Robinson Crusoe o el moderno cacique
- Escrito por Mercedes Peces Ayuso
- Publicado en Cultura
«Aparte de esto, imaginaba que capturaba a uno, mejor, a dos o tres salvajes y los convertía en mis esclavos, dispuestos a hacer todo lo que les indicara y desprovistos de todos los medios para hacerme daño»
Robinson Crusoe, 1719, Daniel Defoe
Robinson termina en una isla y pasará en ella 28 años. Quizá sea el destino ejemplarizante de este marino de York de solo 19 años, capturado por piratas cuando iba a África, que cuando es liberado y llega a Brasil, se establece en una plantación, motivo que le hace volver al continente africano a dedicarse al infame robo de seres humanos, esclavos negros, para su servicio y el de otros convecinos, y naufraga siendo el único superviviente. La historia es bien conocida, hay películas y libros para todas las edades, sin embargo, el original tiene un poquito más de enjundia. El protagonista un británico de manual: frío, eficiente, con cierto sentido clasista con respecto a su “siervo” Viernes, un prisionero indígena salvaje (del Caribe, en su momento sinónimo de lo primero) monomaníaco ̶ autonombrarse rey y gobernante de una isla ya habitada por una tribu de caníbales tiene lo suyo ̶ y ciertamente moralista del tipo religioso puritano. Por eso Robinson pasa tanto tiempo purgando su comportamiento esclavista, si bien en realidad le da la vuelta y lleva el espíritu colonialista a todo, y termina civilizando su trocito de isla, incluso creando al final del libro una colonia de españoles e ingleses, que los salvajes ya se sabe. O quizá es que pensaba que lo suyo era mejor; en cualquier caso, esta autobiografía ficticia se terminó viendo como la novela de aventuras por excelencia, de hecho una de las primeras en lengua inglesa, y tuvo dos secuelas: Las nuevas aventuras de Robinson Crusoe (1719) y Serias reflexiones durante la vida y sorprendentes aventuras de Robinson Crusoe: con su visión del mundo angelical (1720).
Su casa, su castillo, que así llamó a la cabaña que construyó, es el feudo provisional desde el que otea el horizonte para ser salvado, ¿pero de quién, sino de sí mismo? Al final, cuando es rescatado y vuelve a Inglaterra, su vida cambia poco, un terrateniente siempre es un terrateniente y un navegante siempre lleva el agua en la sangre.
Tanto éxito tuvo la novela, que acuñó el término «robinsonadas», o el arte de sobrevivir a base de ingenio y optimización de recursos en entornos hostiles y solitarios, que tendría bastantes epílogos novelísticos, sirvan como ejemplo El señor de las moscas o Los viajes de Gulliver.
Es una novela que nos plantea grandes preguntas y reflexiones sobre conceptos importantes ya desde el s. XVIII en cuanto a formas de vida, tanto desde el punto de vista social como ético y político, de civilización frente al buen/mal salvaje, sobre derechos de adquiridos y colonización supremacista, pero y sobre todo, a ella le debemos la gran pregunta: Y tú, ¿qué te llevarías a una isla desierta?
Habrá que pensarlo. No valen respuestas de supervivientes televisivos con la lancha esperando para devolverlos al hotelito para cuando los niños se cansen.
Mercedes Peces Ayuso
Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.
Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.
Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.
Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.
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