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Cuando una demencia hace aflorar un artista oculto


  • Escrito por Sergio Molina Rodríguez y Raquel Falcó
  • Publicado en Cultura
(Tiempo de lectura: 3 - 5 minutos)
Mike González / Pexels. Mike González / Pexels.

Durante gran parte de su vida, el paciente número 5 fue un empresario de éxito. Nunca había pintado ni había mostrado un interés especial por el arte. Pero alrededor de los 56 años, algo empezó a cambiar. Los colores y los sonidos parecían cobrar una intensidad nueva e incluso, en ciertos momentos, sentía que su mente funcionaba de otra manera, que era más creativa. Fue entonces cuando comenzó a pintar.

Y no se trató de una afición pasajera, no. Con el paso de los años, sus pinturas se hicieron cada vez más precisas y detalladas. Podía pasar horas trabajando en una sola línea. Su habilidad siguió creciendo hasta el punto de que sus obras llegaron a ganar varios premios en exposiciones de arte.

Pero mientras aquel artista inesperado parecía despertar, otras capacidades comenzaban a apagarse. Su capacidad para comunicarse se deterioraba y su comportamiento social empezó a cambiar. Padecía una demencia frontotemporal, una enfermedad neurodegenerativa que afecta principalmente a los lóbulos frontales y temporales del cerebro. Quienes la padecen pueden perder el filtro social y decir cosas inapropiadas, repetir una misma conducta una y otra vez o tener cada vez más dificultades para encontrar las palabras y comunicarse.

La historia parece contradictoria. ¿Puede una demencia, paradójicamente, revelar al artista que permanecía oculto?

Un fenómeno excepcional, pero real

Por extraordinaria que parezca, esta historia no es un caso aislado. Durante las últimas décadas, se han descrito personas que, coincidiendo con el desarrollo de una enfermedad neurodegenerativa, comenzaron a pintar, dibujar, esculpir, componer música o realizar otras actividades creativas que hasta entonces apenas habían formado parte de sus vidas. Algunas de sus sorprendentes obras pueden verse aquí.

La cuestion es: ¿hasta qué punto es realmente frecuente este fenómeno? Un estudio publicado en JAMA Neurology en 2023 buscó la respuesta en 689 pacientes con demencia frontotemporal. Solo el 2,5 % desarrollaron nuevas capacidades artísticas. Se trata, por tanto, de un fenómeno infrecuente, aunque va más allá de que una simple anécdota clínica.

Meo / Pexels.

 

Perder para ganar: una paradoja del cerebro

¿Qué ocurre en el cerebro para que una capacidad artística aparezca justo cuando otras empiezan a desaparecer? Una primera pista podría estar en la pérdida de algunos de nuestros “frenos” cerebrales. La demencia frontotemporal puede alterar nuestra capacidad de inhibir y favorecer comportamientos repetitivos. Algunos pacientes pueden pasar horas pintando, repetir una misma obra o concentrarse extraordinariamente en pequeños detalles. Esta mayor dedicación y práctica podría contribuir, al menos en parte, al desarrollo de sus habilidades artísticas.

Pero podría estar ocurriendo algo más. Otra posible explicación tiene un nombre tan extraño como el fenómeno que intenta explicar: facilitación funcional paradójica. El cerebro no se comporta como una colección de piezas independientes, sino como una red de regiones que se comunican, se regulan y se influyen mutuamente.

Por eso, cuando una enfermedad deteriora una parte de esa red, sus efectos pueden ir más allá y modificar la actividad de las regiones que permanecen preservadas. En la demencia frontotemporal se ha propuesto que el deterioro de regiones frontales y temporales podría reducir la influencia de estas sobre los sistemas visuales relativamente intactos, permitiendo que estos adquieran un mayor protagonismo y favoreciendo así la aparición o mejora de determinadas habilidades artísticas.

La enfermedad, por tanto, no crearía un artista desde cero, sino que alteraría el equilibrio entre las redes, permitiendo que capacidades hasta entonces poco visibles adquirieran un mayor protagonismo. Pero esta ventana tiene fecha de caducidad: a medida que la neurodegeneración avanza y alcanza otras regiones cerebrales, la producción artística también acaba deteriorándose.

¿Y si pudiéramos liberar esas capacidades?

La idea de que algunas capacidades podrían permanecer ocultas o inaccesibles llevó a un grupo de investigadores a realizar un experimento sorprendente. Mediante estimulación magnética transcraneal, una técnica no invasiva que permite modificar temporalmente la actividad cerebral, redujeron la actividad de la región frontotemporal izquierda en voluntarios sanos. Algunos participantes cambiaron su manera de dibujar, sugiriendo que disminuir la influencia de ciertos procesos podría facilitar el acceso a detalles que normalmente nuestro cerebro filtra. Esto plantea una pregunta fascinante: ¿podríamos algún día acceder temporalmente a capacidades que permanecen fuera de nuestro alcance?

Imaginemos potenciar nuestras capacidades para un examen o entrevista de trabajo. Hoy estamos lejos de poder hacerlo, pero la posibilidad resulta tan seductora como inquietante.

Magnific. Magnific

 

Una ventana inesperada al cerebro

Estos casos excepcionales nos recuerdan que el cerebro no funciona como una suma de piezas independientes, cada una responsable de una capacidad concreta. Nuestras habilidades emergen de un delicado equilibrio entre redes que cooperan, compiten y se regulan entre sí. Cuando una enfermedad neurodegenerativa altera ese equilibrio, algunas funciones se pierden, pero también pueden cambiar la forma en que se expresan aquellas que permanecen preservadas.

Comprender estas paradojas no solo nos ayuda a entender mejor la demencia: nos ofrece una ventana privilegiada para descubrir cómo un cerebro sano construye algo tan complejo y profundamente humano como el arte.

Sergio Molina Rodríguez, Profesor e investigador en Psicobiología, Neurociencia cognitiva y neuropsicología, Universidad Miguel Hernández y Raquel Falcó, Doctora en Psicología, Personal Docente e Investigador, Universidad de La Rioja

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. 

 

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