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El relato soñado y el juego de espejos


(Tiempo de lectura: 2 - 3 minutos)
Fotografía de Arthur Schnitzler, tomada en 1912. / Wikipedia. Fotografía de Arthur Schnitzler, tomada en 1912. / Wikipedia.

«Solo ahora […] volvieron a cobrar realidad las sombras del baile de disfraces, del melancólico desconocido y de los dominós rojos; y aquellos acontecimientos insignificantes se bañaron de pronto, mágica y dolorosamente, en el resplandor engañoso de las ocasiones perdidas»

Relato soñado, 1926, Artur Schnitzler

Otra obra de arte de la literatura, en el difícil género de la novela corta, de un autor polivalente, cuyo protagonista, Fridolin, médico como él, ahonda en las perversiones humanas y sobre todo en el poder de la mente para crear escenarios de horror o de ventura. Así, cuando su mujer le confiesa haber tenido sueños eróticos que implicarían una infidelidad teórica con otros hombres, la mente racional de este pequeño burgués se dispara y empieza a vivir experiencias a caballo entre la realidad y la ficción. El escenario es un terreno resbaladizo falto de cimientos sólidos, espejo de la ambigüedad de la clase media acomodada vienesa, y de sus valores sociales en la aún edad dorada del primer cuarto del siglo XX, todos ellos puestos patas arriba por la pluma magistralmente introspectiva y freudiana del autor.

Relato soñado avanza por un trazado sicológico de una Europa que está viendo como sus años felices van difuminándose entre trompetas que avanzan vientos de tormentas, en la que el hombre burgués va perdiéndose por nebulosas sin alcanzar a ver la orilla… y así pasa de su correcta y anodina vida familiar a un submundo creado por sus propios temores y deseos. Sobre todo, deseos. Inconfesables. Tentadores. Prohibitivos. El subconsciente al poder, como única válvula de escape de esa olla a presión en la que se había convertido la época, y por eso no extraña (cómo podría) que todo suceda durante el único momento en que las puertas de la carne se abren con licencia para todo: los carnavales, los días en los que las máscaras y la ocultación tienen patente de corso para el libertinaje.

Ahí es cuando Schnitzler disecciona, con precisión de bisturí, las pulsiones que atenazan al matrimonio, primero por separado: ella vive envuelta en sueños y él en realidades contrastadas y superpuestas en círculo; porque si bien Albertine se vuelve al sueño o lo soñado, a él la imaginación lo atenaza y le abre en canal como si le hubieran sajado las carnes en la sala de operaciones; luego, se unirán por el deseo común de que no se les obligue a mirar sus vidas por dentro y a mantener el lazo familiar, lo único que los ata a la realidad.

Y cómo no recordar una de las adaptaciones más conocidas para el cine, Eyes wide shut, de Kubrik, aunque hubo más intentos de captar el espíritu de un mundo de insinuaciones traducidas a imágenes explicitas para el espectador.

Pero no podría terminar esta fantasía sin mencionar que, cómo no, los libros de este genio judío austriaco fueron quemados por los nazis en 1933, considerados un ejemplo de la decadencia y corrupción moral burguesas propias de su raza. Es una historia triste pero que sirve para que abramos los ojos y alguien, un día, filme otra película que se llame Eye wide open.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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