Brutal ‘Lear’ y geniales Reinmann y Calixto Bieito
- Escrito por Manuel Espin
- Publicado en Cultura
La partitura de Albert Reinmann (1938) para 'Lear', estrenada en 1978 es apabullante, de un dramatismo exacerbado y sin respiro, carente de melodía con distancia kilométrica del sinfonismo, un uso radical de la instrumentación con una potenciación de percusiones que utilizan superficies metálicas y acentúan el tono afilado de esta ópera de vanguardia llena de talento. Asher Fisch el director musical tiene una tarea muy compleja a la hora de dar vida a esa partitura tan brillante pero a la vez tan peculiar, y la Orquesta del Real está muy a la altura en este reto tan distinto al de los títulos más representados del belcantismo o del barroco; también el Coro en este caso masculino que dirige José Luis Basso.
Hecha por encargo de un barítono de la década de los 70 con libreto muy inspirado bajo una brutal poética de Claus Hennlerg inspirado en 'El Rey Lear' de Shakeaspeare donde la familia se convierte en un infierno de ambición, poder, disputas radicales y odios, una obra de estas características requiere sobre la escena de unos cantantes con propiedades únicas, porque no solo tienen que cantar una endiablada partitura donde carecen de apoyos musicales en una melodía que es inexistente sino demostrar unas condiciones actorales excepcionales, no ya como actores-cantantes sino desde el punto de vista del teatro gestual llevado a sus máximas exigencias de radicalidad.
Bajo un espacio escénico muy original compuesto de alargadas bandas negras que acaban por desplazarse y entrelazarse en una estética que remite al gótico hispano más negro o al expresionismo alemán, con unos fondos donde se potencian los negros como base esta producción de la Ópera Nacional de París dirigida por Calixto Bieito se convierte en uno de los espectáculos operísticos-lírico-dramáticos más contundentes y inteligentes que se pueden vivir -y no solo contemplar o escuchar- sobre un escenario. Calixto Bieito muestra su genialidad en un trabajo escénico donde los cantantes-actores se ven obligados a un trabajo casi titánico en el que han de poner todo su esfuerzo físico y su capacidad mental para adentrarse en los intersticios de la enrevesada y radical acción de esos personajes que se devoran por la disputa en torno al poder, los títulos y el dinero de unos reinos que podrían perfectamente corresponder a situaciones de la actual sociedad contemporánea. Con acierto Bieito los presenta bajo ropajes de hoy, obteniendo un gran resultado tanto del contraste entre los vestuarios -o los desnudos- como con la utilización de objetos tan comunes como una barra de pan o un paquete de plástico negro.
Toda la función pone al espectador contra las cuerdas desde el primer minuto en un 'in crescendo' que no decae tras el descanso y culmina en un final casi de Tarantino donde no hay una exhibición sanguinolenta pero si una intensidad dramática que empapa a los espectadores.
El trabajo escénico es tan impresionante como el musical, en una producción nada fácil de asumir por parte de un teatro y el Real ha sido capaz de llevarla a cabo poniendo a prueba a la Orquesta y al Coro y fundamentalmente contando con la entrega -y hay que hablar en estos términos- de un reparto que lo da todo desde la perspectiva de lo vocal a la acción dramática, con un juego escénico entre los personajes mostrando un entramado sin fisuras. Bo Skovhus como Lear rompe con la tradición escénica del personaje: no es un viejo, sino un hombre maduro con vida por delante, aunque se pueda recrear en el eco que despierta el bufón anciano que representa como voz Ernest Alich, o en el espectro del viejo totalmente desnudo que se desplaza por el escenario como una proyección de lo que podría ser el futuro o la muerte. Todos los personajes están a la altura del reto, y hay que decir que en la mayor parte de los casos su soltura escénica es admirable por la dificultad que conlleva en todos los sentidos:Torben Jugens, Derk Welton, Michael Calvin, Kor-Jan Russeljee, Andrew Watts, Andreas Conrad, y ellas Erika Sunnojardh, Susanne Elmartk o la española Angeles Blancas, como las hijas.
'Lear' es un reto apasionante para el espectador, la expresión de un trabajo afilado hasta el límite más extremo de las posibilidades líricas y dramáticas, y una demostración más de las posibilidades del Teatro Real para conjugar el respeto a la lírica de repertorio más tradicional aunque con visiones teatrales muy de nuestro tiempo, con una vanguardia musical bajo tratamientos escénicos tan inteligentes, apasionantes y de una radicalidad dramática de las dimensiones de Calixto Bieito. La mejor recomendación es correr a verlo antes de que desaparezca de cartel: como todos los montajes de Bieito puede gustar o no pro en cualquier caso no cabe la indiferencia o la media tinta. Y este 'Lear' es capaz de tocar el cielo en muchos momentos de la tensa acción.
Manuel Espin
Doctor en Sociología y licenciado en Derecho, CC Políticas y CC de la Información es escritor de ficción y no ficción, periodista y autor audiovisual para cine y tv.
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