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Paréntesis de vida


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)

«¿Qué está peor, entonces? Después de mucho exprimirme el cerebro llegué al convencimiento de que lo que está peor es la resignación. Los rebeldes han pasado a ser semirrebeldes, los semirrebeldes a resignados»

La tregua, 1959, Mario Benedetti

Qué gran reflexión. La escribió un autor tan prolífico como viajero comprometido, numerosas veces premiado por entidades de todo tipo y condición, que nació y murió en su país natal, Uruguay, cerrando así un círculo de compromiso social y literario que la acompañó activamente durante sus 88 años de existencia.

La tregua va de muchas cosas: del amor entre personas de edades muy diferentes, del egoísmo de unos hijos adultos que no lo aceptan, de la homosexualidad escondida, de la terrible hora del ocio obligatorio, de la pérdida de la compañera de vida y, sobre todo, de las treguas que da la vida. El amor y el tiempo son los paréntesis que permiten discernir entre lo verdaderamente importante cuando se trata de la felicidad, aunque esta sea algo prestado y con fecha de caducidad. El estado de gracia en suspensión.

Escrita en forma de diario y diálogo interno por su propio protagonista, Martín Santomé, son las reflexiones de un hombre de 49 años «a punto de jubilarse» (qué suerte tienen algunos) y se centra en sus reflexiones escritas en el corto periodo de apenas un año para relatar, a la manera lírica y sensible del autor, el auge y caída de una nueva primavera en el corazón. Martín ha postergado por largo tiempo sus sueños y ahora solo le rodea la rutina y el estorbo. Está aprendiendo a resignarse cuando se ilumina su presente bajo la forma de una compañera de trabajo, Laura, de 24 años. Y contra todo pronóstico, se enamoran profundamente. El resultado es la dicha, un estado que se expande en sus relaciones filiales y que le reconcilia con su pasado, incluso con su esposa muerta, y le da su lugar; entiende, de la mano de Laura, que la felicidad no es un estado perpetuo de arrobo, sino la conciencia misma de serlo, la tangibilidad en los actos menores cotidianos, el agradecer la vida por la vida.

Pero la vida pasa, y solo somos conscientes de ello cuando las treguas que nos regala es lo que nos permite, precisamente, reconocerlas y festejar esos momentos en los que nos ponemos el mundo por montera y vivimos para nosotros mismos, para sentir ese bienestar interior que es el sinónimo palpable de la felicidad abstracta.

¿Cuánto durará? A todos nos gustaría que fuera eterna. Nunca lo es, y además su grado dependerá de si la ponemos en nosotros o en manos de terceras personas, en cuyo caso, cuando estas falten, ya nada nos conmoverá hasta la raíz, y volverá la rutina y la existencia anodina del día a día, como cuando un rayo nocturno alumbra el espacio y desaparece devolviéndonos a la negrura.

Se acabó la tregua, se va la felicidad, pero nunca las ganas de volver a sentirla, porque el simple paladeo de su recuerdo sentido es el acicate para seguirla. De eso estamos hechos los seres humanos, de estallidos de consciencia y arrobo.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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