así como las Disertaciones de sus alumnos.

Sobre estas cuestiones es muy ilustrativo el trabajo de Francisco Javier Puerto Sarmiento, La ilusión quebrada. Botánica, sanidad y política científica en la España ilustrada, CSIC, 1988.

Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.

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