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Breve semblanza de los Magos


"Adoración de los Magos", pintado por Andrea Mantegna. / Dominio público. "Adoración de los Magos", pintado por Andrea Mantegna. / Dominio público.

Muchas veces nos hemos preguntado con respecto al Nacimiento y el sentido de estas fiestas: ¿quiénes serían esos tres hombres con ropajes exóticos portando regalos para el niño Jesús? Por supuesto, sabemos que representan a los Magos de oriente, pero, ¿quiénes eran ellos? ¿Por qué fueron a visitar a Jesús, y por qué le llevaron aquellos regalos tan peculiares?

La creencia de que los Magos eran reyes tiene su origen en pasajes del Antiguo Testamento en los que se predice que habría reyes que visitarían al Señor. En Isaías 49:7, dice: “Verán reyes, y se levantarán…”; y en Isaías 60:10 se registra esto: “…y sus reyes te servirán” (véase también Salmos 72:10).

El relato del nacimiento del Salvador que se menciona en las Escrituras revela muy poco sobre los Magos (véase Mateo 2), pero debido a que su visita fue un hecho tan importante, a través de los siglos los eruditos han tratado de hallar información sobre sus antecedentes y sobre el propósito que tenían al visitar al niño Jesús. A pesar de que algunos detalles han surgido por medio de esas investigaciones, puede ser que mucho de lo que el mundo cristiano ha creído tradicionalmente sobre los Reyes Magos esté basado más en mitos y especulaciones que en la historia. La tradición relata que fueron tres los hombres que visitaron al niño Jesús, una creencia que proviene del hecho de que fueron tres los regalos que le dieron: oro, incienso y mirra; según se supone, cada uno de los hombres portaba un regalo. Sin embargo, algunos eruditos piensan que los Magos podrían haber sido más, quizás hasta doce Tvedtnes (1998). En Bible Dictionary, “Magi”, (pág. 728) podemos leer que puesto que los Magos eran fundamentalmente testigos de que el Salvador había nacido, tendría que haber habido por lo menos dos o tres1.

Los estudiosos han encontrado otros registros que se refieren a los Magos con el título de reyes. Los escritos de Marco Polo, del siglo XIII, contienen una mención proveniente del pueblo persa de Saba sobre tres reyes que llevaron consigo oro, incienso y mirra en una larga jornada para visitar a un profeta recién nacido. De acuerdo con el registro de Marco Polo, los nombres de estos hombres eran Gaspar, Melchor y Baltasar, nombres por los que se conoce a los Reyes Magos en la actualidad Tvedtnes (1981)2.

La palabra Magos, que se usa en la Biblia y que se tradujo del griego magoi, tiene en realidad origen persa y se refiere a sacerdotes de la antigua religión de Persia; debido a ese empleo del vocablo Magos, algunos eruditos piensan que los Reyes Magos posiblemente hayan sido sacerdotes de una secta religiosa persa. No obstante, también se ha podido escribir sobre el hecho de que fueron verdaderos profetas, personas íntegras como Simeón, Ana y los pastores, a quienes Dios reveló que el Mesías prometido había nacido entre los hombres.

Y la cuestión es: ¿Eran los Reyes Magos del Oriente, como dice en Mateo, o sea, del Este? Hay también una canción navideña en inglés que dice: “Somos los tres reyes del Oriente”. Cualquier lugar que estuviera al este de Palestina se clasificaba exóticamente de “Oriente”3. La forma de referirse al Este con esa palabra, en Mateo, podría simplemente indicar que nadie sabía con seguridad de dónde habían venido los reyes4. Algunos eruditos citan el pasaje de Salmos 72:10 como evidencia de que los hombres provenían de regiones de lo que en el presente son España, Etiopía y Arabia Saudita: “Los reyes de Tarsis y de las costas traerán presentes; los reyes de Sabá y de Seba ofrecerán dones”. Otros creen que los Reyes Magos eran de Persia (actualmente Irán) y que hasta podrían haber sido judíos, puesto que en aquella época muchas personas de ascendencia judía vivían en esa región5.

Vemos que las representaciones artísticas de la Natividad por lo general muestran a los Reyes Magos adorando a un recién nacido, como si su visita hubiera tenido lugar inmediatamente después del nacimiento del Salvador. Sin embargo, las Escrituras revelan que ellos no se hicieron presentes en el establo cuando nació Jesús, ni mucho menos, ni en ningún otro momento de su más tierna infancia, sino que visitaron al niño Jesús que estaba con su madre, María más adelante como una cuestión lógica: “Y cuando entraron en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y… le ofrecieron presentes: oro, e incienso y mirra” (Mateo 2:11). Y entonces ¿Por qué le llevaron los Magos presentes tan extraños a Jesús? La mayoría de los estudiosos concuerdan en que los regalos eran simbólicos: El oro simbolizaba la majestad de Jesús, el incienso Su divinidad, y la mirra Su sufrimiento y muerte, puesto que era una sustancia que se utilizaba para perfumar los cuerpos de los muertos antes de sepultarlos6. En el “Bible Dictionary” [Diccionario Bíblico, en inglés] se hace un claro resumen las creencias de los cristianos con respecto a los Magos: “Eran hombres de rectitud que fueron enviados con el mandato de ser testigos de la presencia del Hijo de Dios en la tierra… Lo más probable es que fueran representantes de una rama del pueblo del Señor, residentes de algún lugar al este de Palestina que, guiados por el Espíritu, hayan ido a contemplar al Hijo de Dios para regresar luego a su pueblo y testificar que el rey Emanuel de cierto había nacido en la carne”7.

Cuando Herodes envió a los Magos a Belén, les dijo: “…cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore” (Mateo 2:8). No obstante, de acuerdo con la narración de Mateo, ellos “fueron avisados por revelación, en sueños, que no volviesen a Herodes”; por lo tanto, después de visitar al niño Jesús, los Magos evitaron volver al rey y “regresaron a su tierra por otro camino” (Mateo 2:12). Ellos tenían, manejaban poderes sobrenaturales, eran astrónomos entre otras cosas y controlaban a la perfección la doctrina del Antiguo Testamento donde se profetizaba la llegada del profeta, rey, que cambiaría la historia y la doctrina. A partir del nacimiento y predicación del nazareno, la doctrina mosaica quedó atrás y comenzó una nueva era. Herodes se quedó furioso, no sólo porque los Magos no le habían hecho caso, sino también porque, según parecía, en Belén había un niño que un día llegaría a gobernar la nación. Después, diversas manipulaciones doctrinales así como ocultación y desaparición de testimonios clave, dieron al traste con la veracidad del legado y misión de Cristo. El acontecimiento ha llegado a nuestros días como ya vemos, pero, quizás ya, algo descafeinado y perdido en su sentido tradicional. En fin, todo pasa.

1véase Deuteronomio 19:15; 2 Corintios 13:1

2“I Have a Question”, [“Tengo una pregunta”] Ensign, octubre de 1981, págs. 25–26.

3John Henry Hopkins, hijo, “We Three Kings of Orient Are” [“Somos los tres reyes del Oriente”], 1857.

4Raymond E. Brown, The Birth of the Messiah [“El nacimiento del Mesías”], 1977, pág. 168.

5John A. Tvedtnes, Ensign, octubre de 1981, pág. 25.

6John A. Tvedtnes, Ensign, octubre de 1981, pág. 25.

7”Bible Dictionary”, “Magi”, págs. 727–728.

Doctora en filosofía y letras, Máster en Profesorado secundaria, Máster ELE, Doctorando en Ciencias de la Religión, Grado en Psicología, Máster en Neurociencia. Es autora de numerosos artículos para diferentes medios con más de cincuenta publicaciones sobre Galdós y trece poemarios. Es profesora en varias universidades y participa en cursos, debates y conferencias.

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