La dignidad política del dogo en la República veneciana
- Escrito por Adoración González
- Publicado en Historalia
Como modelo político de república aristocrática y de fuerte carácter mercantil, los orígenes de Venecia se remontan al siglo V cuando un conjunto de islas e islotes del Lido, con población emigrada de Aquilea, extendería su radio de acción por el Mediterráneo oriental entrando en competencia con otras repúblicas del arco marítimo como Génova. Formaría un ejemplo más de ciudad-estado que, al igual que las metrópolis clásicas, habría de mantener su competencia económica y política sin renunciar a los conflictos entre clanes y familias de fuerte linaje. Durante un tiempo se reconoció un choque entre clanes familiares de esa índole, conocidos como magnati contra los popoli, llegando a un grado de rivalidad que habría de necesitar el control de las instituciones políticas e incluso militares.
El ejercicio de una autoridad reconocida en la figura del dux, o dogo, en cualquier caso, líder personal del poder, no fue en principio de carácter absoluto puesto que funcionaba bajo la vigilancia de una delegación del Gran Consejo, conocida como Consejo de los Diez, integrado siempre por los hombres más ilustres en su linaje aristocrático registrado en un Libro de Oro. Ellos eran inscritos desde su nacimiento del mismo modo que eran controlados por el Senado, máximo órgano legislativo de la República y, como señalara David Quiles Albero (2019), (La trascendencia del linaje: Los embajadores de la República de Venecia en Madrid durante el reinado de Felipe IV (1621-1665. publicado en Revista Baetica. Estudios Historia Moderna y Contemporánea. Universidad de Málaga), en el proceso de elección a las magistraturas de gobierno, “[…]los familiares más cercanos a los nominados- hasta el segundo grado de parentesco- no podían participar en los procesos en que estos eran ratificados, con vistas a asegurar la imparcialidad de los electores”.
La institución existiría desde el siglo VII y se mantendría vigente hasta el siglo XVIII, siendo prácticamente eliminada por la presencia napoleónica. Quiénes eran los hombres con derecho al cargo o dignidad de dogo se encuentra en una línea familiar de hombres vinculados a las monarquías territoriales del marco norte de la península en lucha por defender su dominio frente a los bizantinos que amenazaban desde el siglo VIII. Así, en equivalencia con el prestigio de los duques y cónsules europeos acabaron por definir un régimen político y administrativo del que las magistraturas eran las principales instituciones. En su crecimiento personal algunos, como Mauricio Galba, consiguieron dignidad imperial para todo el territorio de la provincia de Venecia. Una vez que la presión bizantina fue menor, los títulos honoríficos de cada uno de los sucesivos dogos variaban entre los conceptos de duques o jefes de distintas federaciones.
Sin embargo, el hecho de que fuera en aumento el prestigio y la dignidad podría considerarse un camino hacia la conformación como jefes absolutos o monarcas autoritarios. En su fase final se reconocían como REX IN PURPURA, SENATOR CURIA, IN URBE CAPTIVOS, EXTRA URBEM PRIVATUS, pero el cargo era esencialmente decorativo puesto que el sistema colegial que lo regía y la renovación de cargos impedía el ejercicio del poder personal, por existir verdaderas dinastías familiares que rivalizarían entre sí. Como se ha indicado antes, los cuerpos magistrales y administrativos de las diferentes ciudades se encargaron de comprometer bajo juramento a los distintos dux en sus correspondientes periodos, de tal forma que el cargo vitalicio no fuera ocultado por el personalismo.
Es posible que la presencia de estas oligarquías ciudadanas vinculadas a la riqueza comercial se fuera haciendo cada vez más potente hasta el siglo XVII, a pesar de los conflictos políticos en el Mediterráneo oriental que hicieron intervenir a otros estados, como sería evidente en el caso de los austriacos en su afán por controlar el Adriático.
El expansionismo comercial quedaría frenado en el siglo XVIII al haber perdido el control de algunos puntos estratégicos como Creta a la vez que surgía un importante movimiento nacionalista antiveneciano en la costa balcánica. Hacia 1797 se declararía la disolución de la Serenísima República de Venecia, quedando Austria dominadora de la región del Véneto y cambiando sustancialmente la identidad de la que fue República durante más de mil años.
Entre los muchos títulos adquiridos durante ese tiempo figuraban el de Monseñor, Serenísimo Príncipe, Dux de las Provincias Venecianas, Duques de Dalmacia y Croacia, Señor de las Marcas, y otros más hasta constituirse la dignidad Imperial al modelo clásico bizantino. Se han registrado hasta más de ciento veinte dogos en el ejercicio de la política, y algunos ocuparon cargos militares, eclesiásticos o dentro de la carrera diplomática, vinculados a la política de las Cortes europeas como el caso de España durante los siglos XVI y XVI.
Quedan reconocidos muchos de ellos a través de documentos y obras de Arte, aunque con seguridad no están todos los que fueron por circunstancias de política interna en cada territorio pudieron caer en desgracia o dimitir del cargo.
En cuanto a los modelos de representación y al protocolo que adoptaron suelen coincidir los esquemas. Varia algo la indumentaria o el escenario alegórico en virtud de los estilos y características de autor. Podría decirse que, el ejemplo de las obras de Tiziano en el caso del Dogo Andrea Gritti sirvió de ejemplo y marcó tipologías. Existe un bello retrato anónimo del siglo XVIII que perteneció a la Colección del Diplomático Carlos Manzanares y Herrero, sin concretar por el momento el personaje. Se custodia en el Centro Comarcal Cardenal Gonzaga, en la localidad de La Cabrera, de la Comunidad de Madrid donde puede verse. Los detalles de la obra son bastante similares al de Tiziano, salvando la distancia de años.
En general todos los modelos solían reproducir unos cánones de estilo, salvando algunas diferencias a la hora de reflejar la actitud, el aspecto, el refinamiento y la prestancia. Gesto y arrogancia enmarcaban el sentimiento principesco y noble de cada dux. Cada personaje se muestra ataviado con una túnica de brocado, tocado con gorro de la misma tela y adornos. La apariencia suele ser su mayor atributo o significación de su aristocracia, algo tangible además en elementos visuales, como joyas y vestidos. En ocasiones, al estar reconocido el personaje pintado, se convierte en su fotografía; pero, si se trata del anónimo nos vemos obligados a pensar en el estereotipo, a modo de retratos de aparato, tan al gusto de la época.
Se trata así de respetar las ceremonias en las que solía ir vestido con la capa pluvial de dorados botones, cubriendo una vestimenta ceñida con cinturón. Muestran casi siempre la mano portadora del anillo de nupcialidad que ligaba al poder con el dominio en el mar. Los rostros bien perfilados, generalmente con barbas refinadas y cuidadas y la cabeza cubierta con el chapín. En otros modelos se acompaña al retratado con una cartela que lleva inscrita su dignidad política y noble condición, y hace alusión a su poder económico conseguido por el comercio marítimo: HINC MARITIMUS IMPERIO. Acompañaban a estas manifestaciones de su prestigio varias ceremonias más, siendo lo más llamativo la interpretación de la boda con el mar, cuando el dogo subido a bordo de una nave confirmaba el ritual del casamiento, bendecido incluso por una autoridad religiosa, y arrojaba su añillo al mar como muestra de los esponsales.