Filippo Turati y las ocho horas de trabajo
- Escrito por La redacción
- Publicado en Historalia
Recuperamos un texto del destacado socialista Filippo Turati sobre las ocho horas de Trabajo, que se publicó en Acción Socialista en mayo de 1914:
“Los partidarios apasionados de las ocho horas sostienen que el tiempo más breve hace el trabajo más intensivo y, por lo tanto, más productivo. El trabajo a destajo demuestra cómo el obrero puede producir en menos tiempo una cantidad de trabajo mayor que la normal. Los salarios no importarían más, porque el horario, más breve, obligaría a emplear a los desocupados, disminuyendo la oferta de trabajo. (Verdaderamente, estos dos argumentos se excluyen uno a otro.) Y en cuanto a la concurrencia exterior, se la provee con leyes internacionales.
En estas observaciones hay de verdadero y hay de exagerado. El trabajo más breve y más intensivo en los trabajos a mano no lo es, o lo es muy poco, en los trabajos cuya celeridad está determinad por la máquina. Para éstas el horario menor obligaría a reclutar desocupados y, por lo tanto, subirían los salarios. Pero cada vez que se subieran los salarios o se abreviaran las horas el capital se reharía, imprimiendo mayor desarrollo a las máquinas o inventando otras nuevas. Muchas invenciones mecánicas no obedecen a otra causa. Por lo cual, para que los provechos sean duraderos para los obreros deben ser mantenidos con la densidad de la resistencia.
Verdad es que los países como Inglaterra, América y Austria, donde las jornadas son más cortas, son también más ricos, tienen obreros más hábiles y salarios más latos. Y el desarrollo del maquinismo arruina sólo a los pequeños industriales, acelerando la evolución del sistema de producción hacia el colectivismo.
Por lo demás, el salario representa siempre, en general una mínima parte del valor del producto, y, por lo tanto, el aumento temido tiene bastante poca importancia. Estas objeciones se presentan a cada proyecto de ley protectora, y la experiencia las ha refutado siempre.
Pero las ventajas máximas de las ocho horas están en el campo moral. Y por esta vía indirecta conducen a la redención económica. Por esto precisamente se las teme tanto. “El trabajo es el freno…, decía Guizot, y el trabajo demasiado prolongado postra, deprime, embrutece. Es el mejor de los guardias civiles.
Con las ocho horas gana la higiene. Los Congresos higienistas las reclaman, en efecto, a grandes voces. Los adversarios insinúan que el obrero, menos ocupado, frecuentará la taberna. Pero en Melbourne, quienes protestaron con mas ahínco contra la ley fueron los taberneros y es natural. El organismo no exhausto no tiene necesidad de tomar en el alcohol, abusivamente, la restauración necesaria. Con las ocho horas resurge la familia que el capitalismo ha destruido. Con las ocho horas se instaura la verdadera democracia, porque proporciona al pueblo tiempo para instruirse y para ocuparse de las cuestiones públicas. Si ese tiempo, la democracia es un nombre vano. De donde se deduce que el primer deber por parte de los demócratas sinceros será el de conseguir, con una activa e incansable propaganda, esta reforma primordialísima.
Hay quien pretende que confinar el postulado de las ocho horas al final de un programa es un obstáculo para el principio de libertad contractual. ¿De qué libertad se habla? ¿Qué otra libertad tiene hoy el trabajador, fuera de la de sufrir los pactos que se le ofrecen y la de morir de hambre? Con las ocho horas el proletariado militante da un paso gigantesco.
Por ellas podrá dedicarse seriamente a desarrollar la solidaridad que le es necesaria en su gran batalla. Hoy, demasiado agotado, deserta a menudo de las reuniones en que se discuten sus intereses y se abre su espíritu al concepto de su misión histórica. Con las ocho horas habrá toda una humanidad nueva que se agregará a la humanidad. ¿Qué importa, ante este gran resultado, que alguna industria tísica, sostenida con el aceite de hígado de bacalao de las concesiones gubernativas o de las Aduanas, tenga que sucumbir?
He aquí, pues, el significado socialista de las ocho horas.
En este camino tenemos todavía que conquistarlo casi todo. Hay, sobre todo, que conquistar el derecho de las mayorías en las Asociaciones.
Todo el régimen democrático se base en el prevalimiento de las mayorías. Pero en las huelgas la traición de unos pocos compromete el esfuerzo organizado de muchos. ¡Y ved las contradicciones de la moral burguesa! Esta, que pone a la execración a los traidores a la patria, halaga y lisonjea a nuestro compañero cobarde, que reniega de nosotros y se vende al enemigo en nuestra tremenda batalla.
Unid, pues, las fuerzas con una sola cabeza y un solo corazón, apretaos bajo la bandera en que habéis escrito la jornada de ocho horas; permaneced firmes junto a ella hasta el fin; combatid por vosotros, por vuestras mujeres, por vuestros hijos, por el porvenir de vuestra clase.
El poder os amenaza y os intima, diciéndoos: ¡doblegaos, extenuaos, servid, morid!
Vuestro próvido instinto de clase y el Socialismo os gritan: ¡levantaos, luchad, surgid, vivid!”
(Acción Socialista, número 8 de 9 de mayo de 1914).
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