Textos: Taifas y parias
- Escrito por La redacción
- Publicado en Historalia
«Ibn Ammar había quedado empeñado con el cristiano, ya que, por el compromiso adquirido cuando alquiló un ejército infiel para lo de Belillos, le debía grandes cantidades e importantes sumas, que había de pagarle y le tenía prometidas. Con este motivo ponía a su soberano en grandes aprietos, porque no quería dejarle reposar un momento, para hacerse el indispensable en medio de las discordias, y no vacilaba en atraer el mal contra los musulmanes […].
Por segunda vez fue a visitar al cristiano Alfonso y a preguntarle como fácil el negocio de Granada, pintándome a sus ojos como un ser incapaz de todo, por mi flaqueza y mis cortos años. Le garantizó, además, que, con la toma de Granada, todos los tesoros de esta ciudad pasarían a su poder, a cambio de que el cristiano le asegurase que, una vez hecho dueño de la plaza, la pondría bajo su soberanía y le dejaría apropiarse de mi peculio personal.
No dejó paso por dar para decidir a Alfonso a ir contra Granada, y no sólo le entregó considerables sumas con ese propósito, sino que incluso le prometió que, una vez acabado el negocio, le daría cincuenta mil meticales, a más de lo que encontrase en la ciudad, para animarle a ponerse al punto en camino.
Tales proposiciones excitaron la codicia del cristiano. «Es éste un negocio -se decía- en el que de todos modos he de sacar ventaja, incluso si no se toma la ciudad, porque, ¿qué ganaré yo con quitársela a uno para entregársela a otro, sino dar a este último refuerzo contra mí mismo? Cuantos más revoltosos haya y cuanta más rivalidad exista entre ellos, tanto mejor para mí. «Se decidió, pues, a sacar dinero de ambas partes, y hacer que unos adversarios se estrellaran contra los otros, sin que entrase en sus propósitos adquirir tierras para sí mismo […].
Con la solemnidad requerida por las circunstancias, salí a encontrarme con Alfonso en las cercanías de la ciudad […]. Entabladas luego las negociaciones, yo le envié mis embajadores y él me mando los suyos […]. Me exigió cincuenta mil meticales […]. Yo me quejé de los pocos recursos de mi territorio […] y por fin llegamos al acuerdo de que le pagaría veinticinco mil meticales […]. Además […] le preparé muchos tapices, telas y vasos, y lo reuní todo en una gran tienda en la que le invité a entrar».
Abd Allah. Memorias de Abd Allah, último rey zirí de Granada destronado por lo almorávides. 1090.
La redacción
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