La ciencia agronómica se desarrolló intensamente en el siglo XVIII, especialmente en Inglaterra. En este sentido, destacaron las figuras de Jethro Tull con su sembradora mecánica, que permitió la siembra en línea y la utilización de máquinas cavadoras, especialmente en grandes superficies, y Lord Thowsend con su sistema Norfolk, inspirándose en los conocimientos adquiridos como embajador en los Países Bajos, y que permitió, a través de la rotación cuatrienal, el final del barbecho, un considerable aumento de la producción y la productividad agraria, y la estabulación del ganado. A partir de estos dos personajes surgió una amplia lista de agrónomos, naturalistas y botánicos que descubrirá, inventará y difundirá una larga serie de adelantos claves para dar el salto a una nueva agricultura. También se asistió al desarrollo de la dimensión institucional científica y educativa de la nueva agronomía a través de la fundación de instituciones que fomentaron las investigaciones, los experimentos y la enseñanza de la nueva ciencia. Todo este proceso está considerado como la revolución agrícola.