Aún antes del triunfo de las Luces en el siglo XVIII, existe un precedente en la Historia del feminismo en Occidente. Nos referimos al preciosismo, un movimiento sociocultural previo del barroco francés, que buscaba el refinamiento de modales, costumbres y gustos frente a la época de Enrique IV por considerarla vulgar. En este contexto, comienzan a surgir los salones como un espacio público donde discutir distintas cuestiones y plantear nuevos valores sociales, y en los mismos las mujeres de condición social elevada tendrán un evidente protagonismo, que se mantendrá hasta el siglo siguientes. Ahí estarían las “preciosas”, interesadas por el buen gusto, por nuevas concepciones en las relaciones entre los hombres y las mujeres, interesándose por revitalizar la lengua francesa, es decir, participando en cuestiones más allá de lo doméstico y familiar. En este ámbito surgirá la cuestión de las mujeres, lo que en Francia se conoce como la querelle féministe. Y en esos salones donde se comenzó a hablar de literatura, arte, amor y hasta filosofía, terminaron por tratarse temas relacionados con la ciencia, y las protagonistas de estos espacios comenzaron a cuestionar la autoridad de los maridos, y pretendieron poder acceder a otros ámbitos culturales como las Academias. Aquellas mujeres tomaron conciencia de su dignidad y de la libertad en distintos aspectos, incluido el sexual y el del matrimonio, denunciando el carácter tradicional o patriarcal del mismo.