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EL PERIÓDICO
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La vida es sueño, el gran teatro del mundo y el coronavirus


«Porque si ha sido soñado

lo que vi palpable y cierto,

lo que veo será incierto;

y no es mucho que, rendido,

pues veo estando dormido,

que sueñe estando despierto»

La vida es sueño, 1635, Pedro Calderón de la Barca

O el origen ilegítimo de un virus que provoca más estragos que el abandono por falta de pedigrí en esta historia de enredos, engaños, verdades a medias, desengaños, enseñanzas y filosofía del poder, de la gran metáfora del mundo como escenario teatral y del espectador, del sujeto angustiado que ve como se representan las escenas de una vida que no parece controlar. O de una tragedia ética que casi siempre acaba en tragedia política.

El tema del libre albedrío, el estoicismo y la visión barroca de la vida como un (mal) sueño, son herencias universales que vienen muy a cuento en estos tiempos en los que nos diluimos en números de serie. Se trata de la tragedia del destino, del cumplimiento de la predestinación. Has venido para hacer esto y que pase aquello; si no lo haces, entonces… serás apartado, borrado del libro de los vivos y consumidores vips; serás acusado de ser un jesuita que apuesta por la libre voluntad e irás directamente al paredón. La lucha entre el hombre y el cosmos, o lo establecido y ordenado por el Estado frente a la voluntad del individuo. ¿Tenemos derecho a especular con el coronavirus? ¿O la ciencia es ̶ debe ser ̶ la única opción frente a todos los Segismundos que, mal que nos pese, no dejan de ser seres que piensan con conciencia, no por aparente puro instinto? ¿Seguimos en la caverna de Platón?

No lo sé, pero lo que no quisiera perder es el derecho a reconocer la realidad a través del pensar de la conciencia. Estamos, sí, en un gran teatro donde las escenas se suceden y multiplican con una rapidez pasmosa, impidiéndonos reflexionar en la calma de la imagen porque desaparece con furiosas bajadas de telón. Y no tenemos un mando a distancia que congele la imagen. No hay tiempo para la reflexión, se impone la acción. Pero cuidado, si no nos paramos y miramos bien lo que en el escenario se representa, si no prestamos atención a lo que entre bambalinas se cuece, vamos a tener un serio problema «porque en batallas tales / los que vencen son leales / los vencidos, los traidores».

Necesitamos héroes incómodos, viscerales, filósofos, librepensadores y respondones. Reivindiquemos a Segismundo. Escucha su monólogo, que es para enmarcar. Soy su fan número uno. Me dan ganas de sacar una pancarta de esas de las de ahora donde ponga en letras enormes: «Todos somos Segismundo, #segismundometoo» y que salga el sol por esos montes por los que amanecer no era poco.

Sin perder más el tiempo, que la vida es sueño y los sueños, sueños son.

Licenciada en Filología Hispánica (1984-89) y en Filología Alemana (2001-04) por la universidad de Salamanca, con diplomaturas en italiano y portugués. Vivió 10 años en Alemania, donde dio clases en la VHS (universidad popular) de Gütersloh, Renania del Norte-Westfalia, desde 1993 a 2000.

Posteriormente, ya en España, decide dedicarse a la traducción y corrección de libros y textos de diversa índole, labor que sigue ocupando a día de hoy.

Es miembro de la AEPE (Asociación Europea de Profesores de Español), de ASETRAD (Asociación Española de Traductores e Intérpretes) y otras entidades relacionadas con la traducción.

Asimismo, colabora como traductora honoraria para diversas ONG.

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