La Barcelona borbónica. III
La fortaleza de la Ciudadela pretendía atender a dos necesidades del poder. En primer lugar, había que mejorar la defensa de la ciudad para que Barcelona se convirtiera en el enclave militar fundamental de la Monarquía en el Mediterráneo, pero, también debía servir para controlar una población que había costado mucho doblegar. Los barceloneses comprendieron muy pronto esta idea; es más, desde la toma de la ciudad en 1714 las antiguas murallas, un orgullo de la ciudad y que se habían levantado en distintas épocas para defenderse, empezaron a ser consideradas como un instrumento de la opresión. La Ciudadela se vio como el símbolo más evidente y ostentoso de una nueva realidad, la de una fortaleza como símbolo del dominio de los vencedores.
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