Crisis e Historia
¿Qué entendemos por crisis? En este trabajo nos aventuramos con unas cuantas reflexiones con el fin de intentar aportar algunas luces sobre este concepto que tanto nos preocupa.
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Doctor en Historia. Autor de trabajos de investigación en Historia Moderna y Contemporánea, así como de Memoria Histórica.
Premio Mejor Aliado 2024 de la Asociación Blanco, Negro y Magenta.
¿Qué entendemos por crisis? En este trabajo nos aventuramos con unas cuantas reflexiones con el fin de intentar aportar algunas luces sobre este concepto que tanto nos preocupa.
El 12 de mayo de 1930 moría el político laborista de origen irlandés, aunque profundamente vinculado a Escocia, John Wheatley. Los socialistas españoles honraron su memoria en El Socialista, glosando brevemente su trayectoria, e informando de su entierro en Glasgow.
Por Real Decreto de un Gobierno de Eduardo Dato de 8 de mayo de 1920 se creaba el Ministerio de Trabajo, que reunió en su seno el conjunto de organismos oficiales que trataban de cuestiones laborales, como el Instituto de Reformas Sociales, desapareciendo, a su vez, el Ministerio de Abastecimientos por otro Real Decreto de ese mismo día, y que había sido creado en septiembre de 1918 en relación con la brutal crisis sobre los abastecimientos generada por las consecuencias de la Gran Guerra.
En estos días se conmemora el 75 aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial en Europa. En estos tiempos de coronavirus y, a pesar, de que esto que padecemos no es una guerra, como en distintas ocasiones hemos explicado, si podemos hacer algunas reflexiones sobre el futuro a través del pasado para cuando se supere la crisis sanitaria.
El 26 de mayo de 1831 fue ejecutada Mariana Pineda. La recién estrenada Segunda República no podía dejar de honrar a la heroína liberal, como un referente histórico de la lucha por las libertades en España, con el precedente de la breve Primera República, y de los anteriores inicios de la Revolución liberal. Cada régimen político construye su propia memoria, y en el republicano la granadina tenía que ocupar un lugar destacado, como mártir, y también, como veremos, como mujer.
En este trabajo esbozaremos la figura del abogado de pobres en las épocas medieval y moderna, sociedades fundamentadas en el principio de la desigualdad ante la ley. No se trata de un abogado de oficio como en nuestro sistema jurídico, pero, en cierta medida, puede ser considerado un precedente con todas las salvedades propias de los ejercicios de comparación, y teniendo siempre en cuenta el principio de la desigualdad que hemos planteado.
“morir combatiendo o vivir trabajando”
En la historia del movimiento obrero francés la insurrección de Lyon de octubre y noviembre de 1831 constituye un hito fundamental, influyendo en socialistas y en la propia organización obrera posterior. Estalló justo al año siguiente de la Revolución de 1830 que terminó con el absolutismo de Carlos X, el último Borbón, e instauró la Monarquía constitucional en la persona de Luis Felipe de Orleáns. En realidad, la insurrección de la primera ciudad industrial de Francia tiene mucho que ver con aquella Revolución, o más bien, con la desilusión por la misma, porque la situación de los trabajadores no había mejorado en nada con el cambio político, que solamente había beneficiado a la burguesía. La crisis económica desencadenó el conflicto.
El año 1920 vivió un largo conflicto laboral en Candás (Carreño, Asturias) protagonizado por las obreras de la fábrica de conservas de Pedro Campos. Y decimos largo porque duró unos cinco meses, hasta que encontró una solución a fines de mayo de ese año.
"Españoles; la ciudad de Cádiz puesta en armas, con toda su provincia, con la Armada anclada en su puerto [...], declara solemnemente que niega su obediencia al gobierno de Madrid, segura de que es leal intérprete de todos los ciudadanos [...]. Queremos que una legalidad común por todos creada tenga implícito y constante el respeto de todos. Queremos que el encargado de observar la Constitución no sea su enemigo irreconciliable [...]. Queremos que un gobierno provisional que represente todas las fuerzas vivas del país asegure el orden, en tanto que el Sufragio Universal eche los cimientos de nuestra regeneración social y política. Contamos para realizar nuestro inquebrantable propósito con el concurso de todos los liberales unánimes y compactos ante el común peligro; con el apoyo de las clases acomodadas, que no querrán que el fruto de sus sudores siga enriqueciendo la interminable serie de [...]favoritos; con los amantes del orden, si quieren verlo establecido sobre las firmísimas bases de la moralidad y del derecho; con los ardientes partidarios de las libertades individuales [...]: con el apoyo de los ministros del altar [...]; con el pueblo todo [...]. Españoles: [...] Acudid a las armas, no con el impulso del encono, siempre funesto; no con la furia de la ira, siempre débil, sino con la solemne y poderosa serenidad con que la justicia empuña su espada. ¡Viva España con honra!"
Cádiz, 19 de septiembre de 1868. Duque de la Torre, Juan Prim, Domingo Dulce, Francisco Serrano Bedoya, (…), Juan Topete.
El reinado de Isabel II entró en crisis en la segunda mitad de la década de los años sesenta del siglo XIX. En este sentido, se produjeron varios hechos que hacían presagiar el final del mismo. En primer lugar, era notorio del desprestigio de la propia reina y de la Corte. En abril del año 1865 tuvo lugar la “noche de San Daniel”. Ante un artículo periodístico de Emilio Castelar que criticaba a la reina por no haber cedido su patrimonio para reducir la deuda pública, fue separado de su cátedra, provocando la repulsa de los universitarios y una fuerte represión. En enero de 1866 tuvo lugar la sublevación del general Prim, pero fracasó, mientras que en junio estalló la sublevación del Cuartel de San Gil, fuertemente reprimida.
El Pacto de Ostende, firmado en 1866, unió a progresistas y demócratas contra el sistema isabelino. A la muerte de O’Donnell, los unionistas se incorporarían al mismo. En 1868 moría Narváez, y la reina perdía a su principal valedor. Ya no tenía al lado ninguna figura capaz de contener la creciente oposición que concitaba.
El 17 de septiembre de 1868, la Revolución se inició con la sublevación del almirante Topete en Cádiz, apoyado por Prim (progresista) y Serrano, de la Unión liberal. El movimiento se extendió por toda España con levantamientos populares y organización de juntas revolucionarias locales. Serrano venció al ejército gubernamental en Alcolea, y la reina partió hacia Francia. Se constituyó un Gobierno Provisional presidido por el general Serrano, que convocó elecciones a Cortes Constituyentes por sufragio universal para enero de 1869. Pero bajo la aparente unidad de los protagonistas de la Revolución había dos grandes bloques sociopolíticos. Por un lado, estaban los progresistas, unionistas y demócratas moderados, cuya base social estaba formada por la clase media que se identificaba con los planteamientos del Gobierno Provisional, aspirando a un cambio meramente político con un régimen más abierto y representativo que el isabelino, pero sin planteamientos sociales radicales. Por otro lado, se encontraban los republicanos, escindidos del Partido Demócrata. Contaban con el apoyo popular. Pretendían cambios políticos más radicales, como el establecimiento de la República, y la defensa de un programa de reformas socioeconómicas profundas. Sus propuestas coincidían con las de las juntas revolucionarias, disueltas por el Gobierno provisional.
Los votantes otorgaron la mayoría absoluta a las fuerzas gubernamentales: unionistas, progresistas y demócratas monárquicos con 236 escaños. Lejos quedan los republicanos y los carlistas, con 80 y 20 diputados, respectivamente. De estas Cortes resultaría la Constitución de 1869, la primera democrática española. Se reconocía una avanzada declaración de derechos individuales: derecho a la participación política, sufragio universal masculino, libertad de imprenta, libertad de culto, aunque la nación estaría obligada a mantener el culto y a los ministros de la religión católica, derecho de reunión y de asociación. Claramente se establecía la soberanía nacional. El sistema político se sustentaría en una nítida división de poderes, siendo el legislativo bicameral. La forma de Gobierno de España seguía siendo la Monarquía, pero las Cortes, como máximo órgano representativo de la nación, tendrían toda la función legislativa y de control al Gobierno, limitándose el poder de la Corona, al contrario de lo que ocurría en el régimen isabelino de soberanía compartida.
Aprobada la Constitución, Serrano fue nombrado regente, y Prim, jefe del Gobierno. Los objetivos eran buscar un monarca, y frenar la insurrección en Cuba iniciada en 1868, además de las sublevaciones de los republicanos, desengañados por la falta de soluciones para la cuestión social y por el establecimiento de una Monarquía.
Andrés Gana (1881-1931) fue un litógrafo, fundamental en la historia del sindicalismo de este sector productivo, además de secretario de la Agrupación Socialista Madrileña en los años veinte. Como tal tenía la responsabilidad de custodiar la documentación de la misma generada desde sus inicios. En mayo de 1928, coincidiendo con el aniversario de la fundación del PSOE, escribió una columna en El Socialista para glosar la fundación del mismo a través del “libro de actas con las cubiertas rojas”. En este mes de mayo, tantos años después, recordamos el trabajo de Gana con el fin de seguir aportando materiales importantes para la historia del movimiento obrero socialista.
Sin lugar a dudas, los años veinte fueron decisivos en el avance de la emancipación de la mujer, con un salto adelante en el reconocimiento del derecho al sufragio en distintos países después de la Gran Guerra, la participación de las mujeres en los parlamentos y gobiernos, y el auge del feminismo socialista, como hemos visto en distintos trabajos. Este es el contexto en el que se inscribe el presente estudio sobre la opinión que emitió en un artículo periodístico Luis de Zulueta en mayo de 1924 titulado, “La mujer y el Socialismo”, que publicó en La Libertad, y que recogió El Socialista, el órgano del PSOE, que durante dicha década dedicó una especial atención a la cuestión del feminismo, incluyendo la participación activa en sus páginas de autoras como María Cambrils o María de Lluria, además de incluir crónicas de lo que ocurría en el mundo en este terreno en secciones específicas.
Aunque no se puede hablar, realmente, de convivencia idílica entre cristianos y judíos durante gran parte de la Edad Media, no cabe duda de que, si comparamos con lo que ocurrió en la crisis bajomedieval, se puede considerar que durante los siglos XI y XIII los judíos vivieron una relativa época dorada en la España cristiana. La mayoría de los judíos habitaban en las ciudades en juderías o call. Tenían la condición de servi regis, es decir, dependientes de los reyes, los cuales tenían la obligación de protegerlos. Los judíos gozaban de autonomía administrativa y religiosa. Aunque sus actividades abarcaron el abanico de las que se daban en el Medievo, es cierto que destacaron en las ocupaciones artesanales y comerciales, así como en las de tipo intelectual y en la medicina. Algunos judíos se dedicaron a servir a los monarcas en sus cortes e instituciones. En el campo cultural, su aportación a la denominada Escuela de Traductores de Toledo y al entorno del rey Alfonso X está considerada como muy importante. Judá Mosca fue un intelectual reconocido de aquel momento histórico.
La fundamental encíclica de León XIII, la Rerum Novarum, que estableció la doctrina social de la Iglesia, produciendo un cambio oficial en relación con la cuestión obrera y la economía, se publicó el 5 de mayo de 1891. Pues bien, en mayo de 1931, es decir, en su cuarenta aniversario, el socialista belga August De Winne, que trató muchas cuestiones religiosas, y al que hemos dedicado atención en distintos trabajos, publicó un artículo al respecto, que los españoles conocieron gracias a El Socialista, y que pasamos a comentar en el presente trabajo. El momento, además, coincidía con los primeros pasos de la Segunda República y con el inicio de las primeras medidas laicas en educación por parte del Gobierno Provisional.
El origen del PSOE debe entenderse en la división entre anarquistas y socialistas en el movimiento obrero español, en relación con la Primera Internacional. Desde el primer Congreso celebrado en Barcelona en 1870, la Federación española de la AIT planteó la imposibilidad de relacionarse con los partidos existentes, considerado como burgueses. La mayoría catalana en el Congreso impuso su orientación anarquista. La Federación intentó sobrevivir en medio de la represión emprendida por Sagasta, alarmado por la Comuna de París. Se prohibieron sus reuniones, se cerraron periódicos y muchos líderes fueron detenidos. Más complicado sería ilegalizar AIT porque el Supremo se lo impidió alegando que era una medida anticonstitucional. En diciembre de 1871 llegó a España el yerno de Marx, Paul Lafargue, al poco tiempo de la derrota de la Comuna, con el fin de que el marxismo prosperase en el movimiento obrero español. Contactó con miembros madrileños de la AIT, como Pablo Iglesias, que en 1870 había sido nombrado por los tipógrafos madrileños, junto con otros dos compañeros, delegado del consejo local de la Internacional. Lafargue escribió una serie de artículos en La Emancipación donde defendió la necesidad de que se creara un partido político de la clase obrera.
El primero de mayo de 1931 la Asociación General de Socorros Mutuos del Personal de la Casa de la Moneda elaboró una petición, dirigida al presidente del Gobierno Provisional, Niceto Alcalá-Zamora, para que se dedicara un sello de correos a Pablo Iglesias.
El primero de mayo de 1910 coincidió con las elecciones generales donde se presentó por vez primera la Conjunción Republicano-Socialista, y que llevaron a Pablo Iglesias al Congreso de los Diputados, todo un hito histórico. En este contexto nos acercamos a la celebración de los trabajadores en Ávila en ese año.
“Si no tuviéramos la esperanza del Socialismo, ¡qué tristes estaríamos hoy!”
En este artículo repasamos algunos primeros de mayo de Tortosa al comenzar el siglo XX, y en los que se dio una combinación de la fundamental cuestión reivindicativa con lo lúdico y festivo, un aspecto que hay que tener siempre presente en estas celebraciones.
El activo luchador contra el apartheid Denis Goldberg acaba de fallecer. En este momento parece apropiado realizar algunas reflexiones sobre lo que fue el apartheid.
El reinado de Carlos IV se caracterizó por una profunda crisis económica, provocando un evidente malestar social. Por otro lado, la política del despotismo ilustrado sufrió un evidente parón como consecuencia de la Revolución Francesa por el miedo al posible contagio de las ideas revolucionarias. Floridablanca puso en marcha una política de control y censura para evitar todo contacto. España, además, entró un ciclo bélico, con dos fases: una primera, protagonizada por la guerra contra la Francia revolucionaria (1793-1795) y, luego, a partir de 1796 hasta 1808, en alianza con Napoleón, con enfrentamientos contra Inglaterra.
Al parecer, el primero de mayo en Lugo del año 1901 revistió una importancia que hasta entonces no había tenido gracias al esfuerzo de los obreros asociados, especialmente por parte de la Sociedad de Canteros. El paro había sido general, y se aludía en la crónica que ni los mozos que llevaban las mercancías desde la estación habían trabajado.
Después del Primero de Mayo de 1931 ya como Fiesta del Trabajo, se siguió conmemorando durante toda la Segunda República. En los años 1932 y 1933 se dieron manifestaciones multitudinarias. También se produjo una novedad, el intento de los comunistas de organizar manifestaciones propias al margen de las que convocaban los socialistas, pero la policía las dispersó en Madrid. También se dieron las consabidas excursiones y meriendas en la Casa de Campo y la Dehesa de la Villa. Las celebraciones populares en estos dos espacios verdes de la capital terminaron por tener que ser reguladas por el Ayuntamiento madrileño en 1934 por la masiva afluencia: abastecimiento de agua, servicio de recogida de niños extraviados, prohibición de hacer fuego y medidas para impedir destrozos en árboles y plantas.
Hace 75 años se suicidaba Adolf Hitler, sitiado en su búnker, bajo el fuego incesante y brutal de las tropas soviéticas. Resistir hasta el final en aquellos meses de 1945, aunque murieran más alemanes que en todos los años de guerra anteriores, fue su obsesión final, a la espera de algún milagro tecnológico o de otro tipo que cambiara el inexorable final que tarde o temprano llegaría.
En plena guerra civil el franquismo abolió la Fiesta del Primero de Mayo a través de un decreto del 12 de abril de 1937, en el que también se estipulaba que habría una fiesta dedicada al Trabajo Nacional. En marzo de 1938 se publicó el Fuero del Trabajo, en el que se estableció que cada 18 de julio se celebraría la Fiesta de la Exaltación del Trabajo, uniendo esta celebración con la de la fecha fundacional de la dictadura.
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