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Fortunata y el arroz con menudillos


(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)

En las estrechas calles del Madrid decimonónico, el bullicio de la vida cotidiana resonaba entre los edificios encalados y las callejuelas empedradas. La tarde envolvía la ciudad en una luz dorada cuando Maximiliano Rubín, el apacible boticario, se acercaba a paso decidido hacia la modesta vivienda de Fortunata, el corazón inquieto latiéndole con la esperanza y la incertidumbre.

Maximiliano era un hombre diferente. De la bondad de su corazón no había nada que decir, porque era un santo, y como se casara de verdad, su mujer había de hacer de él lo que quisiera. Con cuatro palabritas de miel, ya estaba él contento y achantado. Lo esencial era no contradecir en nada aquello relacionado con la conciencia y las misiones... aquí un adjetivo que Fortunata no podía recordar. Eran sublimes; sin embargo, eso no importaba; ya se sabía que era algo muy bueno.

Ese día, la compra llevó un poco más de tiempo, ya que Maximiliano le había anunciado que almorzaría con ella. Planeaba prepararle un plato que a ambos les encantaba y que era la especialidad culinaria de Fortunata: el arroz con menudillos. Ella lo cocinaba de manera tan exquisita que era para chuparse los dedos. Lamentablemente, no era la temporada de alcachofas, de lo contrario, las habría incluido en el arroz. No obstante, compró un poco de cordero, que le daba un sabor excepcional. Adquirió chuletas de ternera, menudillos por dos reales y algunas sardinas escabechadas para el segundo plato.

Fortunata, una mujer de carácter fuerte y determinado, se encontraba inmersa en las faenas de la cocina.

De regreso a su hogar, preparó los tres pucheros con el cuidado meticuloso que exigía la cocina española y comenzó a cocinar el arroz en la cacerola. Ese día, todos los utensilios de la cocina funcionaban a la perfección. El aroma embriagador del arroz con menudillos se elevaba desde sus fogones, danzando en el aire y anunciando una velada que prometía mezclar sabores y destinos. Después de freír la cebolla, machacar el ajo y picar los menudillos, cuando no quedaba nada importante olvidado, Fortunata, con las manos ya limpias, se dirigió a peinarse, poniendo más atención de la habitual en ese proceso. La pequeña vivienda vibraba con la actividad, y Fortunata, con su cabello oscuro ya recogido y delantal manchado, encarnaba la esencia de la lucha diaria. Pasó el tiempo; la cocina despedía múltiples y confundidos olores. ¡Dios, con la faena que en ella había!

Mientras tanto, en la calle, Maximiliano se detenía frente a la puerta, su corazón latiendo con una mezcla de ansiedad y deseo. Su figura, con la gabardina desgastada y el sombrero en mano, reflejaba la dualidad de un hombre enamorado y atormentado por las sombras de su propia mente. Un suspiro escapó de sus labios antes de que, con determinación, hiciera sonar la aldaba de la casa, un eco que resonaba como un preludio antes de adentrarse en el intrigante universo de Fortunata.

El arroz con menudillos es un plato que combina arroz con vísceras o menudillos, generalmente de aves como pollo o pavo. Los menudillos son las partes internas comestibles del animal, como el hígado, el corazón, los riñones y el estómago. Madrid entero está en ese plato.

Aquí tienes una receta básica para preparar arroz con menudillos, que en verdad era un plato que Benito Pérez Galdós, ciertamente adoraba.

Ingredientes:

- 2 tazas de arroz (puede ser arroz blanco o integral)

- Menudillos de pollo o pavo (hígado, corazón, riñones), limpios y cortados en trozos pequeños

- 1 cebolla, finamente picada

- 2 dientes de ajo, picados

- 1 zanahoria, pelada y cortada en cubos pequeños (opcional)

- 1 tomate, picado

- 1 taza de guisantes (pueden ser frescos o congelados)

- 4 tazas de caldo de pollo o agua

- Aceite de oliva

- Sal y pimienta al gusto

- Perejil fresco picado para decorar (opcional)

Instrucciones:

1. En una olla grande, calienta un poco de aceite de oliva a fuego medio. Añade la cebolla y el ajo, y saltea hasta que estén dorados.

2. Agrega los menudillos de pollo o pavo y cocina hasta que estén bien cocidos.

3. Añade el arroz a la olla y revuelve para que se mezcle con los menudillos y absorba los sabores.

4. Agrega la zanahoria (si la estás utilizando) y el tomate. Cocina por unos minutos hasta que los vegetales se ablanden un poco.

5. Vierte el caldo de pollo o agua en la olla. Lleva la mezcla a ebullición y luego reduce el fuego a bajo. Cubre la olla y cocina a fuego lento hasta que el arroz esté tierno y haya absorbido el líquido.

6. Añade los guisantes y cocina por unos minutos adicionales hasta que estén tiernos.

7. Prueba y ajusta la sazón con sal y pimienta según sea necesario.

8. Sirve el arroz con menudillos caliente, y decora con perejil fresco si lo deseas.

 

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.


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