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Otto Bauer y la derrota del fascismo


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Fundamental socialdemócrata austriaco, Otto Bauer (1881-1938), sería uno de los impulsores del austromarxismo, en un intento de conjugar el socialismo con las cuestiones nacionales complejas derivadas del Imperio austro-húngaro, además de teorizar sobre las causas del triunfo del fascismo, considerando que se había producido cuando la clase trabajadora había sido debilitada. La burguesía habría adoptado la solución fascista no tanto por miedo al triunfo de una revolución como en Rusia, sino para atacar la crisis económica bajando los salarios y combatiendo las conquistas sociales logradas por el movimiento obrero.

“A fines del pasado mes de agosto se reunió en París la Conferencia de la Internacional Obrera Socialista con el exclusivo objeto de deliberar acerca de la situación internacional y en relación con ella de los problemas de la estrategia y de la táctica del movimiento obrero internacional en estas momentos de reacción fascista.

La Conferencia, a la cual asistieron 142 delegados en representación de 36 países afiliados, después de una discusión general sobre el tema que los reunía, nombró una Comisión encargada de presentar a la asamblea unas conclusiones que resumieran el pensamiento de todos. La Comisión, a su vez, nombró ponente al camarada Otto Bauer, el cual, al presentar las conclusiones que se le habían encomendado, las defendió en un discurso razonado y enérgico, logrando que fueran aprobadas.

El discurso íntegro y las conclusiones acaban de ser publicados por la Internacional en un folleto de 32 páginas, que lleva por título «Después de la catástrofe alemana». Aun cuando a su tiempo dimos noticia de las tareas de la Conferencia y publicamos las conclusiones aprobadas, hoy, a la vista del discurso, juzgamos que en estos instantes puede ser de alguna utilidad para nuestros camaradas trasladar aquí algunos de los juicios expuestos por Otto Bauer.

«Cuando la Comisión — dijo al empezar el discurso — hubo de preguntarse qué es lo que necesitaba decir desde aquí a dos trabajadores del mundo, comprendió que es menester decirles lo que puede reconfortar hoy a la clase obrera, lo que puede desviarla de su desaliento de la hora presente y devolverle algo del optimismo socialista que es la mitad de la bravura, la condición primordial de la energía. Creemos que efectivamente es posible pronunciar desde aquí palabras que alienten y orienten a la clase obrera. Y creemos que debemos pronunciarlas en tres terrenos: primero, en el de la doctrina; luego, en el de la adopción de métodos, y, por último, en el de las decisiones relativas a la acción.

…En primer lugar, hablamos en nuestra resolución de los países donde ha vencido el fascismo. Y aquí también hemos creído deber decir algunas cosas que muchos de nuestros amigos e ingleses consideran quizá corno una filosofía superfetatoria. En el párrafo de la resolución que habla de las luchas de la clase obrera en los países fascistas, no cabe otra lucha que la lucha revolucionaria. El único camino que lleva a la liberación es una revolución popular. Pero al llegar la hora en que el pueblo se levante, en que el fascismo sea derribado, el poder revolucionario nacido de la victoria no deberá limitarse a derribar el fascismo, sino que deberá también arrancarle las raíces suprimiendo la propiedad privada capitalista de los medios de producción concentrados y estableciendo, mediante una colectivización vigorosa de la gran propiedad urbana y rural, la base de una sociedad socialista. Y únicamente sobre esa base, sobre la base de un orden económico socialista, es como el poder revolucionario podrá edificar una democracia socialista.

…Las masas empobrecidas, no sólo las de los obreros, sino también las de los pequeños burgueses, de los cultivadores, de los intelectuales, están al presente muy descontentas cuando ven el juego diario del parlamentarismo, las intrigas de pasillos, las crisis de las mayorías y de las coaliciones. Todo eso les interesaba en tiempos tranquilos; pero hoy, que su situación es tan mala, que están desesperadas, les parece que un Parlamento cuajado de intrigas y de crisis no puede poseer bastante energía para resolver los problemas planteados por este mundo dislocado. De esta justa apreciación de una de las causas de la crisis del parlamentarismo se han deducido las más variadas conclusiones, algunas de ellas opuestas entre si.

En el Congreso de los camaradas franceses se enlazó esta cuestión con la ya añeja de la participación de los Partidos socialistas en el Poder y del apoyo a los Gobiernos burgueses por los socialistas. Todos sabemos que puede haber Situaciones en las cuales un Partido socialista debe sostener a un Gobierno democrático contra el fascismo y hasta participar en un Gobierno de coalición. Yo sería el último que lo negase. ¿Acaso no he participado yo mismo en un Gobierno así? Pero, sin embargo, las experiencias alemanas nos enseñan precisamente los peligros de tales experimentos. Nuestros camaradas alemanes participaron muchas veces en Gobiernos de coalición, frecuentemente no por su libre voluntad, sino porque a ello les obligaba la inminencia de decisiones relativas a la política internacional, de decisiones entre la política de inteligencia y la política de guerra. ¿Pero cómo fué casi siempre la composición de aquellos Gobiernos? El Gabinete reunía, unos frente a otros, a ministros socialistas y a ministros burgueses. Estos impedían toda medida socialista, y los socialistas no palian prestar asentimiento a muchas medidas preconizadas por los burgueses.

Tales luchas dentro de un Gobierno son las que habían estériles a los Gobiernos de coalición. Precisamente ese equilibrio de fuerzas era el que muchas veces creaba una situación que a las masas empobrecidas les daba la impresión de que la democracia no estaba en condiciones de adoptar una decisión en un sentido ni en otro, de que no podría resolver ningún problema y de que sólo un «amo» podía sacar al pueblo de la miseria.

…En una crisis como la de hoy, que de tal modo ha empobrecido a las masas, la democracia no se mantendrá más que si prueba a las masas con actos que no sólo es una fuerza conservadora que perpetúa este sistema económico origen de miseria, sino que puede convertirse en una fuerza revolucionaria, que combata con eficacia el paro, la angustia, la miseria de las masas populares y que conduce a estas últimas a las formas más elevadas de vida económica. Es peligroso para la defensa de la democracia todo lo que quite a la democracia socialista, al propio Socialismo, la confianza de las grandes masas presentándoles el Socialismo como un simple asociado de un poder puramente conservador, dedicado a la conservación de esta miserable sociedad. No es fecundo ni verdaderamente eficaz contra el fascismo sino lo que hace de la democracia una fuerza de revolución social que proteja a las masas contra la plutocracia.

…Después de la experiencia alemana sólo tenemos que decir que por muy terribles y duros que sean lo sacrificios que exija la lucha contra el fascismo, siempre serán inferiores a los sacrificios que la victoria del fascismo impone a una clase obrera vencida sin resistencia.

Ya hemos dicho que una de las causas principales de sus derrotas, y especialmente de la sufrida en Alemania, ha sido la escisión de la clase obrera. Por eso hoy, después de la derrota alemana, la clase obrera siente más que nunca la nostalgia del restablecimiento de la unidad, de la conclusión de la guerra fratricida en propio seno.

Abrigo la íntima convicción de qua si nunca estuvo justificada la escisión obrera, hoy menos que nunca puede estado. Y si nuestra labor principal debe consistir en alentar en estos momentos a las masas desilusionadas, desesperadas, resignadas, e darles nuevas esperanzas y nuevo valor, opino que nada confortaría a la clase trabajadora como un paso decisivo en el camino da la unificación del proletariado”.

(Fuente: El Socialista, número 7767 del 27 de diciembre de 1933)


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