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Mulan y el Cid: servidores que conquistaron tiranos


Determinados protagonistas de la historia literaria y del acervo de transmisión cultural de las sociedades, han traído persistentemente una visión excelsa del héroe como figura patricia, noble. En un deseo de regenerar y cambiar la sociedad, la literatura oral ha demostrado la incipiente tradición y desempeño en esa tradición canónica de la historia, uniéndose a la idea de que alguien de aquellas leyendas pueden protagonizar un mundo creativo dramático, encabezado por necesidad: es la figura del héroe.

Pero en el transcurso de la historia, comprobamos cómo de una u otra manera el hombre ha necesitado siempre de los héroes para tenerlos como crónica necesaria, un anhelo de exaltación de lo imposible. En todas las épocas literarias han existido con el mismo patrón, aunque en diferente estructuración en cuanto al género. Pero poco importa la forma que se otorgue a dicho patrón: un luchador sale de casa en busca de aventuras, de una noble idea que cambiará la historia ¿Qué es un héroe? ¿Lo son en la verdad histórica o lo son en el mundo de ficción?¿Necesita la sociedad de líderes que se erijan en redentores?1.

Podemos considerar el héroe como un individuo que posee unas características personales que lo separan y definen del resto de los hombres, destacando la fuerza de voluntad y una profunda fe y convicción en los ideales que lo mueven -según las teorías del héroe en la novela-. ¿Por qué surgió El Cid? Porque su figura ha sido necesaria a través de toda la historia de la literatura, según Sidney Hook y Joseph Campbell2, como representaciones e fetiches que son capaces de combatir sus limitaciones personales e históricas para transformarlas en formas válidas y humanas. Rodrigo Díaz de Vivar, el Campeador, como prototipo de héroe tendrá, al igual que otros “superhombres” sobre todo novelescos, que solventar las pruebas a las que será sometido para conseguir la meta o status que desea conseguir. Un villano (ciudadano de una villa en su sentido contextual) conquistará las clases altas. Es así como se convertirá en una especie de redentor o salvador de la sociedad en que vive, y sobretodo un inestimable elemento utilísimo a través del cual el grupo, en este caso la sociedad clase baja, lumpen, puede adquirir todo lo ya perdido, y quizás nunca encontrado. Esta es la redención que el Cid propone, un cambio en la sociedad donde un personaje del pueblo lucha por su rey, por un tirano, convirtiéndose en noble, tuvo su propio señorío en Valencia. Dichas sergas levantaban la moral de los desgraciados, agitaba el nacionalismo hacia la consolidación del concepto de patriotismo, honor patrio, orgullo de nación por sus hombres. Increíble hecho en un tiempo como aquel gestado.

Mulan, una de las figuras que más conmueve y gusta a los jóvenes hoy, no sólo en su versión Disney, también en la última cinta dirigida por Niki Caro, simboliza la misma progresión lineal de un individuo, personaje fruto de la transmisión ancestral popular y oral de las leyendas más antiguas, como la que representó el Campeador. La determinación de la protagonista de la obra, Mulan, como eje central de una novela, una narración, sería exactamente el núcleo de donde brota la peripecia y las aventuras, cuando nuevos personajes entrarán en su núcleo para compartir, atestiguar o compartir sus hazañas. Pero Mulan, no es una novela, tampoco lo es El Cid, que es un cantar de gesta. En ambas el autor inventa nuevas apariciones de personajes –en ocasiones con cierto grado de exaltación ficticia de los hechos- que corroboran y ensalzan su calidad de héroe, aunque con toda probabilidad, se alejen de una sinceridad histórica, de lo que en realidad sucedió. Eso poco importa. Es la necesidad de que existan lo que impone dicha existencia.

Por ello la figura del héroe por definición, pertenece al campo de la novelística narrativa donde sí podemos hablar de la naturaleza del héroe, en cuanto a la narración (tema/rema, hiperremas) en cuanto al desarrollo de los acontecimientos: las gestas. Los autores –desconocidos de ambas obras- utilizaron en cierto modo una metodología técnica interna, más propia de la novela que de otro género, por tratar la peripecia junto a nuevos personajes que potencian al protagonista. Mulan representa la rebeldía y el poder femenino frente a las claves sociales de la sociedad oriental donde le toca vivir. Un hecho insólito no por ello menos increíble. Sus leyes son imposibles de cambiar, instaladas por un tirano a una sociedad que no deja opción en el cambio de su escala social. La heroína sale de su núcleo hacia un nuevo mundo, nuevos personajes, que van a acompañar su peripecia y por tanto la realización de sus fines dramáticos. Luego la semidiosa una vez demostrado su potencial vuelve al redil, pero su peripecia es necesaria para el individuo asiático y en especial para las mujeres: se puede soñar con un mundo diferente donde la mujer puede ser guerrera.

Solo a partir de la salida de su hogar, como el Cid, como el Quijote, como Lazarillo y tantos otros, será cuando surge la historia. Ahí encontramos el verdadero sentido, la búsqueda de aventura. Como en un símil con la vida real. Estructura profunda y superficial están en íntima unión para resaltar el valor humano de la criatura, entidad creada y glosada más allá de su espectro natural. Siguiendo las palabras del profesor Cándido Pérez Gallego3, de su estudio Morfonovelística (Hacia una sociología del hecho novelístico), en un determinado tiempo literario, el héroe, en este caso también, heroína, debe progresar y avanzar en el plano ficticio superando una serie de etapas establecidas hasta llegar a conseguir o alcanzar su objetivo. Ellos superan una suerte de dificultades, de obstáculos. Apoyando las ideas de Northorop Frye, ideas que también defiende Ángeles Encinar en su tesis doctoral4, añade la importancia de que la figura del héroe ha de tener ciertos elementos "sobrenaturales", es alguien que no vive en la normalidad. El héroe es un ser que "se debate y lucha por él mismo y por el bien de su sociedad como meta final", pero con la condición taumatúrgica del mito, porque si no es así, sería el antihéroe. La aventura de las leyendas tradicionales representa la creatividad de la vida, el poder hacer, el poder ser otro y esa es justamente la capacidad de la persona en la sociedad: poder soñar y que esos sueños se conviertan en realidad.

1Esta es una de las conclusiones a las que llega, Sidney Hook en sus estudios sobre el papel del héroe en la Historia.

2Remito a los estudios sobre el héroe en la literatura de Hook y Campbell como referencia para entender la importancia social del héroe, como una necesidad que la sociedad impone. Joseph Campbell, The Hero with a Thousand Faces, New York, Princeton University Press, 1949. Sidney Hook , The Hero in History. A Study in Limitation and Possibility, New Yorck, The Jhon Day Company, 1943.

3Cándido Pérez Gallego, Morfonovelística (Hacia una sociología del hecho novelístico), Madrid, Fundamentos, 1973. Verificando mis palabras, en la página 57 escribe el autor: "Lo que importa es que el conjunto de totalidad de ese diagrama del héroe pasando medios, atravesando franjas y liberándose de obstáculos, sea una representación en la que se puedan encontrar siempre estos cuatro nexos: oposición, reiteración, dispersión y conversión".

4Ángeles Encinar, La desaparición del héroe: una tendencia de la novela actual, Mayo 1988, Saint Louis University, Missouri.. A dissertation presented to the Graduate School of Arts and Sciences of Washington University in partial fulfillmet of the requirements for the degree of Doctor of Philosophy.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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