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La Brigada Político Social en la recta final del franquismo

Francisco Pacheco, más conocido como Billy el niño, sigue siendo un personaje mediático, cuya figura terminó incorporándose, en cierto modo, a la sociedad actual desde distintos prismas. Condenado y en cierto modo exculpado por el paso del tiempo, este tratamiento informativo ha conseguido que se olvide y banalice una cuestión fundamental: la tortura era un procedimiento habitual y sistemático en los interrogatorios de la policía política franquista.

En su recta final, el franquismo trató de situar de nuevo la violencia dentro de su marco tradicional, a través de la jurisdicción militar y de otros resortes legales, fundamentalmente policiales. Desde ese momento, todo el aparato del Estado fue dirigido contra la protesta social que se había instalado en el centro de la realidad española. Una conflictividad generalizada que desafiaba directamente el marco de derechos y deberes instituido por la dictadura y lo hacía a través de una dinámica reivindicativa que se situaba al margen de todos los repertorios de protesta violenta. El movimiento obrero y la universidad fueron los focos de un enfrentamiento que las autoridades trataron de solucionar incrementando las detenciones y la contundencia de las fuerzas de orden público, Policía Armada, Guardia Civil, antidisturbios, y la propia Brigada Político Social. La Dirección General de Seguridad, encargada directamente de las dos últimas, se extendía por toda la administración periférica del Estado, situándose inmediatamente por encima de los Gobernadores Civiles. Posición jerárquica y extensión por todo el territorio nacional, rasgos propios de una policía militar en un conflicto bélico, que se mantuvieron durante toda la dictadura.

Su estructura militar, su mando político y sus funciones, no habían variado un ápice a lo largo de la dictadura. Tampoco sufrieron grandes modificaciones ni la procedencia ni el perfil profesional de sus componentes. El análisis de las hojas de servicios de algunos de sus miembros más importantes, al frente de las comisarías y jefaturas de la investigación político-social de Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza o Bilbao, así lo señalan. La mayor parte habían accedido a la BPS al final de la guerra, con la desmovilización del SIPM. Aquellos, como Tomás Ramos O'Ryan, que ya eran policías con anterioridad a la guerra, alcanzaron primero a dichas jefaturas. Había entrado en el cuerpo de Investigación Social por oposición en 1931. Pasó la guerra en Madrid, donde trabajó para la Quinta Columna. Terminada la guerra se incorporó a la ingente tarea represiva en la capital, con mando intermedio en la coordinación de las labores policiales y judiciales de los dos grandes instrumentos creados para ello: la Causa General y la Auditoría de Guerra de Madrid. Se jubiló en 1955, con la Medalla al Mérito Policial.

Fue sucedido por Saturnino Yagüe, quien también había entrado en el Cuerpo de Investigación en el momento de su creación en 1931 y llegó a ser Comisario Principal en 1969. Camisa Vieja de Barcelona, fue trasladado a Madrid para la misma tarea que O'Ryan, por la que recibió la medalla de Plata al mérito Policial en 1961. Una vez terminada la lucha contra la subversión "derivada del 18 de julio", fue uno de los máximos encargados de desarticular la nueva oposición al Régimen. En 1963 detuvo a los jóvenes Delgado y Granados, los anarquistas acusados de realizar el atentado contra la comisaria de pasaportes que fueron rápidamente ejecutados por garrote. Recibió la Cruz al mérito policial con distintivo rojo y su carrera despegó definitivamente. En 1965 fue nombrado Comisario Jefe de la Brigada Regional de Investigación Social de Madrid, en 1969 ascendió a Comisario Principal, y en 1972 recibió la Encomienda de la Orden del Mérito Civil. Especializado en la desarticulación de las organizaciones comunistas, contaba en su haber con la detención de la plana mayor de Comisiones Obreras en 1972, por la que recibió una recompensa de 4000 pesetas; también logró la detención de la Liga Comunista Revolucionaria, el cinco de noviembre de 1973 (15.000 pesetas) y la desarticulación de la Joven Guardia Roja en Madrid, el 31 de enero de 1975.

A sus órdenes estuvo Roberto Conesa Escudero que llegó a Comisario General de Información y a Jefe Superior de Policía de Valencia en 1977, que fue el instructor de Billy el Niño. Vicente Juan Creix, estuvo, junto con su hermano Antonio, al frente de la BPS de Barcelona prácticamente toda la dictadura. Ingresó en el Cuerpo General de Policía en 1941 como agente de segunda clase destinado a Bilbao, pero al año siguiente ya estaba de vuelta en Barcelona, dedicado a exterminar la guerrilla y el paso de huidos por la frontera. En 1962 fue felicitado y recibió un premio de 5000 pesetas por sofocar y detener a los instigadores de los disturbios y la huelga de solidaridad con los mineros de Asturias. Azote del PSUC, rama del PCE en Cataluña, cuyas ejecutivas desarticuló en 1955, 1962, 1967 y 1968, al igual que de las comisiones obreras, y los "separatistas" catalanas, fue nombrado jefe de la BPS de Barcelona en 1969. Al año siguiente recibió la felicitación pública con motivo de las negociaciones de los convenios colectivos, y a partir de 1970 se especializó en la universidad; su carrera terminó en septiembre de 1972, tras ser acusado de apropiación de fondos, y trasladado como jefe de la Brigada Regional de Pasaportes y Fronteras. El cinco de abril de 1975 fue nombrado Comisario Principal y se jubiló.

Jose Sainz, jefe de policía de Bilbao, fue el primer miembro de la BPS en ser Director General de Seguridad, en junio de 1977 y más tarde Director General de la Policía hasta 1980. Su máximo responsable, el Ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa, reconoció la dificultad para cambiar los métodos de los jefes y oficiales de la policía. El ministro lo achacaba a que la mayoría procedía del Ejército y estaban muy identificados con el régimen de Franco, en especial, los destinados en la Inspección General de Madrid. “Yo me daba cuenta de las lógicas insuficiencias y de los lógicos fallos de la Policía y la Guardia Civil, pero el Estado los necesitaba si quería sobrevivir, y era injusto, radicalmente injusto, política y moralmente, que un proceso político como el que nosotros conducíamos permitiera la más mínima depuración”.

Historiador e investigador en historia social. Sus líneas de investigación principales son la Guerra Civil española y la dictadura franquista, así como las relaciones entre historia y memoria. Autor de varias monografías, artículos y proyectos de investigación es Profesor Titular del Departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la UCM.