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El Nilo Azul. El poder de Teodoros. IV


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Como decíamos ayer, no podía ser más extraña la elección del comisionado, para hacer entrega del mensaje de la reina Victoria. Hormuzd Bassam no era inglés de nacimiento: nació iraquí, en Mosul, de padres cristianos. En su juventud había estado con Layard, el arqueólogo de Mesopotamia, Estudió en Oxford y, a la postre, adoptó la nacionalidad británica.

Poco tiempo antes de los acontecimientos que nos ocupan, Rassam lograba introducirse, en la platilla de Merewether en Adén. Quizá privó en Inglaterra, la idea de que un oriental mañoso, sería la persona ideal para manejar a Teodoros, quizá fue simplemente que, porque Rassam estaba en el lugar y Merewether lo apoyó. Sea como fuere, el insólito agente recibió instrucciones de negociar con Teodoros, en nombre del gobierno británico y, bien pronto puso a prueba, que era muy capaz de hacerlo. Fue un hombre flexible pero pertinaz, nada, pero que nada, falto de valor. Se le asignaron dos ayudantes, para el largo y peligroso viaje hacia el interior: un médico llamado Henry Blanc y, después, un tal teniente Prideaux, del ejército de Bombay.

En julio de 1864, Rassam y su gente, son transportado en un cañonero británico, desde Adén a Massaua, por entonces en territorio egipcio y, puerta habitual de acceso a Etiopía. Incluso allí, el miedo a Teodoros erra tal, que muchos nativos crían que oía, todo cuanto se decía sobre él, aunque estuviera a centenares de millas de distancia. A Rassam se le advirtió que no fuera a ocurrírsele entrar en Etiopía, sin permiso del emperador. Así que escribe una carta a Teodoros, diciendo ser portavoz, de una misiva de la reina Victoria y, pidiéndole, muy cortésmente, su venia. Para Cameron se adjuntan varias cartas y una suma de dinero. Mientras, Rassam se sienta a esperar.

Bien larga fue la espera. Transcurrió el resto del año, en el fétido puerto de Massaua, dominado por la peste, sin una palabra del interior. Hasta primeros de 1865, no empezó a recibir mensajes de los cautivos. Cameron señala que habían sido concentrados unos 20 ó 30 europeos y sus respectivas familias. Algunos como el matrimonio Flad, misioneros ellos, estaban con Teodoros en la llanura próxima al lago Tana, disfrutando de una relativa libertad, mientras que otros, como él mismo y los misioneros Rosenthal y Stern, se hallaba a la sazón en Magdala, encadenados de tal forma, que les era difícil permanecer de pie. Rassam escribió una segunda carta a Teodoros, en octubre de 1864, pero de momento, todavía no había respuesta. Envía ahora una tercera, de tono más obsequioso, repitiéndose el silencio. Cameron, que por entonces comenzaba a poder escribir bastante libremente, desde Magdala, sugiere a Rassam, la posibilidad de usar un tono más fuerte. “Pero por Dios no venga aquí; le meterán en una jaula a prueba de cañón, pues cree (Teodoros) que mientras nos tenga en sus manos, está a salvo de un ataque y, claro está, con un espadón como usted a sumar a la cuenta, las cosas no podrían ponérsele mejor”.

Por fin, en agosto de 1865, al año largo de la llegada de Rassam a Massaua, se recibe la noticia de que Cameron ha sido liberado de sus cadenas, noticia que viene seguida de una carta del propio Teodoros. En su mayor parte, no es sino, un exabrupto petulante y autojustificativo contra Cameron, si bien al final, deja translucir un atisbo de esperanza: “Sea para conocimiento de Hormuzd Rassam, que ahora precisamente ha estallado una rebelión en Tigré. Por la gracia de Dios, dad la vuelta por la ruta de Metemma. Cuando llegue, enviadme un mensajero, y por la gracia de Dios, enviaré gente a recibiros”.

Pero se planteaban nuevos problemas. Metemma estaba en el Sudán, centenares de km al sur de Kassala, donde la estación húmeda ya había comenzado, con la consiguiente propagación de todos los males, que hacían imposible cualquier viaje. Rassam que, en esta, como en todas las ocasiones, prefería el tono suave, contesta: “Muy Graciosa Majestad… odio informaros de que, a causa de la epidemia que asola Kassala y sus alrededores, no me atrevo a llegar hasta vos por la ruta de Metemma, como mandáis”. De manera que, en lugar de eso, se dirige al Cairo y, allí aguardaré el término de la estación húmeda, en octubre.

Pues eso.

(Continuará.)

 

Nacido en 1942 en Palma. Licenciado en Historia. Aficionado a la Filosofía y a la Física cuántica. Político, socialista y montañero.