Gómez de la Serna, el desiderátum de la creatividad
- Escrito por Rosa Amor del Olmo
- Publicado en Cultura
Se fue a casar a los diez y ocho años; pero no se casó porque en el descorchen del champagne mató a su suegro con el corcho de una botella y la novia se negó » a dormir ni una sola noche con el asesino de su padre. El incongruente. Gómez de la Serna.
El Incongruente (1922) magnífica obra de Gómez de la Serna, es una parte beligerante y asombrosa de aquella mezcla explosiva que en los primeros veinte años de este siglo se acuñó con el nombre de vanguardias. No es por azar que el editor español del manifiesto futurista de Marinetti (1909) fuera de la Serna.
El humor como rasgo unitario, la metáfora concebida como semejanza explosiva frente al caos del mundo, la impasibilidad del tono irónico frente a la tragedia de lo incomunicable, la fragmentación infinita de géneros y actitudes igualados ante el absurdo de la existencia. En su escritura, la ruptura definitiva con los moldes tradicionales que agrupaban géneros y tonos literarios se convierte en verdad, la irrupción del freudismo, como un nuevo e imprescindible elemento del horizonte cultural, el rechazo de lo antiguo, la necesidad de fechar y datar lo inventado…Ramón inventó la gueguería, que es la suma de esos elementos y está en su esencia en El incongruente. Si todo género produce problemas por la propia configuración y límites del mismo, la novela de Gómez de la Serna es una constante puesta en cuestión de la esencia misma de la novela.
Así comienza El incongruente: “Gustavo el Incongruente nació inesperadamente a los seis meses de embarazo de su madre, suspendiendo durante cinco minutos la ópera Los hugonotes, pues nació en pleno palco del teatro de la Opera. Gustavo tuvo durante la niñez rasgos fantásticos. Intervino en su bautizo, protestando de que no le preguntase el cura, como en las barberías, «si fría o caliente»; los dientes le salieron de la noche a la mañana, y un día recobró la palabra como un mudo, para decir que su doncella dejaba que se bebiese su biberón el soldado que la festejaba.
En el colegio de párvulos tropezó en la sala de Física con el resorte de la electricidad y tuvieron que llamar a los bomberos y a los peritos electricistas para poder contener el estrago, aquella terrible trepidación de la casa como una potente fábrica.
Su padre estaba asombrado con aquel niño que a los cuatro años le dijo:
—Mira, necesito un bastón”.
Más allá de cualquier contención de tipo psicologista, sociológico, impresionista, progresista, a Ramón le preocupa la desnudez, el esqueleto mismo de la escritura. El incongruente será una narración del antihéroe, del héroe absurdo, del hombre gris, del hombremasa, del pusilánime, de ese hombre que todos llevamos dentro cuando nos dejamos llevar por nuestro entorno. Todo es absurdo y a veces tan irreal como nuestros pensamientos. La solidez de sus textos reside en que están constituidos por palabras agrupadas que forman figuras que han de maravillar y crear un impacto. El incongruente es una novela que expresa el drama de lo incomprensible del mundo, de lo fortuito de toda ilusión proveniente del arte.
La novela tiene sus momentos fuertes de clímax, instantes de delirio, donde la fantasía se instala en primer lugar junto a la maravilla delirante de la magia que todo lo mezcla. Gustavo el protagonista, vuelve animado lo inanimado, hace sonreír a los retratos, dialoga de manera poco ortodoxa con los muertos, hace realidad las magnificencias fetichistas más ocultas. Forja y estalla en mil pedazos la verosimilitud de la situación novelística al convertirse en personaje de celuloide, al propio tiempo que sigue siendo esencialmente literario en su composición. Gómez de la Serna resume en el Incongruente, líneas que en la literatura española son retomadas, por distintos caminos, por Julio Cortázar, Umbral y por otros muchos que se postularon así: “Era Gustavo, por todos estos antecedentes, un caso agravado del mal del siglo, de la incongruencia”.
El sueño del incongruente es el sueño de la maravilla, de lo fantástico y de la irrupción del azar y la sorpresa en los cerrados cauces de lo verosímil. Esa es la herencia duradera de Gómez de la Serna, la del testimonio de lo literario como la de una voluntad y una práctica de la escritura cuya trascendencia es la de esa actividad misma. Este afán por maravillarse y maravillar, renovación y reordenación absolutas de un mundo que Ramón juzga caduco y caótico, -casi como yo lo juzgo- lo que ha lastrado la valoración póstuma de su obra. Estoy con él en todo. Leer esta novela es pasarlo muy bien, es leer por el deleite.
Rosa Amor del Olmo
Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.
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